P. Estoy evaluando la posibilidad de dejar mi trabajo, buscando algo con más potencial de crecimiento. Pero mi empleadora depende mucho de mí, y me ha ayudado mucho. ¿Es ético que la deje en banda?

R. Esta es una pregunta que recibo muy a menudo. La gente quiere un trabajo que le dé más oportunidades de crecimiento espiritual – un trabajo que les deje más tiempo para estudiar Torá, o uno que les permita estar en una comunidad que los nutra más en el ámbito espiritual.

Una vez tuve una breve discusión sobre este tema con una líder judía prominente. Me dijo que hace algunas generaciones esta pregunta no era preguntada nunca. Las personas se enorgullecían con sus trabajos, y los tomaban con seriedad, pero sólo ahora se sienten subordinadas a ellos. Yo no comparto esta perspectiva, pero vale la pena analizar si esto es realmente un fenómeno moderno.

La ley escrita sobre este tema es muy clara. Fundamentalmente, todo trabajador tiene permitido renunciar a su trabajo cuando quiera, y a ser indemnizado por el tiempo que trabajó.

Un trabajador tiene permitido retractarse incluso en el medio del día. Mientras no se haya retractado, está sujeto a la autoridad del empleador, la razón por la que puede retractarse es diferente [no porque el empleador carezca de autoridad]. Así como está escrito (Levítico 25:55) "Porque los hijos de Israel son Mis esclavos" – y no esclavos de esclavos (1).

Este versículo demuestra que la base de la libertad humana es nuestra subordinación a Dios. Dado que el judaísmo rechaza la esclavitud, y dado que la labor forzada, por el tiempo que sea, es comparable a la esclavitud, el trabajador tiene derecho a retractarse.

Hay ciertas excepciones, a las que la Mishná se refiere como "casos de pérdida". Todos estos son casos en donde el acuerdo inicial de trabajo creó una situación en la que una renuncia podría causarle una pérdida real al empleador. Por ejemplo, en el tiempo de la Mishná, las ropas eran lavadas poniéndolas en un baño cáustico. Si el trabajador, que es experto en este rubro de comercio, no hubiera aceptado trabajar, el empleador no hubiese lavado ninguna prenda. Pero una vez que el empleado comienza a trabajar y pone las prendas en la bañera, si renunciara y las dejara ahí se arruinarían. Por esto, este es un caso de pérdida.

Otro ejemplo son los músicos de una boda. Si una banda no acepta, no origina ninguna pérdida, porque siempre se puede conseguir otra. Pero si la banda cancela en el último minuto, conseguir otra de un momento a otro puede ser muy caro por lo que la cancelación puede causar una pérdida. (2)

Ahora bien, esta es la ley estricta, pero eso no significa que ser un trabajador concienzudo y no dejar a tu empleador en una mala situación no tenga ningún valor. Consideremos el ejemplo de uno de nuestros sabios más grandes, Rabí Eliezer ben Hórkenus:

¿Cómo fue el comienzo de Rabí Eliezer ben Hórkenus? Él tenía 22 años y no estudiaba Torá. Una vez dijo: Voy a ir a estudiar Torá donde Rabán Iojanán ben Zakai. Hórkenus, su padre, le dijo: No puedes comer nada hasta que hayas arado un surco completo. Se levantó a la mañana temprano y aró un surco completo. Se dice que ese día comió en lo de su suegro, y algunos dicen que ese día no comió nada… Luego, él [caminó hasta Jerusalem y] fue a su posada, y fue y se sentó delante de Rabán Iojanán ben Zakai. (3)

Rabí Eliezer ben Hórkenus era un hombre adulto, y era libre de hacer lo que quería. Vemos que no aró el surco para poder comer en la casa, porque igualmente comió en lo de sus suegros, o no comió. Sólo quería completar con su apremiante tarea por una cuestión de rectitud. No desapareció sin terminar su asignación más inmediata, pero tampoco se quedó por mucho tiempo.

Creo que este es un buen ejemplo para alguien que está considerando cambiar su situación laboral por alguna que presente más oportunidades de crecimiento espiritual. No hay razón para sentirse atado al lugar de trabajo, después de todo somos esclavos de Dios y no de nuestros jefes. Al mismo tiempo, por una cuestión de consciencia, por lo general es justo y apropiado coordinar la partida con el empleador, y terminar las tareas apremiantes para no dejar a tu empleador en una mala situación.

Dejando de lado la ética, siempre es prudente pensar muy bien antes de abandonar tu trabajo. Los trabajos buenos no crecen en los árboles, y cada tanto recibo cartas de personas que dejaron empleos adecuados sin planear lo suficiente, y luego se encontraron en apuros. Quedarse en el lugar no es una obligación ética hacia el empleador, pero a veces es la decisión prudente.

FUENTES: (1) Talmud Babilónico Baba Metzía 116b (2) Mishná Baba Metzía 6:1. (3) Avot de Rabí Natán capítulo 6.