P. Una persona que conozco anda de un lado para el otro pidiendo dinero para su negocio. Yo sé que su negocio no anda tan bien, por lo que hay buenas posibilidades de que los prestamistas no reciban su dinero de regreso. Siento que debería informarles, pero temo que si les digo algo voy a precipitar el fracaso, y en lugar de ayudarlos, voy a terminar dañando a los prestamistas.

R. Tu pregunta es una variación del dilema usual que involucra a las divulgaciones nocivas. Examinemos la situación usual:

La Torá nos ordena: “No andarás de chismoso entre tu pueblo; no permanecerás indiferente ante la sangre de tu prójimo” (Levítico 19:16). La primera mitad del versículo prohíbe calumnias o cualquier otro tipo de divulgación nociva sobre otras personas, pero la segunda mitad matiza esa prohibición: Nuestra preocupación por la reputación del malhechor no debería inducirnos a permanecer indiferentes cuando alguien está propenso a sufrir una pérdida por sus acciones.

El clásico libro “Jafetz Jaím” del Rabino Israel Meir HaCohén explica cómo armonizar estos principios contrapuestos. La revelación está justificada cuando no hay ninguna otra manera de evitar que alguien sufra una pérdida, y cuando la revelación no causa un daño inmerecido al sujeto.

Así, el proceso de evaluación es simple. Primero, vemos si la revelación potencialmente nociva tiene realmente muchas posibilidades de evitar la pérdida. Si las tiene, entonces vemos si hay alguna otra manera de evitar la pérdida. Si no hay ninguna, verificamos si la revelación le causará daño desproporcionado al sujeto de la divulgación. Si no lo hará, entonces la divulgación es apropiada.

En tu caso, hay una variación. No puedes evaluar la posibilidad de la pérdida aislada del reporte mismo. La razón es que el mismo hecho de que reportes el daño puede aumentar el peligro.

La pregunta clave aquí es la magnitud del peligro. En un extremo, pedir dinero prestado en un esfuerzo destinado a apuntalar un negocio endeble es realmente una variación de un esquema piramidal. Estás tomando dinero prestado de Pedro para pagarle a Pablo hasta que llega el día en el que ya no puedes pedir prestado suficiente dinero para pagar tus deudas. Si el negocio en cuestión no es viable, entonces ninguna cantidad de financiamiento inteligente puede salvarlo. En este caso, decirle a la gente sobre el problema del negocio no estará causando el fracaso, sino solamente acelerándolo, antes de que la cantidad de deuda impagable se infle.

En el otro extremo, muchos negocios, probablemente la mayoría, atraviesan crisis de liquidez. Los negocios buenos y viables no siempre generan suficiente efectivo para cumplir con las obligaciones pendientes y necesitan préstamos para hacerlos pasar una crisis temporaria. Si la situación es ésta, entonces sembrar pánico entre los acreedores dañaría a la compañía y hasta a los acreedores mismos, induciéndolos a ser los primeros en la fila para obtener una recompensa parcial, cuando con un poco de paciencia podrían obtener una devolución completa.

En general, los prestamistas deberían estar evaluando estos riesgos, no tú, por lo que la pregunta debería ser: ¿Tengo evidencia de que el prestatario se está involucrando en prácticas fraudulentas o engañosas? Si el prestatario está dándoles una falsa impresión de los prospectos de su firma o de su cuadro de deudas, entonces le estarás haciendo un favor a los prestamistas al informarlos. Esto puede provocar un colapso, pero esa es una especulación que cada prestamista puede sopesar por sí mismo.

Pero si son simplemente demasiado optimistas, o no son lo suficientemente diligentes al evaluar los riesgos de un negocio fundamentalmente legitimo, no veo ninguna razón para que intervengas.