P. ¿Qué dice el judaísmo sobre la tendencia de nuestra cultura de convertir a los intelectuales públicos en héroes?

R. Hemos discutido previamente la tendencia popular de idolatrar a los artistas. Basándonos en la discusión del Talmud, concluimos que hay una línea muy delgada entre la adoración y la idolatría. Los sabios del Talmud sospechaban mucho de los eventos culturales y deportivos.

Por el contrario, los sabios judíos de la antigüedad tenían gran admiración y reconocimiento por la sabiduría secular. Sin embargo, incluso aquí hay que saber en dónde trazar la línea entre respeto y veneración.

En el último capítulo del tratado de Berajot ("Bendiciones"), el Talmud discutió las distintas bendiciones que son recitadas cuando vemos cosas o individuos destacables. Allí aprendemos:

El rabino enseñó: Quien ve a un erudito de Israel debe recitar: "Bendito sea Quien comparte Su sabiduría con quienes Le temen". [Quien ve] a un erudito de las naciones debe recitar: "Bendito sea Quien le dio Su sabiduría a [hombres de] carne y hueso" (1).

Si bien las palabras de las bendiciones distinguen entre un erudito de Israel y uno de las naciones, el contexto y las legislaciones subsiguientes dejan en claro que la distinción relevante está entre un erudito de la sabiduría de Israel (un erudito en Torá), y un erudito en sabiduría secular, cualquiera sea su fe.

Y si bien las bendiciones son similares en la superficie, los comentaristas resaltan dos sutiles diferencias:

Al ver un erudito en Torá, decimos que Dios "comparte" Su sabiduría. A pesar de que el erudito en Torá haya adquirido sabiduría divina, esta nunca está separada de su fuente Divina. Pero respecto a la sabiduría secular, decimos que Dios "dio" de Su sabiduría: Dios es el creador del mundo y de la sociedad humana, por lo que las leyes de la naturaleza y de las ciencias sociales también se originaron en Él. Pero los seres humanos pueden llegar a entenderlas por si mismas, de manera independiente, sin asociarlas conscientemente con su Autor.

Nos referimos a un erudito en Torá como alguien que "Le teme" a Dios; mientras que a un erudito secular solamente como "carne y hueso". Esto expresa otra diferencia entre los dos tipos de sabiduría. El estudio de Torá no sólo llena a una persona así como un líquido llena un receptáculo. La personalidad, e incluso la identidad de la persona, lo preceden y lo siguen. Es imposible adquirir conocimiento de Torá sin una base de devoción, sin temor a Dios y sin reconocer que Él es el Autor de la Torá. Más aún, el estudio mismo no deja a una persona sin cambiar, sino que profundiza su sentido del temor reverencial. Entonces, cuando vemos a un erudito en Torá, podemos estar seguros de que es una persona cuyo carácter está definido por su estudio. En contraste, un erudito secular puede obtener mucho conocimiento y entendimiento y puede llegar a ser el objeto de una bendición, pero en términos de carácter puede ser exactamente igual que el resto de la humanidad de carne y hueso.

Por supuesto, las dos diferencias están muy relacionadas. Dado que la sabiduría en Torá permanece íntimamente relacionada con Dios no puede ser adquirida por una persona que no es piadosa. La sabiduría secular se originó en Dios, pero dado que Él se separa de ella, se puede adherir a seres humanos perspicaces, más allá de que sean temerosos de Dios o no.

Podemos inferir que la misma distinción aplica a quien quiere adquirir cada tipo de sabiduría. El erudito en Torá le debe su sabiduría a la conexión constante con Dios; de la misma manera, sólo podemos adquirir la sabiduría por medio de una conexión personal con el erudito. Pero la sabiduría secular puede ser adquirida sin tener necesariamente ninguna conexión espiritual ni emocional con la persona que la transmite.

Habíamos visto antes que mientras que el entretenimiento tiene algo de legitimidad, el judaísmo fundamentalmente tiene una actitud de sospecha hacia él. Con la sabiduría secular, como la matemática u otra ciencia, no ocurre lo mismo. La tradición judía tiene un profundo respeto por estos logros académicos, tanto que al ver a alguien que alcanzó un nivel único de conocimiento en estas áreas recitamos una bendición especial, invocando el nombre de Dios para expresar nuestra admiración por el gran conocimiento que Dios le ha concedido.

Pero también aquí hay una clara distinción. Por un erudito secular, sentimos admiración – nos conmueve su gran logro y agradecemos a Dios por haberle permitido acumular un conocimiento tan grande y útil. Pero veneración tenemos sólo por un erudito en Torá – reconociendo que su sabiduría aún está íntimamente ligada a Quien la creó y la concedió.

FUENTES: (1) Talmud Babilónico 58a.