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Vaishlaj(Génesis 32:4-36:43)

Dime tu nombre y te diré quién eres

Yaakov se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta el amanecer. Pero al ver que no podía con él, golpeó su muslo y se dislocó el muslo de Yaakov al luchar con él. El hombre dijo: “Déjame ir pues ha amanecido”. Pero él [Yaakov] dijo: “No te dejaré ir a menos que me bendigas”. Él le dijo: “¿Cuál es tu nombre?”. Él dijo: “Yaakov”. Él dijo: “Ya no será tu nombre Yaakov sino Israel, pues has luchado con el ángel de Dios y con los hombres y has vencido”. Preguntó Yaakov y le dijo: “Ahora por favor dime tu nombre”. Él dijo: “¿Por qué preguntas por mi nombre?”. Y lo bendijo allí. (Génesis 32:25-30)

Pregunta:

En este insólito episodio del jumash en el que se relata la lucha de Yaakov con un extraño “hombre” encontramos una dinámica fuera de lo común que desafía las leyes de las buenas costumbres y los buenos modales.

¿Por qué este extraño “hombre” le preguntó su nombre a Yaakov y luego cuando Yaakov hizo lo mismo, él displicentemente le respondió “¿Para qué quieres saber mi nombre?”. Parece obvio que así como él quiso conocer el nombre de Yaakov en un principio, así mismo Yaakov quiso conocer su nombre después, ¡ciertamente es lo que una persona educada haría! Acaso este “hombre” no tenía una pizca de buenos modales?

Respuesta:

Nuestros comentaristas explican que este “hombre” que luchó con Yaakov era nada más y nada menos que un ángel; el ángel guardián de Esav (ver Rashi, comentario a Génesis 32:25). Yaakov se enfrentó a la fuerza espiritual de Esav y prevaleció. A cambio, el ángel lo bendijo reconociendo el derecho de Yaakov a las bendiciones que recibió de su padre Itzjak y que Esav objetaba (ver Rashi, comentario a Génesis 32:27-29).

Ahora bien, volviendo a nuestra pregunta, cuando Yaakov le preguntó al ángel por su nombre, éste respondió displicentemente “¿Por qué preguntas por mi nombre?”. Sin embargo esto no fue por falta de buenos modales, ¡sino todo lo contrario!, la verdad es que él no quiso adjudicarse ningún mérito por la bendición, él quiso dejar en claro desde un principio que toda la bendición que Yaakov había recibido provenía directamente de Dios y que él era sólo un humilde enviado.

De hecho, a los ángeles en general no les gusta revelar su nombre, para no recibir una corona que no les corresponde, ya que las personas podrían llegar a confundirse y decir “el ángel fulano me hizo un milagro”, como si el milagro realmente lo hubiera hecho él, y esto obviamente no es verdad, ya que el ángel es solamente un enviado de Dios que cumple la misión que le han asignado.

En realidad, la verdadera intención del ángel fue decirle lo siguiente:

“De qué te sirve saber mi nombre si yo soy sólo un enviado, el poder y la fuerza son exclusivamente de Dios, y si llamas por mi nombre cuando tengas algún problema yo no podré responderte ni tampoco salvarte de tu sufrimiento, de hecho, ahora te he bendecido sólo porque me lo han ordenado”.

De esta manera, podemos aprender de los ángeles una increíble lección de humildad, y es que cada vez que ayudamos a alguien, o cada vez que logramos algo, siempre debemos recordar y reconocer que nuestro poder y nuestra fuerza provienen exclusivamente de Dios, y que nosotros somos sólo humildes enviados.

Fuentes: Rambán, comentario a Génesis 32:30; Musaf Rashi, 32:30.

Publicado: 24/11/2012

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