P. ¿El judaísmo permite la caza por deporte?

R. La caza ha sido un pasatiempo popular desde tiempos antiguos, y continúa siendo un deporte popular hoy en día. Cada año son otorgadas más de 10 millones de licencias de caza en los Estados Unidos, lo cual demuestra que la caza es uno de los deportes más populares en aquel país. No hay dudas de que cazar es, en términos generales, un deporte inofensivo (al menos para los humanos) que es practicado por individuos dignos. Sin embargo, es necesario saber que la tradición judía no ve con buenos ojos el hecho de cazar animales como pasatiempo.

El primer cazador que conocemos en la Torá es Nimrod. La Torá nos dice:

Cush engendró a Nimrod, quien fue el primero en llegar a ser sumamente poderoso en la tierra. Él era un poderoso cazador frente a Dios. Es por eso que es dicho: "Como Nimrod, poderoso para la caza frente a Dios”. El principio de su reinado fue Babel y Érej, Acad y Kalné, en la tierra de Shinar (Génesis 10:8-10).

Pese a que la Torá meramente declara que "llegó a ser sumamente poderoso", nuestros sabios describen a Nimrod como un malvado tirano que buscó usurpar a Dios.

El segundo cazador que vemos en la historia es Esav, quien es desfavorablemente comparado con su hermano Yaakov en el siguiente versículo (Génesis 25:27): “Los jóvenes crecieron; y Esav se convirtió en un hombre conocedor de la caza, hombre de campo, pero Yaakov era un hombre íntegro, morador de tiendas”. Como sabemos, Yaakov se convirtió en patriarca del pueblo judío, mientras que la progenie de Esav es a menudo aludida por los profetas como los enemigos de Israel.

Los héroes del Tanaj son generalmente pastores, personas que cultivan y nutren animales en lugar de meramente perseguirlos. Abel encontró favor ante Dios gracias a esto; subsecuentemente, nuestros tres patriarcas, al igual que el Rey David, fueron pastores.

La Torá no prohíbe cazar; es más, habla sobre cazar animales salvajes por alimento (Levítico 17:13): "Si algún hombre, ya sea de la familia de Israel o un prosélito que se les una, caza un animal o un ave que puede ser comido y derrama su sangre, debe cubrir [la sangre] con tierra". Pero debes notar que el versículo es cuidadoso en especificar que la presa es un animal que puede ser comido; e incluso en ese caso, el animal no puede ser matado por el cazador, sino que debe ser degollado ritualmente igual que un animal doméstico. Más aún, en este caso la Torá da el mandamiento especial de cubrir la sangre. Esto está por encima y más allá de la prohibición general de comer la sangre, descrita extensamente en la misma sección; ambas tienen el objetivo de asegurar que comer la carne no se convierta en una búsqueda "sedienta de sangre", un peligro que es aún mayor en el caso de cazar, incluso si se trata de la variedad permitida.

Creo que la perspectiva del judaísmo sobre la caza es bien resumida por la gran autoridad del siglo 18, Rav Iejézquel Landau, a quien un congregante le preguntó si la caza por deporte estaba permitida. Rav Landau concluyó que la caza no sería considerada crueldad para con los animales siempre y cuando estos fuesen matados rápidamente y sin ser torturados. Pero concluye diciendo: “Estoy muy sorprendido por todo el tema; no encontramos cazadores [en nuestra tradición] fuera de Nimrod y Esav, y ese no es el camino de los hijos de Abraham, Itzjak y Yaakov… Hay algo impropio en ello, brutalidad y también una dosis de peligro… Por lo tanto, quien me quiera escuchar morará segura y plácidamente en su hogar sin desperdiciar su tiempo con tales cosas” (1).

Las consideraciones principales involucradas aquí son el tipo de carácter que la persona desarrollará o expresará a partir de la caza. Ciertamente hay un desafío deportivo en la batalla de ingenio y artimañas contra los animales, y si se realiza de acuerdo a las reglas, la caza no debería ser nociva para el ecosistema. Pero, a pesar de eso, el objetivo principal es matar a la presa, lo cual podría provocar que la persona desarrolle una tendencia a la crueldad o a la agresión.

Cazar también puede ser más peligroso que otros deportes, por lo que no concuerda con el énfasis extremo que pone el judaísmo en el valor de la vida humana. Así, incluso en las instancias en que no hay ninguna prohibición específica, Rav Landau expresa preocupación por la brutalidad y el peligro e insta a encontrar un pasatiempo más productivo.

FUENTES: (1) Responsa Nodé beYehudá II Ioré Deá 10.