P. Soy el jefe de una organización sin fines de lucro. La organización tiene algo de dinero extra y estoy convencido de que puedo invertirlo productivamente. ¿Debería hacerlo y beneficiar a mi organización de esta manera?

R. El Talmud tiene una discusión interesante concerniente a invertir fondos de caridad.

Raba le preguntó a Rav Iosef: “¿Qué hacemos con los fondos de los huérfanos?”. Rav Iosef dijo: “Los depositamos en la corte y los distribuimos poco a poco”. Raba: “¡Pero así agotaremos el capital!”. Rav Iosef: “¿Qué deberíamos hacer entonces?”. Raba: “Buscamos a una persona que tenga propiedades conocidas [para cobrarnos de ellas en caso de que pierda el depósito], y depositamos el dinero de los huérfanos con él, con más posibilidades de ganar que de perder (es decir, el socio activo divide las ganancias pero carga con todas las pérdidas)… Eso está muy bien si es que encontramos a alguien que tenga propiedades de este tipo, pero si no podemos encontrar a nadie, ¿acaso dejamos que los fondos de los huérfanos se disipen?”. En cambio, dijo Rav Ashi: “Encontramos a una persona que tenga propiedades estables, que sea confiable, obediente de la Torá y que no esté bajo un bloqueo, y depositamos el dinero con él en la corte”. (1)

Los sabios del Talmud están tratando de encontrar el balance correcto entre el riesgo y la ganancia para los fondos de caridad – en este caso, dinero que pertenece a huérfanos menores de edad y que está siendo administrado por un tutor. Rav Iosef no quiere asumir ningún tipo de riesgo, y aboga simplemente por desembolsar el dinero. Raba está dispuesto a invertir sólo si el inversionista está dispuesto a cargar personalmente con cualquier tipo de pérdida y puede realmente proveer, por adelantado, seguridad ante pérdidas potenciales – ciertamente una situación muy poco común. Rav Ashi es el más permisivo; está dispuesto a invertir si es que el inversionista acepta cargar con las pérdidas y se muestra dispuesto y capaz de hacerlo.

Basados en la opinión de Rav Ashi, puedes invertir el dinero si es que puedes cubrir personalmente cualquier tipo de pérdida. Por supuesto, necesitarías la aprobación de la junta de tu organización antes de tomar un paso como este.

Sin embargo, hoy en día es extremadamente inusual que un individuo quiera, o pueda, hacerse cargo de las pérdidas de la caridad (si el aval estuviera seguro de la calidad de la inversión tendría mucho más sentido pedir el dinero prestado e invertirlo él mismo, dando todas las ganancias a caridad). Por lo tanto, incluso hacer inversiones prudentes sería bastante difícil.

Autoridades posteriores, en respuesta a situaciones cambiantes, reconocieron que en ocasiones el requisito de firmar como co-deudor podría ser desechado, si hiciera extremadamente difícil invertir fondos de caridad productivamente (2). Sin embargo, todavía hay un requisito de supervisar cuidadosamente expresado en el pasaje sobre la necesidad de alguien estable, confiable y obediente, y de documentación apropiada (“depositamos el dinero con él en la corte”).

La experiencia ha demostrado que la única manera de hacer esto de manera eficiente, es a través un comité formado por varios especialistas experimentados que tienen los intereses de la organización en primer lugar. No hay forma de que un individuo en soledad presente el grado apropiado de juicio y conocimiento. Esto es cierto especialmente en alguien como usted, cuyo juicio podría estar distorsionado por su envolvimiento en la administración de la organización.

Si usted cree que los intereses futuros de la organización estarían mejor atendidos al invertir los fondos en algo más riesgoso que una cuenta bancaria o un depósito a plazo, debería recomendarle a la junta que establezcan un comité de inversiones constituido apropiadamente para este propósito.

Otra opción: Si está tan seguro de que esta inversión es segura, podría querer invertir su propio dinero y prometer dar una cierta fracción de las ganancias a caridad. Pero la experiencia ha demostrado que no hay forma de saber por adelantado si una inversión es segura o no.

FUENTES: (1) Talmud Babilónico Baba Metziá 70a. (2) Cf. R. Abraham ben Mordejai HaLeví, respuesta Ginat Veradim Joshen Mishpat IV:1.