Cuando los hermanos de Iosef descendieron a Egipto a comprar alimentos, Iosef los reconoció y dio los pasos necesarios para que se cumplieran sus sueños de años atrás. Iosef tomó prisionero a Shimón y les exigió a sus hermanos que llevaran a Biniamín a Egipto.

Al experimentar esta difícil situación, los hermanos expresaron sus sentimientos: “Ciertamente somos culpables por nuestro hermano (Iosef), pues vimos la angustia de su alma al rogarnos [que lo sacáramos del pozo] y no lo escuchamos. Por esa razón nos vino esta desgracia” (Bereshit 42:21).

Al escuchar esto, Rubén, que no había participado de la venta de Iosef y había vuelto más tarde para sacarlo del pozo y llevarlo a casa, dijo: “¿Acaso no les dije: ‘No pequen contra el niño’? ¡Pero ustedes no escucharon! Y ahora su sangre es reclamada [por Dios] (Bereshit 42:22).

A primera vista, pareciera que Rubén les dijo: "¿Ven? ¡Les dije! ¡Esto es lo que pasa cuando no me hacen caso!" Sin embargo, de ser así, sería muy difícil de entender. Piensa en esto: ¿De qué sirve decir te lo dije? A esa altura no sirve para nada, sólo enfatiza yo tengo razón, ustedes se equivocaron y deben sentirse muy mal por ello. No es exactamente la expresión de un carácter muy refinado. No es demasiado razonable sugerir que Rubén, el bejor de Iaakov Avinu, se dedicara a echarles en cara su error sin ningún beneficio.

Todavía más: ¿por qué Rubén dice: “y ahora su sangre es reclamada”?

Esta frase nos permite entender que el objetivo de Rubén no es echarles en cara a sus hermanos que él tenía razón. En cambio, él responde de manera directa a lo que considera un grave defecto en los sentimientos de remordimiento de sus hermanos por lo que le hicieron a Iosef.

En la parashá de la semana pasada, Rubén dijo: “Lo tomaron y lo arrojaron al pozo… y se sentaron a comer pan” (37:24-25). Cuando Iosef estaba sin su ropa (1) y vulnerable ante serpientes y escorpiones, llorando lastimosamente y suplicándoles que se apiadaran de él, ¡ellos se sentaron a comer! No sólo vendieron a Iosef como esclavo, sino que lo hicieron de una forma muy cruel. Fueron completamente insensibles e inmunes ante el intenso sufrimiento de su hermano.

Por eso, cuando Rubén los escuchó decir: “De hecho somos culpables por nuestro hermano (Iosef), pues vimos la angustia de su alma al rogarnos [que lo sacáramos del pozo] y no lo escuchamos”, entendió que sólo sentían remordimiento por la crueldad con la que llevaron a cabo la venta de Iosef. Pero no sentían remordimiento por la venta misma, porque seguían creyendo que fue algo necesario y que Iosef lo merecía (2). Por eso Rubén les reprochó: "¿No les dije [en ese entonces]… no pequen en contra del pequeño…? Y vean que ahora su sangre es reclamada. En otras palabras, Rubén les dijo: "¡Ustedes no lo entienden! No sólo estamos sufriendo por la crueldad con la que actuaron, sino que Hashem nos está castigando por haberlo vendido. Deben reconocerlo y arrepentirse de todo lo ocurrido, no sólo de la crueldad con la que actuaron" (3).

La declaración de Rubén es crucial. Él trató de instruirles que hicieran teshuvá, que se arrepintieran y que no se engañaran a sí mismos en ningún nivel.

Esto transmite un mensaje relevante para todos nosotros. En el curso de nuestra vida, inevitablemente cometemos errores, tanto en el ámbito de nuestras relaciones interpersonales como en nuestra relación con Dios. A menudo, cuando comienzan a aparecer las consecuencias negativas de nuestras acciones, no nos queda otra opción más que aceptar que nos equivocamos en algo. Sin embargo, la naturaleza humana hace que seamos reacios a aceptar la culpa. Por esa razón, cuando nos vemos forzados a aceptar nuestra culpa, tenemos una fuerte tendencia a minimizar esa confesión tanto como sea posible.

Esto, por supuesto, es un problema muy serio, porque nos impide hacer teshuvá apropiadamente y rectificar por completo nuestras acciones. No es fácil, pero cuando tenemos esos momentos de introspección (¡y nuestro deseo es que lleguen también sin tener que sufrir repercusiones enviadas por Hashem!), debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para que el análisis sea extremadamente honesto y desarrollar la madurez necesaria para llegar a confesar a nuestro prójimo y a Dios todo el alcance de nuestro error. Esta es la mejor herramienta para lograr curar por completo nuestra falta.


Notas:

1. Ver Or HaJaim

2. Ver Sforno y Or HaJaim en Parashat Vaieshev 37:18-20.

3. Ver Sforno 42:21,22. Esto puede explicar por qué los asará haruguei maljut debieron ocurrir como capará por la averá de los hermanos. Quizás los hermanos nunca se arrepintieron por completo de su error de vender a Iosef. De hecho, al final de la Parashat Vaiejí, todos dijeron: “Tu padre nos ordenó… por favor perdona el pecado de los siervos del Dios de tu padre (tus hermanos)” (50:17). Pero nunca admitieron explícitamente haberse equivocado y nunca pidieron perdón de forma directa.