Esta parashá tiene al comienzo unos pocos versículos relacionados con Shabat, y todos los versículos restantes tratan acerca de la construcción del Tabernáculo. Gracias a esta yuxtaposición, nuestros sabios aprenden que está prohibido construir el Tabernáculo en Shabat. No obstante, uno podría pensar que dado que el Tabernáculo representa un medio a través del cual el individuo puede obtener una relación más profunda con Dios, su construcción debería estar por sobre las leyes de Shabat. Sin embargo, esto no es así. ¿Por qué?

Creo que la razón es porque la acción de “construir” es, al final de cuentas, un acto mundano. Y cuando nos involucramos en algo mundano, independientemente de si tiene un propósito significativo o no, es muy fácil olvidarse por qué lo estamos haciendo.

Una enfermera puede extraer sangre el día entero y convertirse en una extractora de sangre en vez de en alguien que está ayudando a salvar vidas. Un voluntario en países del tercer mundo que cava zanjas para el riego puede convertirse en un cavador de zanjas en vez de en alguien que está ayudando al desarrollo de la nación. Y una persona que construye el Santuario para Dios puede terminar viéndose a sí mismo meramente como un constructor.

Shabat es el día en que nos detenemos y recordamos. Es el día que dejamos de hacer lo que hacemos diariamente y recordamos el motivo por el cual lo hacemos. Si la respuesta que obtenemos es positiva, entonces Shabat nos ayudará a agregar significado a la semana. Y si la respuesta que obtenemos no es positiva, entonces Shabat (esperemos) nos ayudará a redirigir nuestra vida hacia logros significativos.

Si no nos detenemos en Shabat para reenfocarnos, entonces incluso la construcción del Tabernáculo de Dios podría perder su significado para nosotros. Cuánto más aún con respecto a las demás tareas en las que nos vemos involucrados constantemente. Por lo tanto, es vital tener esa perspectiva – cada semana, sin excepción.