La semana pasada ocurrió un hecho histórico cuando Nikola Jokic (de los Denver Nuggets) se convirtió en el jugador más bajo del draft que ganó el premio MVP (el jugador más valioso) de la NBA.

Considera que más del 60% de los ganadores del MVP se encontraban entre los cinco primeros del draft. Ninguno se encontraba en la segunda mitad de la primera ronda (entre 16 y 30). Pero Jokic fue elegido en el medio de la segunda ronda, ocupando el puesto 41.

Esta es una historia de "mendigo a millonario" en el basquetbol. Pero a pesar de haber sido coronado como el mejor jugador de toda la liga, quizás lo que más lo distingue es su carácter ejemplar. Aquí hay cinco cualidades personales que todos podemos aprender de Jokic.

1. Humildad

En un mundo deportivo consumido por el ego, la humildad de Jokic se volvió legendaria. Después de recibir la noticia, de inmediato le dijo a su equipo: "Miren, este no es mi premio. Quiero decir, obviamente es un premio individual, pero yo no lo hubiera podido ganar sin ustedes. Supongo que es mi trofeo, pero ustedes tienen una gran parte, así que les agradezco a todos. Muchas gracias".

Cuando le preguntaron qué significa para él el MVP, su respuesta fue: "Para ser honesto, no me afecta demasiado. Cuando vi la lista, allí había grandes nombres. Nunca pensé que yo estaría en la lista. Fue una sorpresa".

Estas son palabras poco habituales para un ganador del MVP, inmerso en un mundo donde se anhela recibir atención y el ego reina. Jokic ejemplifica la máxima del Talmud: "A quien huye del honor, el honor lo persigue" (Eruvin 13b).

2. Disciplina

El entrenador de los Nuggets, Felipe Eichenberger, dijo: "Si él te dice: 'voy a hacer algo' con esa mirada determinada, lo hará". Jokic sigue religiosamente las recomendaciones dietéticas de Eichenberger. Incluso cuando el resto del equipo festejó comiendo comida frita sureña después de una victoria en Memphis, Jokic se limitó a su comida habitual: pollo y arroz.

Jokic tenía un hábito insalubre de beber casi 4 litros de Coca-Cola por día. Pero una vez que decidió dejar de hacerlo, se acabó. En cinco años no ha tocado una bebida gaseosa.

A pesar de ser el mejor jugador del equipo, sin ninguna necesidad de probárselo a sí mismo, él es consistentemente el primero en llegar al gimnasio y el último en partir.

3. Un humor sano

No por nada su apodo es "Jocker". Hace algunos años, su entrenador Michael Malone lo describió como "un niño grande". Si observas sus conferencias de prensa después de los partidos verás que constantemente hace chistes, muchos de ellos criticándose a sí mismo.

Jokic usa el humor de una forma positiva, para burlarse de la locura y recuperar el equilibrio. El basquetbol es su prioridad, pero a veces lo toma a la ligera porque para él "no lo es todo". A menudo se refiere a las numerosas bendiciones de su vida, lo que menciona con más frecuencia es a su familia.

Las pérdidas y los éxitos no lo definen. Él sabe que la mejor respuesta al fracaso es canalizar sus talentos hacia el éxito la próxima vez. Tomando prestado lo que dice (Proverbios 24:16): "El recto puede caer siete veces, pero se levanta". También en nuestros emprendimientos personales sería bueno adoptar el enfoque de Jokic respecto al fracaso.

4. Vivir el momento

Cuando hace algunos meses le preguntaron respecto a ser un candidato para el MVP, él objetó: "Nunca pienso en eso. Sólo pienso en el próximo partido. Creo que esa es la mentalidad que se debe tener… cuando piensas en el futuro, me parece que te presionas demasiado".

Sin saberlo, él hizo eco a las palabras del Alter de Novardok, un gigante del Musar del siglo XIX, quien dijo: "El hombre debe ser capaz de sacrificar todos sus mañanas por el hoy, para que no necesite sacrificar todos sus hoy por un mañana". Preocuparse por lo que traerá el futuro puede paralizarnos y evitar que logremos algo hoy.

5. Generosidad

La generosidad comparte las raíces de la humildad, pero es diferente. Respecto a la generosidad de Jokic no necesitamos más evidencia que una estadística: 8,3 asistencias por partido, el segundo promedio más alto para un centro de la historia de la NBA. La generosidad de Jokic queda de manifiesto cada vez que este gigante de 2,11 metros pasa la pelota a pesar de tener una gran oportunidad de encestarla él mismo. Ver sus pases deja a todos sin palabras (1).  Él no pasa la pelota como la mayoría de los jugadores, sino que busca activamente cualquier oportunidad, por extravagante que parezca para dar a sus compañeros una buena oportunidad de marcar un tanto.

En palabras de su entrenador: "Para Nikola todo tiene que ver con el equipo. Realmente creo que disfruta más al hacer que quienes lo rodean sean mejores. No trata de ser el centro de atención, él no tiene ego".


Notas: