Con el fallecimiento de Steven Weinberg el 23 de julio del 2021, el mundo perdió a un gran físico teórico. Weinberg nació en 1933 en Nueva York de padres judíos y recibió el Premio Nóbel en 1979 por unificar dos de las cuatro fuerzas fundamentales de la física: la fuerza electromagnética y la fuerza nuclear débil. Su propuesta de unificación, posteriormente confirmada a través de la experimentación, resultó ser clave para el desarrollo del modelo estándar de la física de partículas, la mejor teoría actual de física fundamental y nuestra guía hacia el extraño mundo de las partículas elementales. Además, Weinberg contribuyó de forma fundamental a la teoría cuántica, la relatividad general y la cosmología.

Su muerte también marca el ocaso de una perspectiva cada vez más anticuada respecto a la relación entre ciencia y religión. Aunque Weinberg era amigo del Estado de Israel, no simpatizaba con el judaísmo ni con ninguna creencia teísta. Weinberg escribió muchos libros famosos sobre física en los que a menudo afirmó que el avance científico había socavado la fe en Dios y, en consecuencia, cualquier significado mayor para la existencia humana. Los primeros tres minutos del universo, su libro más famoso publicado en 1977, concluye diciendo: "Cuanto más comprensible parece el universo, menos sentido parece tener".

El ateísmo agresivo de Weinberg basado en la ciencia parece cada vez una fuerza más gastada. Desde 1977, Carl Sagan, Richard Dawkins, Stephen Hawking, Victor Stenger, Lawrece Krauss y muchos otros científicos han publicado famosas declaraciones anti teístas. Muchos de estos defensores del ateísmo han desaparecido de la escena. Otros exageraron tanto con sus ataques abiertos a la religión que provocaron que incluso sus compañeros ateos y agnósticos se les alejaran.

Figuras tales como el historiador Tom Holland, el crítico social Douglas Murray y el científico social Charles Murray ahora lamentan abiertamente la pérdida de un anclaje religioso en la cultura, aunque ellos personalmente sean incapaces de creer. Estos "nuevos ateos", a diferencia de los "viejos ateos" no consideran el supuesto apoyo de la ciencia a la falta de creencia como uno de sus "grandes logros", tal como lo describió Weinberg.

Sin embargo, muchos de estos escépticos religiosos todavía tienen que reconocer la razón más importante para rechazar las polémicas ateas basadas en la ciencia: los descubrimientos científicos más relevantes del último siglo simplemente no apoyan el ateísmo ni el materialismo. En cambio, apuntan en una dirección claramente diferente.

En su libro Los tres primeros minutos del universo, Weinberg describió en detalle las condiciones del universo justo después del Big Bang. Pero él nunca intentó explicar qué fue lo que provocó al Big Bang mismo.

No hubiera podido hacerlo. Si el universo físico de materia, energía, espacio y tiempo tuvo un comienzo (tal como sugieren la astronomía observacional y la física teórica), se vuelve extremadamente difícil concebir una causa física o material adecuada para dar origen al universo. A fin de cuentas, la materia y la energía cobró existencia con el Big Bang. Antes de eso, no existía materia, energía ni física que pudiera haber causado el comienzo del universo.

Estas consideraciones llevaron a otros destacados científicos, tales como el físico israelí Gerald Schroeder y Allan Sandage, astrónomo del instituto de tecnología de California, a afirmar que la mejor explicación respecto al origen del universo es aceptar la existencia de un creador externo que se encuentra por encima del espacio y del tiempo. La lógica de esta perspectiva hizo que inicialmente Weinberg se mostrara reacio a aceptar el Big Bang y en cambio se inclinara en favor de la teoría rival del estado estacionario del universo. Como él mismo explicó antes de cambiar de rumbo: "filosóficamente el estado estacionario es la teoría más atractiva porque se parece menos al relato del Génesis".

Arno Penzias, otro físico laureado con el Premio Nóbel (cuyo descubrimiento de la "radiación de fondo cósmico" ayudó a despertar el interés de Weinberg en la cosmología del Big Bang), señaló la conexión obvia entre el Big Bang y el concepto de creación Divina. Él afirmó: "Los mejores datos que tenemos son exactamente lo que habría predicho si no tuviera nada más que los Cinco Libros de Moshé, los Salmos y la Biblia en su conjunto".

Weinberg también usó brillantemente el "razonamiento antrópico" para estimar el valor de la "constante cosmológica", la fuerza antigravedad que empuja hacia afuera y que es responsable de la expansión del universo desde su singular comienzo. Él demostró que, si asumimos que el universo necesitaba producir vida, entonces la constante cosmológica tenía que caer dentro de un rango estrecho, algo altamente improbable e inesperado, como ha quedado demostrado.

Para explicar esa "fina sintonía" sin recurrir a un "sintonizador" trascendente, Weinberg estuvo en favor de la postulación de una multiplicidad de otros universos, una idea que reconoció como especulativa. El concepto del "multiverso" presenta a nuestro universo como el resultado de una gran lotería en la que algún mecanismo generador de universos escupe trillones y trillones de universos, tantos que eventualmente tenía que surgir nuestro universo con su improbable combinación de factores propicios para la vida.

Sin embargo, la teoría del multiverso pierde de vista un problema obvio. Todas esas propuestas proponen mecanismos generadores de universos que por sí mismos requieren una sintonía previa no explicada. Lo cual nos lleva nuevamente a la necesidad de un máximo "sintonizador".

Tras su fallecimiento, el tributo de Scientific American a Weinberg describió cómo las personas científicamente literatas necesitan aprender a "vivir en el universo sin sentido de Steven Weinberg", sin embargo, las propias investigaciones de Weinberg dieron paso a dos descubrimientos científicos claves (que el universo tiene un comienzo y que desde el principio estuvo finamente sintonizado), que no sólo no implican un cosmos sin sentido, sino que apuntan hacia la existencia de un Creador con un propósito por detrás de todo.

Este articulo apareció originalmente en el Jerusalem Post.