Por ser un abogado criminalista que a menudo representa celebridades en casos de mucha difusión, los medios de comunicación no sólo cubren mis casos sino que también, a veces, escriben sobre mi persona. Como resultado, el hecho de que soy un judío observante a menudo aparece en muchas historias nuevas, a pesar de que esa información nunca es relevante para el caso en el que estoy trabajando. Por esta razón, tengo que ser muy cuidadoso con lo que digo y cómo lo digo, ya que pese a mi talla dentro de la comunidad legal, para muchos yo sigo siendo el “abogado judío”. Si gano el caso, es importante para todos los judíos. Y sin importar si gano o pierdo, igualmente debo actuar con gracia y respeto ya que mis declaraciones públicas tienen un impacto en todos los judíos.

 Por ejemplo, cuando el fallecido Johnnie Cochran y yo defendimos exitosamente a Puff Daddy, una de las celebridades más conocidas entre las estrellas del hip hop, el veredicto apabullante, la absolución de todos los cargos, fue anunciado en Nueva York terminando la tarde de un viernes. Esta era una victoria profesional fabulosa para mí, una que sabía que la prensa de todo el mundo iba a pregonar. Pero como Shabat se estaba acercando rápidamente, dejé el tribunal en donde cientos de reporteros esperaban para discutir el veredicto. Yo era consciente de que cada palabra que dijera se iba a escuchar en todo el mundo, pero también era consciente de que era muy tarde.

 Miré fijo a las docenas de cámaras y dije: “Esta es una victoria asombrosa, y yo, por supuesto, estoy muy feliz por Puffy y su familia. Sé que después del Supertazón, el mariscal de campo del equipo ganador por lo general anuncia que “se va a Disneyland”. Bueno, señoras y señores, este quarterback del equipo ganador se va a la sinagoga, ¡Shabat está llegando!

Dejar una conferencia de prensa porque “Shabat está llegando” convirtió una victoria profesional en un genuino kidush Hashem.   

 Luego subí a un auto que me estaba esperando y me fui rápidamente. Desde ese episodio, cientos de personas me han dicho que el ganar el caso de Puff Daddy fue un estímulo importante para todos los judíos, pero el irme de la conferencia de prensa porque “Shabat está llegando” convirtió una victoria profesional en un genuino kidush Hashem (la santificación del nombre de Dios).

 Posiblemente mi situación es única, porque no hay muchos judíos ortodoxos que tienen trabajos de alto perfil que son cubiertos rutinariamente por los medios de comunicación. Pero igualmente soy consciente de que lo que hago y cómo lo hago a menudo es tema de discusión y escrutinio público, me guste o no. Por lo tanto, aún encuentros menores o episodios aparentemente inconsecuentes en mi vida profesional pueden tomar una significancia extraordinaria.

 Así, por ejemplo, trabajé como defensor principal en un juicio importante en Nueva York, que estaba siendo cubierto intensamente por la prensa a diario. Un artículo de noticias sobre el juicio incluyó la observación de que el juicio se interrumpiría los viernes a las dos de la tarde porque el “principal abogado defensor, Ben Brafman, un judío observante, tenía que estar en la casa antes del atardecer”. Para el lector promedio y aún para aquellos envueltos en el caso, esa información al paso no era significativa. Sin embargo, para algunos judíos ortodoxos fue mucho más importante de lo que yo me hubiese podido imaginar, ya que meses después del juicio gente que yo ni siquiera conocía me paraba en la calle para decirme cómo mi declaración “pública” sobre no trabajar en Shabat les hizo mucho más fácil a ellos explicarle temas de observancia a sus empleadores. Para ser franco, nunca se me ocurrió que el respetar Shabat ayudaría a otros a resolver asuntos delicados en sus propias vidas profesionales.

 Como judíos, nuestro comportamiento público afecta a otros, no sólo a los miembros de nuestra familia sino también a otros judíos que nunca conocimos pero por los que igualmente tenemos una responsabilidad. Esto es verdad para todos nosotros, no solamente para quienes llegan a aparecer en los medios de comunicación. La conducta personal propia como judío se refleja sobre los judíos alrededor del mundo, ya que somos vistos como “un” pueblo por los no judíos. Cuando los judíos fueron llevados como ganado a las cámaras de gas en Auschwitz, había una misma cola para todos los judíos. Las diferencias entre varios grupos judíos pueden, desafortunadamente, ser reales dentro de la comunidad judía, pero para el mundo no judío, nosotros hablamos y actuamos como uno, y somos todos vistos como lo mismo.   

 Por lo tanto, una decisión simple como utilizar una kipá en el trabajo, conlleva una medida extra de responsabilidad. Darle el asiento a una anciana en el bus es un acto común de amabilidad. Pero cuando es realizado por un chico utilizando una kipá o una chica vestida con modestia, ese comportamiento se puede convertir en una declaración trascendente acerca del pueblo judío como un todo. Aún actos simples como mantener la puerta abierta para alguien puede ser un kidush Hashem cuando la persona que exhibe esta cortesía está anunciándole al mundo, a través de su vestimenta, “Soy un judío observante”.

 Por otro lado, el comportamiento alborotado de un grupo de jóvenes con kipá puede tener un impacto negativo, dado que los espectadores se preguntarán si estos chicos religiosos actúan siempre de una manera tan ofensiva y repugnante. En un mundo en donde el antisemitismo florece, y en donde el Estado de Israel está cada vez más aislado, no necesitamos alentar a la gente a despreciarnos.

 Más Honestos, Más Cuidadosos

Aquellos que muestran abiertamente su judaísmo tienen la obligación de ser más honestos, más cuidadosos, más corteses y más prudentes.

 Aquellos que muestran abiertamente su devoción a Dios y al judaísmo tienen la obligación de ser más honestos, más cuidadosos, más corteses y más prudentes. Un judío verdaderamente religioso debe ser un ciudadano apegado a la ley y debe actuar de manera consistente con lo que uno esperaría de una persona profundamente religiosa. La persona debe estar alerta todo el tiempo porque aún un pequeño paso en falso dado por un judío religioso puede ser magnificado más allá de toda lógica.

 Un ejemplo desafortunado de esto es cuando la prensa destaca condiciones inseguras en un edificio de departamentos citando cientos de violaciones al código de edificación de la ciudad, y el “opresor de los inquilinos” es identificado como un judío ortodoxo. Una noticia como ésta hace que todos los judíos sientan vergüenza ajena, aún cuando el propietario del edificio no cometió ninguna falta, como en el caso de violaciones generadas por los inquilinos. No obstante, el daño está hecho, ya que el detalle en la historia que llama la atención de la prensa es el judío “rico” que permite que inquilinos “pobres” se revuelquen en la miseria. Nosotros somos vulnerables como pueblo. Esta verdad nos incumbe a todos con respecto a ser mejores en lo que hacemos y a ser más cuidadosos en cómo lo hacemos.

 Del Kólel a Wall-Street

 Miles de jóvenes, hombres y mujeres judías, pasan muchos años ocupados en el estudio de Torá el día completo, en donde están expuestos a la profundidad y la riqueza del judaísmo, pero reciben poca o ninguna preparación para enfrentarse a los desafíos del mundo “real”. La gente joven debe estar preparada para afrontar la perspectiva de pagar impuestos, llenar una solicitud para una tarjeta de crédito, y para vivir dentro del presupuesto personal. Y también, deben estar preparados para lidiar con los complicados procesos de aplicación para obtener préstamos para estudiantes y becas. Estas solicitudes generalmente son presentadas bajo juramento, con sanciones severas impuestas a información falsa o imprecisa.

 Cómo responder a interrogaciones oficiales, qué información proveer, cómo obtener la asistencia a la que uno tiene derecho y cómo abstenerse de solicitar fondos a los que uno no tiene derecho, son todos temas importantes que deben ser encarados tanto desde una perspectiva de Torá como desde una legal.

 Mucha gente joven simplemente no es consciente de las serias consecuencias que pueden venir cuando se violan leyes estatales o federales, o cuando se ignoran regulaciones comerciales, aún en el caso en que las intenciones no son corruptas. Tener buenas intenciones o ser ignorante de la ley no es una excusa legítima para violar la ley, y tampoco es una excusa válida en una corte de justicia.

 Comportarse Mal por una Buena Causa

 Hay algunos individuos que racionalizan el violar la ley por el bien de una mitzvá. Esto, desde una perspectiva halájica, es inaceptable; el octavo de los diez mandamientos declara: “No robarás”. No dice: “No robarás, salvo que creas que tienes una razón realmente buena”. Desde un punto de vista exclusivamente legal, el crimen por una buena razón igualmente puede llevar consecuencias muy severas. Mientras que el motivo detrás de una violación a la ley puede, en una rara ocasión, afectar la severidad del castigo impuesto, en la mayoría de los casos no ayuda a escapar del procesamiento o del castigo.

En un caso con el que estoy familiarizado, una pareja joven que necesitaba un lugar para vivir, solicitó un subsidio para vivienda del estado. Para reunir las condiciones necesarias para el subsidio, debía ser verificado el salario máximo, ya que este tipo de plan de vivienda es para quienes reciben un ingreso por debajo de cierta cantidad. El marido, junto con un empleador predispuesto, arregló una compensación “en negro” como parte de su salario, creando así la falsa impresión de que el ingreso máximo aceptado no era excedido. Por su ingenuidad, el marido pensó que este tipo de infracción no era “la gran cosa”, y el empleador, quien sabía que no era lo correcto, realmente creyó que estaba haciendo una gran mitzvá. El número de complicados asuntos legales que surgieron cuando esta treta fue descubierta fue asombroso. Llevó a un procesamiento criminal con severas consecuencias tanto para el marido como para el empleador. Más aún, forzó a muchos otros judíos a estar en la terrible situación de ser citados por la ley para testificar en contra de otros judíos o los puso en peligro de ser ellos mismos procesados. Una situación similar surge cuando una persona que no califica para el plan de salud ofrecido por su compañía debido a un problema de salud preexistente lo oculta intencionalmente con el objetivo de obtener el seguro fraudulentamente. Esto está mal, aún cuando el engaño es cometido para poder tratar con enfermedades catastróficas. De hecho, todos los que ayudan a llevar a cabo este fraude, aunque lo están haciendo por razones “humanitarias”, pueden igualmente enfrentar serias consecuencias porque la industria de seguros en general es indiferente, y los medio de comunicación hambrientos devoran historias de intereses humanos que contienen una porción extra de ironía o tristeza.

La excusa de la “mitzvá” a menudo también llega al plano educacional. De esta manera, está mal que una escuela privada aliente a los padres a proveer información imprecisa o hasta falsa sobre la situación financiera de la familia para conseguir asistencia gubernamental o becas que de otra manera no conseguirían. ¿Vale la pena correr el riesgo de ser procesado criminalmente para otorgar una buena educación judía a un hijo? Por supuesto que no. De todos modos, en el momento en que el crimen es cometido, la atención no está en las consecuencias potenciales ni tampoco en las ramificaciones halájicas, sino en cómo lograr el objetivo, cómo esquivar las reglas, hacer la “mitzvá” y después racionalizar el comportamiento para que parezca ser consistente con los principios se supone que una organización religiosa debe respetar. La realidad es que una mentira por una buena razón sigue siendo una mentira. Un crimen cometido para ayudar a uno mismo o a otro sigue siendo un crimen, es en contra de la ley y en contra de la halajá, ¡exponiéndose uno mismo al castigo en dos mundos!   

 El Gobierno no es el Enemigo

 Después del holocausto, cientos de miles de sobrevivientes devotos a su fe fueron a diferentes países en donde encontraron refugio. La mayoría de esos nuevos ciudadanos escaparon de países en donde el gobierno era verdaderamente el enemigo, decidido a matar, y los judíos eran perseguidos para ser castigados brutalmente y para ser asesinados. Como resultado, muchos de los hijos de estos inmigrantes fueron educados escuchando historias extraordinarias de lo que sus padres tuvieron que hacer para sobrevivir. En algunos casos, se falsificaban o se robaban pasaportes y cédulas de identidad, para poder cruzar las fronteras y poder reunirse los padres con los hijos. Bajo estas circunstancias, violar la ley estaba justificado.

Esta mentalidad de “supervivencia” es al menos en parte responsable de trivializar la obligación de cumplir estrictamente con las leyes del gobierno. Pero debemos entender y hacer que nuestros hijos entiendan que en nuestros países el gobierno no es el enemigo. La vida de los judíos ha mejorado con el tiempo. Ha mejorado dramáticamente en el continente americano, y nuestros hijos necesitan entender que ya no hace falta violar las reglas para poder sobrevivir. De hecho, nuestra perseverancia como un pueblo creyente, respetuoso y educado depende de que nosotros vivamos de acuerdo a las leyes, a las leyes impuestas por la Torá y a las leyes impuestas por la sociedad.

Mirando Hacia Adelante

No puedes ser estrictamente observante y al mismo tiempo elegir las leyes que seguir.

No puedes ser estrictamente observante y al mismo tiempo elegir las leyes que seguir. La Torá no permite la aplicación selectiva de la halajá, y tampoco permite la violación de leyes seculares.

Las escuelas y las yeshivot deben esforzarse y tratar los asuntos éticos generales que nuestros estudiantes confrontarán en el mundo. Debemos hacerles entender que como judíos, su comportamiento en el sector público hablará por todo nuestro pueblo. También es importante que enfaticemos la obligación del judío ortodoxo en particular de comportarse correctamente en todo momento. No es suficiente ser un ciudadano obediente de la ley, necesitamos actuar con el correcto decoro, ser corteses y amables, ser caballeros en la casa y en la calle, para hacer un kidush Hashem.

Finalmente, debemos enseñar a la próxima generación a ser agradecida por vivir en una democracia en la que a toda la gente se le da una extraordinaria libertad y cuantiosas oportunidades. Debemos estar agradecidos a nuestros países por abrir sus brazos a tantos de nuestros abuelos y bisabuelos, proveyéndoles refugio, seguridad, libertad, tolerancia y por ayudar a todos los judíos a practicar su fe sin miedo, y con gran orgullo.

Reimpreso con permiso de Jewish Action, la publicación impresa oficial de la Orthodox Union.