P. Tengo un empleado muy trabajador que está exigiendo más dinero. ¿Tengo que negociar con él?

R. Esta es quizás la pregunta más común que recibo: trabajadores que se sienten mal pagados y que quisieran forzar a sus empleadores a pagar lo que ellos valen, y empleadores que enfrentan a empleados que insisten en esto.

La mayoría de las autoridades coinciden en que el paradigma detrás del empleo en el Talmud y la ley judía es el empleo a voluntad, significando que las partes sólo están obligadas por su acuerdo de trabajo. El empleador es libre para despedir al empleado en cualquier momento, asumiendo que el período acordado inicialmente ya se ha cumplido (por lo general es un mes, aunque muchas veces hay un requerimiento de un mes de previo aviso), y el empleado puede renunciar en cualquier momento, incluso antes de que termine el período del acuerdo. Otro principio de la ley judía es que se asume que los acuerdos laborales obedecen la ley y la costumbre local; dado que la mayoría de los países comunes también tienen leyes de empleo a voluntad, si vives en uno de estos países, el paradigma vigente y la validación de la ley secular te darían dos razones para tener el derecho de despedir a tu empleado de acuerdo a lo que creas conveniente para tu empresa.

El Talmud relata en muchos lugares la situación que tú describes: en donde el empleado está convencido de que el valor verdadero del trabajo es más alto que lo acordado.

En un lugar, el Talmud habla de un caso en que la paga de cuatro zuz es común, y es posible demostrar que el empleador hubiese estado dispuesto a pagarlos si los empleados hubiesen insistido, pero aceptaron trabajar por tres. La conclusión es que los trabajadores no tienen derecho a cuatro zuz, sino que el pago es lo que dicta el acuerdo original. Sin embargo, el pasaje también relata que si el empleador estaba dispuesto a ofrecer cuatro y un intermediario, por iniciativa propia, decidió apretar a los trabajadores y ofrecerles un salario de tres, los trabajadores tienen derecho a albergar resentimiento en contra del intermediario (1).

En otro lugar, el Talmud habla de un caso en el cual el arreglo de dinero fue hecho de acuerdo a la cantidad normal, pero en la mitad del trabajo el valor de la mano de obra subió. Como resultado, los trabajadores comienzan a quejarse, y el jefe los convence de que se queden con un comentario vago y sin compromisos (podemos imaginar que dice algo como: “Haré algunos cambios que harán que les convenga quedarse”). La conclusión es que esto no constituye un compromiso de igualar la nueva norma del mercado, sino que el empleador puede cumplir con su obligación con cualquier mejora menor en las condiciones de trabajo (el Talmud da el ejemplo de dar comidas más suculentas) (2). Aprendemos que el jefe no está obligado a reabrir el acuerdo original, pero también pareciera que compensar al empleado es justificable.

Creo que la conclusión para tu caso es la siguiente: Si crees que las demandas del empleado son fundamentadas – que realmente está ganando menos de lo que le corresponde, así como los trabajadores en el caso del Talmud – negociar es una buena idea. En ambos casos, el Talmud pareciera indicar que el resultado ideal incluye hacer algunas concesiones al empleado. Pero el trabajador no tiene el derecho a un aumento bajo ningún punto de vista, y no puede exigirlo. Y si no crees que la demanda es justificada, no pareciera haber ningún requisito legal de discutir el tema.

Por supuesto, el trabajador también es libre, y puede hacer las demandas que quiera y renunciar si no le son concedidas. Si tu empleado trabaja bien, mantenerlo feliz puede ser un buen negocio. Pero no tiene derecho a quedarse y obligar al empleador a satisfacer sus demandas, incluso si son razonables.

FUENTES: (1) Talmud Babilónico Baba Metzía 76a; Shulján Aruj Joshen Mishpat 332:2. (2) Talmud Babilónico Baba Metzía 77a; Shulján Aruj Joshen Mishpat 332:5.