Cuando Moshé le suplicó a Dios que nombrara un líder para que lo sucediera, Dios respondió: “Antes de que me ordenes algo en relación a mis hijos, dale ordenes a mis hijos en relación a Mi”. Moshé procedió entonces a ordenar al pueblo judío lo relacionado con las leyes de los sacrificios diarios y festivos.

Para entender este Midrash (Yalkut Shimoni – Bamidbar 228), primero debemos entender la función de un líder de Torá. Cuando el pueblo judío temió que Moshé no retornaría del Monte Sinaí, ellos le imploraron a Aarón que les fabricara un líder que anduviera delante de ellos. Ellos veían a un líder como alguien que va “delante”, logrando lo que sus seguidores no pueden lograr por sí mismos. Por eso, cuando Moshé se retrasó, ellos se sintieron indefensos y con la necesidad de un nuevo intermediario.

Pero cuando Moshé le pidió a Dios que eligiera un líder para remplazarlo a él, él describió al líder como “un líder que vaya delante de ellos, que los lleve hacia adelante y los lidere”. El líder no sólo debía caminar “delante” del pueblo; sino que debía estar en contacto constante con ellos. Él los ayudaría a avanzar hacia adelante y serviría como un modelo a seguir, como un guía y como un maestro, pero el avance real lo tenían que hacer ellos mismos.

El Talmud (Baba Batra 116a) nos enseña que cuando un miembro de la familia está enfermo uno debe ir donde un sabio y pedirle misericordia. Meiri explica que del sabio uno aprende la forma de rezar, para que después uno mismo pueda pedir por misericordia por su pariente enfermo. Lo ideal no es que el sabio rece en lugar de uno sino que uno aprenda del sabio cómo rezar.

Dado que Yehoshua era el seguidor más devoto de Moshé, él fue elegido como su sucesor. Yehoshua fue completamente subordinado a Moshé, nunca se alejó de su tienda. El Talmud nos cuenta: “La cara de Moshé era como el sol, la de Yehoshua como la luna. Qué vergüenza y qué deshonra”. Yehoshua reflejaba fielmente la luz de Moshé, tal como la luna refleja al sol, y por eso deshonraba a todos los que no la hacían. Yehoshua demostró que había entendido que un líder judío no actúa en vez de su pueblo, sino que les provee un modelo a seguir. Dado que él entendió esto más claramente que cualquiera de sus contemporáneos, él fue elegido para suceder a Moshé.

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Causa Común

El líder judío tiene otra función crucial: unir al pueblo en torno a una causa común. Koraj afirmó que si toda la congregación era santa, entonces no había necesidad de tener un líder que los gobernara. Él desafió a Moshé con el sermón del Talit de color tejelet (azul), argumentando que no necesitaba tzizit de color tejelet. Él afirmó que si una persona está totalmente desarrollada éticamente, a tal punto que sus ropas, su carácter y su honor están representados por el tejelet del trono de Dios, entonces los tzizit, que son un recordatorio de las mitzvot, son superfluos. Igualmente un líder, cuyo propósito es persuadir y dirigir al pueblo hacia las metas adecuadas, sería también innecesario para un pueblo que está totalmente desarrollado éticamente.

Koraj se equivocó en no apreciar la naturaleza comunitaria del pueblo judío, cuya perfección sólo se alcanza a través de un esfuerzo en conjunto, en el cual cada judío cumple su rol único. El líder cumple la función de conductor de orquesta, guiando a cada músico para que toda la orquesta toque junta. Incluso aquel cuyo carácter es perfecto, aún necesita un líder que le muestre cómo puede funcionar y cumplir su rol en armonía con la comunidad.

Por eso los tzizit son un recordatorio de las 613 mitzvot que la comunidad como un todo es capaz de realizar, no el número limitado de mitzvot que cualquier individuo puede cumplir.

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Lucha Colectiva

Dios le dijo a Moshé, “Antes de que nombre un líder que te suceda, primero debes ordenar al pueblo en relación a los sacrificios”. El apreciar la necesidad de la lucha colectiva precede necesariamente al nombramiento de un líder. Tal como las ofrendas de los individuos sólo tienen significado en el contexto de la persona que lucha por acercarse a Dios, así también, los sacrificios comunales requieren la lucha colectiva del pueblo judío por unidad y armonía en el servicio a Dios.

El Cohen es necesario para alcanzar esta unidad, pero no puede sustituir el esfuerzo de las personas. Por esta razón, los representantes de los Levitas y de cada una de las tribus también tenían que estar presentes al momento en que se ofrecían los sacrificios comunales.

La grandeza de nuestros líderes es proporcional al calibre de sus seguidores. Que podamos alcanzar el nivel de apreciar la autoridad y de emular a nuestros líderes para que así ellos sean como los líderes de antaño, culminando con nuestro máximo líder, el Mashiaj.