P. Quisiera dar caridad, pero tengo miedo de terminar necesitando el dinero yo mismo. ¿Muestra eso una falta de fe en la Providencia Divina?

R. Tu razonamiento pareciera ser algo así: Incluso si tengo dinero suficiente para las necesidades actuales, quisiera acumular algunas reservas para necesidades imprevistas. Y si Dios me ordena que de caridad con mi sobrante, entonces, debe estar prometiendo que la desventura no golpeará a mi puerta. Por lo tanto, tus preocupaciones sobre los contratiempos que pueda traer el futuro se ven agravadas por la preocupación de que tu fe no es completa.

Hay dos respuestas a tu pregunta. La primera, que discutiremos esta semana, es que la Ley Judía reconoce que poner algo de dinero a un lado para necesidades imprevistas, dentro de un límite, también puede ser un gasto esencial (la semana que viene daré un enfoque adicional). Aquí hay una fuente importante para esta regla:

El Shulján Aruj (Código de Ley Judía autoritativo) declara que los eminentes eruditos en Torá están exentos de muchos impuestos comunales. Incluso si el erudito tiene que trabajar para sustentarse y no puede dedicar todo su tiempo a estudiar, se considera que está dedicando todo su tiempo libre a estudiar, siempre y cuando trabaje solamente lo “suficiente para su supervivencia, y no para enriquecerse” (1).

El comentario altamente autoritativo de Rav Shabtai Rappaport declara que “suficiente para su supervivencia” incluye poner algo de dinero a un costado para emergencias. “Es obvio que una persona puede sufrir contratiempos, como enfermedades y otros, que requerirán de grandes gastos, y no hay un límite fijado para esto”.

Por supuesto, este enfoque puede ser llevado demasiado lejos, resultando en que ninguna persona daría caridad. El Talmud también nos dice:

Rabí Eliézer el Grandioso dice: Todo el que tiene pan en su canasta y pregunta: “¿Qué comeré mañana?”, tiene una fe pequeña (2).

Sin embargo, poner a un lado una cierta cantidad de dinero para emergencias predecibles (como explica Rav Rappaport) no indica una falta de fe, sino que es parte de nuestra responsabilidad cotidiana para satisfacer las necesidades de nuestro hogar.

Al gran sabio reciente, Rav Moshé Feinstein, le formularon una pregunta similar respecto a aseguramiento. Alguien le preguntó si contratar un seguro demostraba una falta de fe en la Providencia Divina. Rav Feinstein contestó:

El seguro es como cualquier otro asunto comercial que uno realiza para sustentarse a sí mismo y a sus hijos… Y si una persona quiere dejar algo para su ancianidad o para un legado, necesita que Dios lo provea con el método más efectivo de acuerdo a las normas aceptadas, al igual que sería provisto por un milagro, que puede no merecer y tampoco es tan apropiado [ya que una persona debería mantenerse a sí misma mediante métodos naturales y no sobrenaturales]. Y dado que Dios nos dio la sabiduría en las generaciones recientes para disponer de compañías aseguradoras, esto es algo bueno y apropiado, incluso para la gente temerosa de Dios que confía solamente en Dios, porque Él es Quien nos hizo pensantes para proveernos a nosotros mismos, y contratar un seguro también es el consejo de Dios, contratar un seguro y confiar en Dios de que podremos continuar pagando la prima del seguro (3).

Tu deseo de poner un poco de dinero a un lado para posibles emergencias es perfectamente legítimo. Confiar en la Providencia Divina no significa que no necesitemos ganarnos la vida o poner dinero a un costado para el futuro; significa que confiamos en que Él nos dará la posibilidad de hacerlo. Sin embargo, no deberíamos ahorrar dinero para necesidades futuras meramente especulativas, si estas prevenciones vienen a costa de dar una cantidad de caridad apropiada para las necesidades urgentes de los demás.

FUENTES: (1) Shulján Aruj Yoré Deá 253:2 (2) Talmud Babilónico Sotá 48b (3) Responsa Igrot Moshé Oraj Jaim II:111.