P. Me doy cuenta de que mucha gente gasta más allá de sus recursos, acumulando deudas en sus tarjetas de crédito o sobregirando. ¿Tiene el judaísmo algo para decir sobre este fenómeno?

R. La tendencia humana a gastar más allá de los recursos disponibles no es para nada nueva, y es discutida en muchas fuentes judías antiguas. Una de las más prominentes es el siguiente pasaje del Código Legal de Maimónides. Maimónides comienza con la prohibición de apremiar y asediar a un deudor en caso de que no tenga los recursos para pagar, pero luego, de manera característica, discute también el problema opuesto:

    El acreedor tiene prohibido presentarse ante un deudor cuando sabe que el deudor no tiene forma de pagar… Y al igual que el acreedor tiene prohibido apremiar al deudor, así mismo el deudor tiene prohibido retener el dinero que su compañero le facilitó y decirle: “Vuelve después”, cuando de hecho él tiene [el dinero]… De la misma manera, un prestatario no puede recibir un préstamo para gastarlo innecesariamente y perderlo hasta el punto en el que el prestamista no encontrará ninguna forma de recaudarlo – incluso si el prestamista es muy adinerado. Y cualquiera que haga esto es llamado malvado, como está escrito: “el malvado pide prestado y no paga”. Y los sabios nos enseñaron: “Haz que la propiedad de tu amigo sea tan querida para ti como la tuya propia” (1).

El enfoque principal de Maimónides es en lo interpersonal. Una persona que pide prestado para financiar gastos frívolos (“gastos innecesarios”) muy probablemente dejará plantado al prestamista. Esto era particularmente detestable en los tiempos antiguos, cuando los préstamos eran exclusivamente libres de interés y los prestamistas estaban motivados solamente por un deseo de ayudar a los necesitados. Sin embargo, incluso hoy en día en que la mayoría de los prestamistas están motivados por un deseo de obtener ganancia, una persona debería tomar sus obligaciones monetarias seriamente. Siempre que pides prestado das tu palabra de que pagarás, y una persona honesta debería honrar siempre su palabra.

Sin embargo, la misma advertencia nos enseña también algo sobre el manejo del presupuesto. Como lo señala el comentarista Prisha, cuando Maimónides dice “hasta el punto en el que el prestamista no encontrará ninguna forma de recaudarlo”, no significa que el deudor intentará evadir el pago. Sino que este es un riego inevitable de prestar dinero para gastos que están más allá de las necesidades básicas. (2)

Desde el punto de vista judío, los asuntos monetarios no son solamente una cuestión de restricciones de presupuesto; también son temas de providencia Divina. La Torá nos dice que la tierra de Israel es “una tierra constantemente bajo el escrutinio de Dios; los ojos de Dios están sobre ella constantemente, desde el comienzo del año hasta el final del año” (Deuteronomio 11:12). Como explica Rashi, Dios está escudriñando constantemente las necesidades de los habitantes de la tierra de Israel, y junto con ella las de los habitantes de todo el mundo, evaluando y proveyendo sus necesidades.

Basado en esto, cuando Dios ve que tenemos necesidades extras, Él nos provee con recursos extras. Es tan grande nuestra fe en este aspecto de la providencia que nuestros sabios nos alientan a confiarnos en ella. Pero los sabios tenían un concepto muy particular de lo que son nuestras necesidades – un concepto que no corresponde a los patrones de gastos de muchos deudores:

    Rabí Yojanán dijo en nombre de Rebe Eliézer el hijo de Rebe Shimón: El Santo, Bendito sea, le dijo a Israel: “Mis hijos, tomen prestado de mi cuenta y santifiquen el día [de Shabat]; confíen en Mí y yo pagaré… Todo el sustento de una persona es fijado en Rosh HaShaná, a excepción de los gastos de Shabat, y de las fiestas y de las expensas para la educación de Torá de sus hijos. En este caso, si gasta poco su presupuesto es disminuido, y si agrega su presupuesto es incrementado. (3)

Tener pan, vino y un poco de carne para los días sagrados (no para los días de semana) y proveer una adecuada educación de Torá a los hijos no son lujos; son necesidades. Por lo tanto, una persona tiene permitido tomar prestado para estos desembolsos. Por supuesto, hasta en este caso una persona no debe pedir prestado imprudentemente, pero definitivamente hay una creencia en la providencia que nos permite extendernos en estos casos un poquito más allá de lo que haríamos normalmente. Pero de aquí podemos ver muy fácilmente que para las expensas que no son esenciales, si no tenemos suficiente dinero para ellas ahora y no vemos cómo lo obtendremos en el futuro cercano, eso es evidentemente una indicación de que no son parte de nuestro presupuesto providencial para este año.

FUENTES: (1) Código de Maimónides, leyes de préstamos 1:3. (2) Comentario Prisha, Joshen Mishpat 97:7. (3) Talmud Babilónico Beitzá 15b, 16a.