P. Escuché que el Talmud dice cómo invertir dinero. ¿La ley judía realmente estipula la política de inversión privada?

R. Los sabios del Talmud dieron muchos consejos prácticos en todas las áreas, (junto con la motivación espiritual necesaria), y uno de los temas que discuten son las inversiones. Un tema prominente es la diversificación para disminuir el riesgo. Un Midrash aprende este principio a partir de la conducta del patriarca Yaakov, que cuando se vio amenazado, dividió a su familia en dos campamentos:

Rab Jía Raba dijo: La Torá enseña la conducta correcta. Una persona no debería poner todo su dinero en un solo lugar. ¿De dónde lo sabemos? De Yaakov, como está escrito: “Y dividió a las personas que estaban con él, y los rebaños y las manadas y los camellos en dos campamentos, y dijo: Si Esav ataca un campamento y le causa gran daño, el campamento restante escapará” (Génesis 32:8-9) (1).

Un Consejo aún más específico es encontrado en el siguiente pasaje talmúdico:

Y Rabí Itzjak dijo: Una persona debería siempre tener su dinero a mano, como está escrito (Deuteronomio 14:25) “Y atarás el dinero en tu mano”. Y Rabí Itzjak dijo: Una persona debería tratar de dividir su dinero en tres: un tercio en tierras, un tercio en negocios, y un tercio en la mano” (2).

El Maharshá (un muy conocido comentarista de las historias del Talmud, del siglo 17) explica la lógica financiera de esta división basado en principios que son familiares para nosotros hoy en día: las tierras son seguras porque nunca pierden todo su valor, pero el retorno de la inversión es bajo. El comercio tiene el retorno más alto pero también el más alto riesgo. Finalmente, algo de dinero debe estar disponible, siempre a mano, para gastos inesperados.

De todos modos, es claro en los diversos comentaristas que la idea de “tres tercios” no es una regla fija, sino una aplicación del principio general de diversificar las inversiones considerando la seguridad a largo plazo, el retorno a largo plazo, y las necesidades y oportunidades inmediatas. Los rabinos no tenían el objetivo de dar consejos para inversiones, sino de poner nuestros temas monetarios en el contexto de un estilo de vida absolutamente religioso.

En especial, la inversión prudente es parte de un ideal religioso más amplio de templanza, prudencia y de adoptar un enfoque a largo plazo para planear nuestra vida. Maimónides explica:

Está prohibido para una persona enajenar o regalar toda su propiedad y así convertirse en una carga para otros, tampoco debería vender un campo [una propiedad productiva] y comprar un caballo [sólo para su propio beneficio], o vender su casa [que es perdurable] y comprar bienes muebles. Tampoco se debería involucrar en el comercio con dinero de su casa [arriesgar su casa en iniciativas comerciales]… El principio general es que el objetivo de una persona debería ser que su propiedad prospere, que reemplace lo que es temporario por lo que es perdurable, y su intención no debería ser tener un disfrute momentáneo o beneficiarse un poco [ahora] y perder mucho [después]. (3)

Como resultado de las revelaciones que siguieron a la crisis financiera, mucha gente se concientizó de que gran parte de la llamada “industria de la inversión” no estaba orientada en realidad hacia incrementar nuestra calidad de vida a largo plazo, sino hacia el tipo de comportamiento que Maimónides condena: hacer dinero rápidamente o buscar gratificación inmediata. Los rabinos no estaban interesados en los detalles de nuestra carpeta de inversiones, sino en el “enfoque general de vida” que se ve reflejado en ella.

FUENTES: (1) Midrash Bereshit Rabá en Génesis 32:8 (2) Talmud Babilonio Baba Metziá 42a (3) Código de Maimónides, Hiljot Deot, 5:12. Los apéndices de las Hagaot Maimoniot relacionan específicamente la regla de los “tres tercios” a esta declaración.