"¡Ahá!, más comida para la aspiradora", le dije a mi hija de tres años, apuntando al bicho en la muralla.

"Qué ascooooooooo", dijo ella, "es un insecto asqueroso".

Saqué la aspiradora, la enchufé y la encendí. Empezó a rugir mientras cobraba vida.

Pero justo cuando estaba levantando el hambriento tubo hacia el bicho, feliz de estar a punto de succionarlo y sacarlo de mi sala de estar para llevarlo al oscuro interior de mi polvorienta aspiradora, algo francamente sorprendente sucedió:

¡El insecto se encendió!

"¡Hey! ¡Es una luciérnaga!", exclamé, súbitamente transportado a los felices días de mi niñez, cuando con mi vecino perseguíamos a las fosforescentes criaturas verdes por el jardín al atardecer, después de un largo día de verano lleno de diversión.

"No puedo matar a este insecto", le dije a mi hija, "Estos insectos son nuestros amigos".

Con esta proclamación del nuevo status elevado del insecto en nuestra familia, atrapamos a la criatura en una tasa, lo escoltamos a la puerta, y lo vimos alejarse volando hacia la noche.

Ahora, tiene que haber una lección aquí, me dije más tarde mientras reflexionaba, y creo que he encontrado una. Pero primero, un poco sobre las luciérnagas:

Las luciérnagas pertenecen a la familia de las Lampyridae, lo que las hace un tipo de coleóptero, o en lenguaje menos técnico, un bicho grande y asqueroso (grandis et desagradablis bichus). Los científicos llaman a este tipo de luz bioluminiscencia, "bio" corresponde a vida y "luminiscencia" – bueno, ustedes pueden imaginar eso solos. Tanto las hembras como los machos pueden generar luz. Los científicos dicen que la utilizan para atraer a miembros del sexo opuesto, pero mi hija y yo creemos que puede ser usado para comunicar otras cosas, como "¡Auxilio! ¡Estoy a punto de ser tragado por una aspiradora!" o "¡Por favor díganle a Loraine que la amo!".

Cualquiera que alguna vez haya intentado cambiar una ampolleta incandescente inmediatamente después de que se apaga, puede atestiguar sobre el hecho que la producción de luz frecuentemente está acompañada por la generación de calor. En lenguaje común, eso se llama perder energía, o más técnicamente "tirar dinero por el desagüe". Así es la obra del hombre imperfecto.

Sin embargo, la luciérnaga, obra del Creador Perfecto, casi no genera calor indeseado durante la bioluminiscencia. Más aún, la luz se crea mediante una reacción química entre el oxígeno del aire y un lípido llamado luciferina. ¿Se dieron cuenta de eso? La luciérnaga convierte grasa en luz. Que alguien comercialice eso y que done el 10 por ciento de las ganancias a beneficencia, gracias. ¿Se lo imaginan? "voy a llevarme una orden doble de papas fritas grasientas, porque mi mujer dice que he estado un poco apagado últimamente".

Y hablando de comida, sorprendentemente, la mayoría de las luciérnagas adultas sólo se alimentan de un poco de néctar, o de nada en absoluto.

Por lo tanto, ¿cuál es la lección de mi encuentro con este insecto?

Nunca tragues a un hermano judío con la aspiradora pensando equivocadamente que es sólo un insecto asqueroso, porque en realidad él es una hermosa luciérnaga.

Nunca tragues a un hermano judío con la aspiradora pensando equivocadamente que es sólo un insecto asqueroso, porque en realidad él es una hermosa luciérnaga.

Hay veces en que un hermano judío puede verse mal ante nuestros ojos. Puede ser insoportable e incluso tener mal olor. Nosotros nos sentimos moralmente superiores. Nosotros queremos... bueno, lo voy a decir, ¡queremos succionarlo con la aspiradora!

Pero si en ese mismo momento recordáramos que son capaces de la más maravillosa luminiscencia, que poseen en su interior el potencial para generar la más brillante luz divina, que su alma sagrada tarde o temprano brillará gloriosamente para que todo el mundo lo aprecie... rápidamente guardaríamos la aspiradora.

No me cabe duda que mi vieja amiga la luciérnaga les está contando a sus amigos hasta el día de hoy, en algún código bioluminiscente secreto, la historia de su estrecho escape de las garras del gigante monstruo succionador metálico. Oh no, esperen un segundo, no es así, ellas sólo viven entre una y tres semanas.

Pero al menos podemos decir en su memoria lo siguiente: en el corto período de tiempo en que tuvimos el privilegio de conocerla, ella alcanzó su verdadero propósito, al traer un poquito más de luz a nuestras vidas.

Los datos sobre las luciérnagas fueron tomados de "Luciérnagas" Microsoft® Encarta® 2006