La parashá Vaikrá habla acerca de la ofrenda “olé ve yored”, literalmente la ofrenda que “sube y baja”. Se llamaba así ya que constaba de tres categorías, basadas en la posición económica de cada persona: un individuo rico debía donar una vaca, aquel de clase media un pájaro, y una persona pobre traía una ofrenda de harina.

De hecho, una persona adinerada no tenía permitido traer una ofrenda de menor calidad. De este hecho podemos apreciar que Dios no juzga a todos según los mismos parámetros. A aquel que posee una habilidad natural mayor le exige más. Si no, ¿por qué otra razón Dios le habría otorgado esos recursos?

Ahora bien, por otra parte, una persona pobre no podía donar ofrendas más costosas. Esto nos enseña que cuando nos esforzamos por mejorar debemos ser conscientes de nuestras propias limitaciones, y no presionarnos por sobre nuestra realidad.

Para resaltar esta idea, en Levítico 2:1 se describe a quien trae una ofrenda de harina como un “alma”. El Talmud explica que, aunque la ofrenda de harina sea muy económica, para un pobre es algo significante, y Dios lo considera como si hubiera entregado su propia alma.

Nunca debemos mirar con recelo los logros de nuestros compañeros, por muy pequeños que parezcan. Porque cualquiera sea el nivel en el que nos encontremos, Dios sólo pretende que seamos… lo mejor que podemos ser.