El Rabí Shmuel bar Najmani dijo en nombre del Rabí Yonatan: El nombre Betzalel indica su sabiduría, porque cuando Dios le ordenó a Moshé que le dijera a Betzalel que hiciera el Mishkán (tabernáculo), el Arca y los otros utensilios, Moshé invirtió el orden y le dijo, “Haz el Arca y los utensilios y el Mishkán”.

Entonces Betzalel le dijo, “Moshé, la forma normal de hacer esto es construir una casa y luego introducir sus utensilios, pero tú me dijiste que hiciera primero los utensilios y luego el Mishkán. ¿Dónde voy a poner los utensilios que haga? Tal vez, Dios te dijo que construya primero el Mishkán y luego el Arca y los utensilios”.

Moshé respondió, “Te llamas Betzalel – (literalmente) en la sombra de Dios, porque sabías precisamente cómo interpretar las palabras de Dios tal como si estuvieras en su sombra” (Talmud – Brajot 55a).

Para entender esta difícil sección del Talmud se requiere apreciar el Mishkán y sus utensilios. Y eso a su vez, depende del entendimiento de la relación entre nuestros cuerpos y nuestras almas.

Vivimos en un mundo físico y nuestra alma está confinada a un cuerpo físico. Por esta razón, dice el Sefer Hajinuj, lo que experimentamos físicamente deja una impresión fuerte en nosotros y a su vez, eso motiva nuestros corazones y nuestras almas. Por eso, a modo de ejemplo, las cenas festivas de Iom Tov están hechas para sacar la alegría espiritual de nuestras almas. La realización de las acciones asociadas con alegría y no la contemplación mental de la felicidad, genera ese estado emocional.

Las acciones externas adecuadas son, de acuerdo al Sefer Hajinuj, los medios a través de los cuales uno alcanza la intención apropiada. Por esta razón, uno debe ocuparse del estudio de la Torá – incluso si no es por un interés en la Torá misma – porque ese estudio va a llevarlo eventualmente a estudiar por ese motivo.

Similarmente el majestuoso e impresionante Mishkán era un ambiente físico que ejercía el efecto más profundo en todos los que lo contemplaban. La impresión física que creaba se transformaba en un poderoso sentimiento interno.

Las acciones físicas tienen otro propósito además de despertar el apego interno apropiado a Dios. Nuestra misión en este mundo es poner nuestro ser espiritual en control de nuestro ser físico. Cuando actuamos en conformidad con nuestras percepciones espirituales profundas, estamos realizando nuestro potencial interno. Najmánides explica (Génesis 22:1) que la esencia de las pruebas a las que Dios somete a los tzadikim es que les permite conocer su potencial espiritual en acción. Las acciones que se realizan con la intención apropiada infunden todos los aspectos del mundo con un poder espiritual.

Los Sabios derivan del mandamiento de cubrir con oro el Arca por ambos lados, el interior y el exterior, que un estudioso de la Torá debe ser igual por dentro que por fuera (tojó kebaró), aparentemente implicando que su estado interno debe estar en conformidad con su estado externo.

Si examinamos el mandamiento de cubrir con oro el Arca, nos damos cuenta de algo interesante. Hay un primer mandamiento general de cubrir con oro el Arca: “Deberás cubrirla de oro puro” (Éxodo 25:11). Luego la Torá especifica, “por dentro y por fuera deberás cubrirla”. El primer mandamiento general se relaciona con lo externo del Arca, lo físico que genera las emociones internas. Luego, después de mencionar la cubierta interna, la Torá menciona nuevamente la cubierta externa. Esto simboliza la expresión externa que debe realizarse para despertar la intención interna perfeccionada, la materialización del potencial interno.

Esta misma relación dinámica entre la acción externa y la intención interna está simbolizada por el Mishkán mismo. Antes del pecado del Becerro de Oro, el Mishkán no era necesario para que la Presencia Divina estuviera sobre el pueblo judío (ver Sforno a Éxodo 20:21): “… en todos los lugares donde Yo registre mi nombre, vendré a ustedes y los bendeciré” (Éxodo 20:21). Con el pecado del Becerro de Oro, sin embargo, el pueblo demostró que ellos necesitaban una entidad física sobre la cual enfocar su atención para poder experimentar la Presencia Divina. El Mishkán servía para cubrir esta necesidad y por eso sólo ahí podía sentirse la Presencia Divina en su total intensidad.

El comentario Meshej Jojmá recalca que en la parashá Ki Tisá la discusión de Shabat sigue a la discusión del Mishkán. En la parashá Vaiakel, el orden se invierte. Shabat fortalece nuestra creencia en Dios como el Creador del Universo. Tal como se concebía originalmente antes del pecado del Becerro de Oro, el Mishkán era para dar una expresión externa a esa creencia en Dios. Pero no era necesario para generar esa creencia, ya que la Presencia Divina yacía en cada judío sin importar donde estuviera. Dado que el Mishkán era sólo para intensificar nuestra creencia, de la misma manera que lo hace Shabat, no habría existido en ese momento ningún conflicto entre las actividades del Mishkán y las de Shabat. Por eso, en la parashá Ki Tisá, antes del pecado, el Mishkán precede a Shabat.

Después del pecado del Becerro de Oro, sin embargo, el Mishkán se necesitaba para que la Presencia Divina reposara sobre el pueblo judío. La construcción del Mishkán ya no era una expresión del servicio divino, sino una condición previa para ese servicio. Como tal, las actividades del Mishkán y los trabajos de construcción asociados ya no podían permitirse en Shabat. A esto se alude en el hecho de que en la parashá Vaiakel, luego del pecado del Becerro de Oro, la discusión de Shabat precede a la del Mishkán, de lo que aprendemos que las actividades del Mishkán están prohibidas en Shabat.

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Ahora podemos responder la famosa pregunta: Si el Mishkán era una expiación por el pecado del Becerro de Oro, ¿por qué el mandamiento de construir el Mishkán en la parashá Trumá precede al pecado del Becerro de Oro en la parashá Ki Tisá? La respuesta es que el Mishkán tenía dos propósitos. El primero – la actualización de los esfuerzos espirituales del pueblo judío – precedía al pecado del Becerro de Oro. Sólo el segundo propósito – la creación de un lugar de residencia para la Presencia Divina – siguió al pecado del Becerro de Oro.

A Moshé se le habló por primera vez acerca del Mishkán antes del pecado del Becerro de Oro. En ese momento, la estructura del Mishkán era de importancia secundaria y los utensilios a través de los cuales el hombre actualizaba sus sentimientos por Dios eran el aspecto principal del Mishkán. Por eso, Moshé mencionó los utensilios primero. Los judíos estaban en ese momento muy por sobre el orden natural del mundo en el cual “la casa precede a los utensilios”. Ellos no necesitaban una estructura majestuosa para albergar la santidad de la Presencia Divina.

Betzalel, sin embargo, recibió el mandamiento de construir el Mishkán después del pecado del Becerro de Oro. Él se dio cuenta que la intención de Dios ahora, era crear un ambiente que inspirara los sentimientos espirituales internos que se materializarían a través de los utensilios. Betzalel entendió lo que Moshé no entendió – que el mandamiento original de Dios era específico en su orden porque Dios sabía que el pueblo judío pecaría y requeriría el Mishkán para experimentar Su Presencia.

La palabra “Mishkán” se repite en el comienzo de la parashá Pekudei: “Estas son las cuentas del Mishkán, el Mishkán del Testimonio”. El propósito original del Mishkán (con el artículo definido) era permitirle al pueblo judío expresar y actualizar sus emociones internas y creencias. Después del pecado, el Mishkán se convirtió en el “Mishkán del Testimonio”, el lugar donde se sentiría la Presencia Divina.

Hay aquí un importante mensaje para nosotros. No debemos sentirnos hipócritas si hacemos las mitzvot sin las intenciones más puras que sabemos que deben acompañar esas actividades. Mientras aspiremos alcanzar esas intenciones, nuestras acciones nos llevarán a esa meta. Además, debemos recordar que incluso en las alturas de la inspiración espiritual, no debemos minimizar la importancia de la observancia meticulosa de las mitzvot físicas, porque ellas son la verdadera culminación de esos sentimientos espirituales. Sin ellas, el potencial no se materializa.