Hace muchos años, un distinguido teólogo fue honrado por una prominente organización por sus esfuerzos en defensa de los derechos civiles. Sin embargo, cuando se levantó para hablar, el mensaje que dio no fue el que la audiencia esperaba. Ante la sorpresa de los presentes, él criticó al grupo judío por haber abandonado el cumplimiento de las mitzvot. Él explicó que la preocupación del judaísmo por la justicia social tiene sus raíces en la Biblia, y expresó su temor de que, al haber abandonado muchas de las mitzvot, fuera una cuestión de tiempo hasta que muchos judíos (o, al menos, su descendencia) abandonaran también la causa de los derechos civiles.

Esta observación es muy fuerte. Si los ideales de un pueblo derivan de una fuente en particular, ¿durante cuánto tiempo pueden mantenerse esos ideales si se alejan de esa fuente?

La importancia del Shabat

Esta pregunta es apropiada para la parashá de esta semana. Buena parte de la parashá describe la construcción del Mishkán, el santuario portátil que acompañó a los israelitas durante su travesía por el desierto.

La Torá enfatiza cómo Moshe reunió a los israelitas para exhortarles que observaran el Shabat. El versículo incluso nos informa que todos los grupos de la nación judía estuvieron presentes para escuchar la explicación de Moshé.

El Shevet Meshor, un comentario contemporáneo, nota que esta es la única vez en toda la Torá donde encontramos que todo el pueblo judío fue reunido (vaiakel) de esta forma. Esto se debe a que la Torá desea enfatizar la centralidad del Shabat para la identidad judía colectiva. Shabat es el eje de la vida judía; sin su celebración, sólo es cuestión de tiempo hasta que la identidad judía se pierda. Ajad HaAm, hace unos 100 años, afirmó: "Más de lo que los judíos cuidaron el Shabat, el Shabat cuidó a los judíos".

Tiempo sobre espacio

Más aún, la esencia misma del pueblo judío está ligada a esta festividad semanal. La identidad de las otras naciones está enraizada a un territorio en particular. Pero lo que sustentó al pueblo judío siempre fue el Shabat, la isla en el tiempo. No sorprende que para el pueblo eterno el eje de su existencia sea la dimensión del tiempo, y no del espacio.

Esta ascendencia de tiempo sobre espacio se ve enfatizada en la parashá de la semana. Si bien los israelitas se dedicaron a la construcción del Tabernáculo, tuvieron que interrumpir sus esfuerzos con la llegada del Shabat. Rashi explica que esta es la razón por la que en la narrativa bíblica el mandamiento de respetar el Shabat precede a la construcción del Mishkán.

La armonía del individuo y de la sociedad

La Torá declara: “Trabajarás durante los seis días de la semana, pero el séptimo día será sagrado para ti, será un día de descanso absoluto para el Eterno” (Éxodo 35:2). Se les ordena a los judíos tener un descanso absoluto en Shabat. Los comentaristas explican que, en Shabat, las personas deberían esforzarse en liberar su mente de las preocupaciones mundanas y enfocarse en los temas realmente importantes de la vida. La preocupación por los negocios debe dejar lugar al tiempo en familia, a la adquisición de conocimiento y a ayudar a los demás. La necesidad de establecer una sociedad armoniosa (“reúne al pueblo”) es central a toda la idea del Shabat.

El Shabat siempre sirvió para recordarles a los judíos (entre otras cosas) los valores humanitarios esenciales, como la justicia social y el bienestar de los demás. El abandono de la observancia del Shabat puede tener un gran impacto, tanto en la identidad judía como en aspectos más universales.