P. Muchos deportes populares son bastante violentos y agresivos. ¿Qué opina el judaísmo sobre ellos?

R. Pese a que las fuentes tradicionales judías tienen ciertas reservas respecto a los eventos públicos deportivos, tanto la actividad física como la competición amistosa son consideradas constructivas. Muchas conocidas figuras religiosas han sido destacados atletas o ávidos aficionados a los deportes.

Al mismo tiempo, la tradición judía tiene un absoluto desprecio por la violencia y por los impulsos violentos. Esto es el contrario a la actitud que tiene ante otros impulsos básicos. Los seres humanos tenemos un impulso natural hacia la comodidad material, la intimidad física, el estatus, el honor, etc. En todos estos casos, la actitud del judaísmo no es negar, sino santificar. Los mandamientos que tienen relación con la alimentación, como las leyes de cashrut y el requisito de decir bendiciones, permiten que canalicemos nuestros apetitos hacia el servicio de la santidad; las leyes maritales hacen lo mismo por nuestros impulsos sexuales, etc. Como hemos escrito, incluso la ira puede, de forma circunscripta, ser utilizada en servicio de la santidad.

Pero no encontramos ningún mecanismo similar de canalización para la violencia. Pese a que a los judíos que dejaron Egipto les fue ordenado conquistar la tierra de Israel, no hay un ideal de conflicto constante para que podamos ejercitar y canalizar nuestros impulsos violentos; por el contrario, los profetas judíos nos recuerdan constantemente que el estado natural y deseable del mundo es de paz universal, en donde (Isaías 2:4) "Golpearán sus espadas [para convertirlas] en rejas y sus lanzas [para convertirlas] en podadoras. Ninguna nación levantará su espada en contra de otra, y ya no se entrenarán para la guerra".

De hecho, para la tradición judía éste es el principal punto que separa nuestro período histórico actual de la realidad ideal que caracterizará a la humanidad en los tiempos del Mesías. Maimónides escribe que "el tiempo del mesías será en este mundo, y el mundo continuará de acuerdo a su rutina" (1). En el ideal de la existencia humana, continuaremos trabajando y comiendo, casándonos y teniendo hijos, etc. El elemento principal que no tendremos es la agresión: la guerra y el conflicto.

Esta oposición a la agresión está profundamente embebida en la cultura judía, incluso en algunas formas sutiles. Puede que mucha gente no haya advertido que las prendas de los hombres generalmente se cierran con la parte izquierda sobre la derecha. Esto servía antiguamente para facilitar el acceso de la mano derecha a un arma oculta. La ropa hecha especialmente para hombres judíos religiosos se abotona con la parte derecha sobre la izquierda, quizás para enfatizar que el judío no está interesado en sacar un arma y ciertamente tampoco está interesado en publicitar el hecho.

De la misma forma, en muchos lugares y épocas, cargar una pistola en todo momento era un símbolo de libertad. La Mishná declara que para un hombre judío, una pistola no puede ser considerada un tipo de prenda o un elemento de decoración; por el contrario, es algo vergonzoso (2). El judaísmo no es una religión pacifista y ciertamente los judíos tienen permitido portar armas por defensa propia si lo necesitan, pero éstas no se consideran “símbolos” sino meramente utensilios.

Entre los deportes violentos se incluiría con certeza todo deporte en el cual el objetivo sea causarle daño al oponente: el toreo sería un ejemplo extremo, uno que ciertamente está prohibido por la ley judía. Pero hay deportes que no son inherentemente violentos que se han transformado en deportes que están rodeados de una atmósfera agresiva y violenta. Por ejemplo, el hockey sobre hielo no es un deporte particularmente violento, pero en algunos lugares las riñas sobre el hielo se han convertido en una atracción en lugar de una distracción – lo cual es una clara señal de que las cosas han ido demasiado lejos. En contraste, la esgrima es un "arte marcial", pero la atmósfera que rodea las competiciones de dicho deporte rara vez son violentas.

La agresión es una de las pocas tendencias que el judaísmo no busca legitimar y elevar constantemente. Defenderse puede ser una desafortunada necesidad ocasional para un individuo o nación, pero no es en ningún caso una cualidad personal o nacional que debamos cultivar o por la que debiésemos sentirnos orgullosos. Los eventos deportivos que enfatizan o cultivan la agresión no son la elección correcta para alguien que guía su vida en base a la ética judía.

FUENTES: (1) Código de Maimónides, leyes de arrepentimiento 9:2; (2) Mishná Shabat 6:4.