Cada pocos meses alguien escribe un artículo sobre ética. En ellos las personas se lamentan acerca del estado de los adolescentes de hoy. En estos artículos se le reprocha por ello al mundo de los negocios, y se elogia a las universidades y empresas por los nuevos programas establecidos para promover y enseñar ética.

No se realmente si la situación está peor ahora o en el pasado. ¿La presión es mayor? ¿El deseo de engañar está más generalizado? ¿O es que sólo estamos llevando a cabo más estudios y encuestas?

El último artículo que vi apareció en el "Los Ángeles Business Journal" el 18 de Diciembre del 2006, presumiblemente justo a tiempo para inspirar a algunas resoluciones de año nuevo. El autor, Anthony J. Buzzelli, tiene una solución para el problema. "La educación en la ética de la toma de decisiones es fundamental para hacer progresos reales. Formación, asistencia en las aulas, encuestas que centran la atención en estas cuestiones -- todas estas medidas son de un valor incalculable en cuanto al definir el comportamiento ético e inculcarlo en forma duradera en nuestros jóvenes y nuestra cultura".

Aunque éstas medidas pueden tener un papel, yo soy más escéptica con respecto a ello que el Sr. Buzzelli.

La formación es interesante, los juegos de roles pueden ser divertidos, las encuestas pueden proporcionar una idea, pero como la Torá y la mayoría de psicólogos conductistas saben, sólo las consecuencias realmente cambian el comportamiento.

Si no hay consecuencias negativas en cuanto al actuar de manera poco ética, entonces todas las lecciones de todas las aulas en el mundo, todas las conferencias de negocios y ejercicios de formación de grupos de trabajo, no impedirán las acciones inapropiadas. De hecho, si las recompensas por engañar o robar son notorias, entonces el comportamiento puede ser en realidad alentado por nuestra sociedad.

En su forma más básica, el mayor obstáculo para la conducta inmoral es el temor de ser atrapado. En esta área, hemos hecho avances. Comisiones, Gobernantes, fiscales con aspiraciones políticas, todos han confluido para crear un mercado más estrechamente controlado con menos espacio para los comportamientos manipuladores.

Pero el éxito real solo se logrará cuando los intereses sean aún mayores y tal vez más personales. Nos preocupamos por nuestro nombre y nos preocupamos por el legado que dejaremos a nuestros hijos. Entonces, ¿Merece la pena poner nuestro honor en riesgo para obtener una ganancia económica de ello?

Todos queremos ser buenos. Pero, ¿Qué significa esto? La Torá nos da una importante idea de ello distinguiendo entre dos tipos de robos - el que se realiza a plena luz del día y el que se realiza cubierto por la noche.

A pesar de que el hombre que roba de día puede ser más descarado, es el ladrón que entra de noche quien se somete a mayor crítica.

El robar durante el día significa que usted sabe que esta siendo observado y esta dispuesto a tomar el riesgo. El robar de noche significa que usted tiene miedo de ser atrapado -- por la gente. Sin embargo esto deja de lado el más importante de todos los observadores -- la mirada atenta de Dios.

Un ladrón que se preocupa por ser atrapado por la policía pero no se preocupa por ser observado por Dios, es considerado un criminal terrible.

El reconocimiento de las consecuencias finales es la herramienta más efectiva para enseñar ética.

Cada acto inmoral empaña nuestras almas. Cada acto de bondad pule este diamante por dentro.

A veces las personas se quejan de que su trabajo carece de sentido. Pero cada profesión puede ser significativa si se realiza en una forma ética. Preocuparse por los empleadores, empleados, colegas, apegarse a las reglas, crear un ambiente de trabajo cálido y amigable, son comportamientos éticos que están al alcance de todos. La tradición judía esta llena de historias de simples comerciantes y vendedores ambulantes que ameritaron sentarse con grandes rabinos en el mundo por venir por sonreír a sus clientes, mantener sus escalas debidamente calibradas, o contar bromas a los oprimidos.

Todas nuestras acciones tienen consecuencias. Estas pueden ser positivas -- podemos elevar los corazones de quienes nos rodean, podemos mejorar la situación en el mundo, podemos acercarnos a Dios. O pueden ser negativas -- podemos hacer que nuestros compañeros de trabajo sean miserables, podemos afectar negativamente al mundo a través de la extorsión, del fraude y del desprecio descarado hacia las necesidades de los demás, alejándonos del Dios en el proceso.

Todos queremos ser buenos -- ahora, en el futuro, y en la memoria de las personas. A veces, como los adolescentes encuestados sugirieron, la presión por tener éxito trabaja en nuestra contra. Por supuesto que tenemos que redefinir el éxito como una virtud moral, y no como un objetivo financiero. Pero aparte de esos nobles ideales, necesitamos la eficaz estrategia de tener miedo a las consecuencias. Este miedo no debe ser representado con una caricaturesca imagen de rayos cayendo desde el cielo, sino que en un sentido muy real, de que a través de nuestras acciones podemos lograr una santificación de nosotros mismos y del nombre del Todopoderoso, o, Dios no lo quiera, lo contrario. Así es como realmente vamos a ser juzgados. Y esa una lección que creo incluso los adolescentes pueden oír.