Pregunta: No soy exactamente una persona necesitada, pero si diera el diez por ciento de mi ingreso a caridad, no podría suplir las necesidades básicas de mi familia.

Respuesta: Hemos discutido previamente la dicotomía entre familias que están debajo o justo sobre la línea de pobreza, quienes deberían dar solamente una cantidad simbólica a caridad, y familias con más recursos, que deberían dar el diez por ciento a aquellos que no están tan bien. De hecho, la tradición judía tiene una visión muy flexible sobre el tema. Hay gastos que una persona puede “elegir” como caridad en caso de necesidad.

Aquí hay un ejemplo. En general, los miembros de las familias pobres siempre tienen precedencia a la hora de dar caridad. Ésto se aprende del versículo “Cuando le prestes dinero a Mi pueblo, al pobre que está contigo, no le prestes como un prestamista, no cobres interés” (Éxodo 22:24). El versículo se refiere a ayudar a una persona necesitada a través de un préstamo sin interés, el método preferido cuando es posible. El Talmud infiere de la expresión “el pobre que está contigo” que damos precedencia a aquellos individuos necesitados cercanos a nosotros - primero a los miembros de la familia, luego a los vecinos (1).

Otra fuente es el versículo de Isaías (58:7): “Extiende al pobre tu pan, y trae gente muy pobre a tu casa; cuando veas al desnudo vístelo, y no te escondas de tu propia carne”. “Tu propia carne” se refiere a tus parientes; el versículo nos advierte que no los ignoremos cuando demos caridad.

Sin embargo la siguiente ley de la Tosefta (una colección de leyes paralela a la mishná) parece desaprobar el dar caridad al pariente.

Dos hermanos, o dos socios, y un padre y un hijo… pueden darse el diezmo el uno al otro. Rabí Yehuda dice: desgracia le ocurre a quien le da su diezmo a su padre. (2)

La explicación es que el padre, siempre que sea posible, debe ser sustentado por el presupuesto regular de la familia, y los fondos para caridad se les deben dar a otros. Darle los fondos para caridad al padre tiene dos problemas: muestra falta de respeto hacia el padre, quien es tratado como un caso de caridad en lugar de cómo un miembro de familia, y limita la caridad para con otros individuos.

Pero si la familia tiene suficiente para sustentar al padre necesitado pero no lo suficiente para abastecer a otras personas pobres, entonces el diezmo debería efectivamente ser utilizado para miembros de la familia.

En el caso de gran necesidad, hasta tus hijos pueden ser considerados “receptores de caridad”. Considera el siguiente pasaje Talmúdico (la palabra “tzedaká” en el contexto se refiere a “rectitud”, pero el pasaje la entiende de acuerdo a su otro sentido, “caridad”).

“Bienaventurados son los que preservan la justicia, quienes hacen tzedaká todo el tiempo” (Salmos 106:3). ¿Es posible hacer tzedaká todo el tiempo? Los rabinos en Yavne, (o algunos dicen que Rabí Eliécer), dicen que ésto se refiere a quien sustenta a sus hijos. (3)

Obviamente, una persona normal no debería considerar el gastar dinero en sus propios hijos como caridad. Si se hiciese así, casi todas las personas estarían exentas de ayudar al pobre, dado que es raro el caso de una familia que no gasta el diez por ciento de su ingreso en las necesidades de los hijos. El pasaje de arriba evidentemente se refiere a quien no puede darse el lujo de dar caridad de ninguna otra manera.

El comentario autoritativo Shaj, del rabino Shabtai Rapaport, escribe que hay otros gastos que también pueden ser considerados caridad si no hay otra manera de hacerlos:

Toda mitzvá que se presenta, como por ejemplo… comprar libros [de Torá] para aprender de ellos y prestarlos a otros para estudiar de ellos, si no tiene los recursos y le sería imposible hacer la mitzvá, puede comprarlos con su diezmo. (4)  

Si no eres pobre, pero te resulta completamente imposible dar el diez por ciento para gastos de caridad que están fuera de las necesidades de tu hogar, entonces igualmente deberías separar el diez por ciento de tu ingreso para caridad. Pero puedes utilizar una porción de ese diez por ciento para algunas buenas acciones determinadas (gastos en mitzvot) que pagas para tu propia familia. El fundamento es que una persona siempre debería tener el hábito de separar parte de su presupuesto para caridad para recordarse a sí misma que es para ser utilizada en el servicio a Dios, aún si luego necesita gastar para sus propias necesidades.

De todas formas, es necesario dar algo del diezmo a la gente pobre fuera de tu familia, ya que aún una familia que recibe caridad debe dar al menos una cantidad simbólica a caridad. 

FUENTES: (1) Talmud Babilónico Baba Metzía 71a (2) Tosefta Maaser Shení 4:7 (3) Ketuvot 50a (4) Comentario Shaj en Yoré Deá 259:3.