La parashá de esta semana nos cuenta acerca de la instrucción de Dios de construir un lavabo de cobre para el Tabernáculo (Éxodo 30:17).

Ahora analicemos: Los judíos estaban deambulando por el desierto. ¿De dónde podrían obtener suficiente cobre para construir el lavabo?

Rashi explica que el lavabo estaba hecho de espejos de cobre que fueron fundidos. (El cobre era un material reflectante adecuado para ser utilizado como espejo) Y, ¿de dónde obtuvieron estos espejos de cobre? Ellos fueron donados por mujeres judías, quienes los utilizaron en Egipto para embellecerse y seducir a sus maridos.

Cuando Moisés se enteró del uso que habían tenido estos espejos, dudó si destinarlos para un propósito tan santo en el Tabernáculo. ¿Y cuál fue la respuesta de Dios? “Utilízalos. Estos espejos son queridos para mí”.

En Egipto el Faraón intentó matar a todos los bebés judíos, y las mujeres judías sabían que si el pueblo dejaba de tener hijos, el Faraón ganaría. Entonces, cuando las mujeres utilizaron estos espejos para seducir a sus maridos, sus intenciones eran puras y nobles.

Lo que observamos de aquí es que no existe nada que sea netamente malo o bueno en este mundo, es una cuestión de cómo se utiliza. Internet es un ejemplo mayúsculo: Internet se puede utilizar de manera indeseable, o bien, para estudiar Torá.

Al utilizar algo con un propósito positivo, podemos elevar y santificar una pequeña esquina de nuestro mundo. Y ese es, después de todo, el propósito por el cual nos encontramos aquí en primer lugar.