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Bo(Éxodo 10:1-13:16)

Una luz para las naciones

Los Israelitas [también] hicieron como Moshé dijo. Ellos le pidieron artículos de plata y oro y vestimenta a los egipcios. Dios hizo que los egipcios respetaran a la gente y accedieran a su pedido. Por eso [los Israelitas] salieron de Egipto con riquezas” (Éxodo 12:35-36).

Antes del Éxodo, Dios hizo que los judíos hallaran gracia ante los ojos de los egipcios. La razón inmediata de esto fue para que los egipcios les ofrecieran fácilmente vasijas de oro y plata a los israelitas, cumpliendo con la promesa de Dios a Abraham de que sus descendientes iban a dejar la esclavitud con gran riqueza. Pero si esa era la única intención de Dios, hubiera sido suficiente que los egipcios le entregaran su riqueza a los israelitas por miedo.

Por eso, debemos, buscar otra explicación para el milagro de los judíos encontrando gracia ante los ojos de los egipcios (ver Najmánides a Éxodo 11:3) – es decir, alguna razón de por qué hacía una diferencia el hecho de que los egipcios nos quisieran y respetaran o que simplemente nos temieran.

A lo largo de nuestro exilio las naciones del mudo nos han tratado despectivamente, nos han odiado y nos han matado. Nosotros hemos tenido que fortalecernos para no preocuparnos por aquellos que se burlan de nosotros por nuestro servicio a Dios (ver comentario del Rama al Código de Ley Judía, OJ 1:1). Hay un peligro, sin embargo, de que estas circunstancias sean vistas como que “así debería ser”, que nosotros veamos la burla a la que estamos sujetos como un indicador de la perfección de nuestro servicio a Dios.

La Torá nos enseña que lo opuesto es verdad:

Estudien y cuiden [la Torá], porque es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de las naciones, que escucharán todas estas leyes y dirán: ciertamente un pueblo sabio e inteligente es esta gran nación” (Deuteronomio 4:6).

Es claro que la Torá le da importancia al respeto que nos dan las naciones del mundo.

El Netziv escribe (Haemek Davar a Números 14:21) que la meta de la creación es que la gloria de Dios llene la tierra – es decir, que todos los seres humanos Lo reconozcan. Tal como proclamamos dos veces al día en el Shemá, nuestra percepción de la unicidad de Dios sólo será completa cuando Dios, que es ahora reconocido sólo por el pueblo judío, sea el único Dios reconocido por el mundo entero:

Cuando Dios sea Rey sobre todo el mundo, en ese día Él será Uno y Su Nombre será Uno”. (Zejaria 14:9)

Este reconocimiento de Dios por parte de las naciones del mundo es tan importante que el milagro de la apertura del mar se realizó con el propósito de que “los egipcios sepan que Yo soy Dios” (Éxodo 7:5). El Ibn Ezra agrega que los egipcios a los que se refiere el pasuk son aquellos que se ahogaron. De esta manera, la Apertura del Mar se justificó incluso por unos pocos segundos de reconocimiento de los egipcios que se estaban ahogando. El Mundo Venidero no se limita a los judíos; los gentiles justos que cuidan las siete mitzvot que les incumben como imperativos divinos, también ameritarán el Olam Habá.

Nosotros, la nación de sacerdotes, representamos a Dios en el mundo con nuestro estilo de vida ejemplar e imbuimos el mundo con el conocimiento de Su existencia:

Somos una luz para las naciones”. (Isaías 42:6)

El Netziv explica que esta función podría haber sido alcanzada por el pueblo judío al asentarse en Israel e inspirar al mundo entero a través de la conciencia de la milagrosa Divina Providencia que guía al judío en su tierra. No fuimos merecedores de esto. Como consecuencia, se hizo necesario esparcir el conocimiento de Dios al vivir entre las naciones, haciendo que ellos atestigüen nuestros sacrificios en el Nombre de Dios. Nuestra supervivencia como un cordero solitario entremedio de 70 lobos hambrientos apunta a la existencia de un Creador Divino, cuya Divina Providencia guía y protege a Su nación.

La Ley Judía nos exhorta consistentemente a actuar de una manera que tenga como resultado la santificación del nombre Divino, y así ganaremos respeto por ser un pueblo santo y recto. Tenemos prohibido profanar el Nombre de Dios al darle a los no judíos una razón para criticarnos por una conducta inapropiada (ver Código de Ley Judía JM 266 relacionado a retornar objetos perdidos a no judíos). La santificación del nombre de Dios es una faceta de la mitzvá de amar a Dios. Maimónides escribe en el Sefer Hamitzvot que esta mitzvá incluye un imperativo de llamar a toda la humanidad a servir a Dios y a reconocerlo.

El Midrash (Vaikrá Rabá 6) dice, “'Y él es testigo', esto se refiere al pueblo judío, tal como está dicho, 'Tú eres mi testigo, dice Dios, y Yo soy tu señor…' Si tú no testificas, tú vas a cargar con su pecado”. Si tú no relatas y atestiguas Mi existencia ante las naciones, dice Dios, Yo voy a exigir un castigo para ti. Las naciones del mundo deben funcionar idealmente al unísono con nosotros para proclamar y reconocer al Creador.

Nosotros llevamos 70 sacrificios en Sucot para el beneficio de las 70 naciones, sin embargo, los llevamos en orden descendiente para insinuar que las naciones deben decrecer. No hay contradicción en esto. La necesidad de 70 diferentes naciones es sólo una consecuencia de la Torre de Babel en la cual la humanidad se unió para negar a Dios. Como consecuencia, Dios creó divisiones entre ellos para frustrar el intento de revocar el propósito de la creación del hombre. El ideal, sin embargo, es que la humanidad se una en el servicio a Dios. Tal como proclama el profeta Zefania:

Entonces le devolveré a las naciones un lenguaje claro para que todos llamen el Nombre de Dios y lo sirvan al unísono” (Zefania 3:9).

Como representantes de Dios, nosotros debemos finalmente inspirar el respeto y el favor de las naciones del mundo con el objetivo de llenar el mundo con Su gloria. Eso ocurre, dice Rashi, sólo cuando nosotros cumplimos adecuadamente las mitzvot. Una mitzvá cumplida de forma apropiada es divina y perfecta y sólo puede infundir respeto y admiración. Sin embargo, si fallamos en la realización de las mitzvot adecuadamente, entonces somos considerados tontos. El ridículo y la burla serán nuestro destino, porque la mitzvá realizada inadecuadamente no es Divina y por eso provoca el ridículo que luego se esparce y la rodea completamente.

Los Sabios explican que el verso, “Todas las naciones de la tierra verán que el Nombre de Dios ha sido llamado sobre ti y te respetarán y te temerán”, se refiere a los tefilín que se ponen sobre la cabeza. El Gaón de Vilna agrega que esto significa no sólo el tefilín sobre la cabeza sino el tefilín en la cabeza, es decir, la intención con la cual se realiza la mitzvá.

El desprecio de las naciones del mundo no es una señal de nuestra perfección, sino de que algo está faltando en nuestro servicio a Dios, que hemos fallado en nuestro rol de llevar una vida de santidad separada de las naciones y de sus estilos de vida. La ley metafísica de que “Esav odia a Yaakov” nos cuida de la posibilidad de asimilación y autodestrucción espiritual. Pero cuando cumplamos nuestro rol adecuadamente, todo el mundo querrá tomar parte en nuestro servicio a Dios.

Antes de nuestra primera redención – que fue el modelo de la redención final que vendrá – Dios nos hizo hallar gracia ante los ojos de los egipcios, para que no olvidemos este ideal. Los egipcios nos dieron fácilmente sus vasijas de oro y plata para ayudarnos en nuestro servicio a Dios en el desierto. Las vestimentas que nos dieron representaban el honor y la gloria con el que querían envestirnos. Y así será en la redención final.

Que merezcamos, a través de nuestra observancia meticulosa de las mitzvot, el respeto, el honor y la admiración de todo el mundo, en lugar de la burla y el abuso que toleramos actualmente. Entonces todas las naciones nos seguirán en nuestro servicio a Dios y juntos llevaremos el mundo a la perfección.

Publicado: 31/12/2012

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