P. Parte de mi labor es evaluar a los trabajadores en mi lugar de trabajo. Sin embargo, tengo sentimientos negativos hacia algunos de ellos por razones que no están relacionadas con el rendimiento laboral. ¿Cómo puedo evitar que esto afecte mis evaluaciones?

R. Tu pregunta es muy sabia. Tu empleador te está pagando para evaluar el rendimiento laboral de los empleados, no tus sentimientos hacia ellos. Por consiguiente, dejar que tus sentimientos se entrometan podría comprometer tu propio trabajo.

De hecho encontramos que los sabios talmúdicos se tomaban muchas molestias para evitar cualquier influencia subjetiva de este tipo. El Talmud nos cuenta que cuando el sabio Shmuel estaba camino a juzgar un caso, un transeúnte le ofreció su mano para ayudarlo a mantenerse firme mientras se bajaba de una balsa. Cuando Shmuel se enteró de que la mano socorredora pertenecía a uno de los litigantes, se retiró del caso. De la misma manera, cuando el sabio Ameimar se estaba preparando para juzgar un caso, un pájaro se acomodó en su cabeza; un transeúnte lo ahuyentó. De nuevo, cuando Ameimar descubrió que el transeúnte era uno de los litigantes, se retiró del caso. El Talmud continúa trayendo historias similares sobre los sabios Mar Ukva y Rabí Ismael beRabí Yosi. El Talmud llama a este esfuerzo por obtener favoritismo “soborno verbal” (1).

No obstante, si analizamos la ley autoritativa, encontraremos que la conducta de Shmuel y Ameimar fue más allá de lo estricto de la ley.

Es verdad que el Talmud declara:

Dijo Rav Papa: Está prohibido juzgar a alguien a quien se ama o a quien se odia. A alguien a quien se ama – porque uno falla en ver su culpabilidad; a quien se odia – porque uno falla en ver su inocencia (1).

Sin embargo, el criterio para esta descalificación es bastante estrecho. La “persona amada” que obliga al juez a renunciar se refiere a un amigo muy cercano; el Talmud da el ejemplo de alguien que es el padrino en una boda. Y la “persona odiada” es alguien que es tan detestado que los dos no se han hablado en mucho tiempo como resultado de su enemistad (2).

Más aún, el Talmud concluye que incluso este estrecho criterio aplica solamente a un juez, pero no a un testigo. Un testigo no tiene que ejercer juicio sino sólo reportar hechos; el Talmud declara que los hijos de Israel “no son sospechosos” de ejercitar tales favoritismos descarados desde el estrado (2).

Otro punto relevante es expuesto por el reconocido sabio del siglo pasado, Rabí Israel Meir HaCohén de Radin, conocido como el “Jafetz Jaim”. Rabí HaCohén escribe que incluso cuando se delata a un malhechor, es esencial tener un objetivo constructivo válido; si el informante carece de una intención constructiva, no debe delatarlo. Por ejemplo, si el resultado es constructivo pero la intención es vengativa, entonces es mejor permanecer en silencio. Pero Rabí HaCohén agrega que hay otra solución: dejar las intenciones vengativas de lado. “Debería obligarse a sí mismo, en el momento en el que revela información, a tener exclusivamente una intención constructiva, y no como resultado de una enemistad” (3).

Entonces, dado que tus sentimientos negativos no alcanzan el nivel de enemistad verdadera, estás calificado para emitir un juicio profesional sobre otras personas en tu lugar de trabajo. Aún así, deberías tomar en serio el consejo del Jafetz Jaim, y cuando hagas el juicio, haz un esfuerzo especial para remover cualquier consideración extraña de tus pensamientos.

FUENTES: (1) Talmud Babilónico Ketubot 105b. (2) Talmud Babilónico Sanedrín 27b. (3) Jafetz Jaím parte II capítulo 9 nota al pie 3.