Me diagnosticaron con inexplicable infertilidad secundaria, una condición en la cual parejas que ya han tenido un hijo de manera natural, sin razón aparente, no pueden tener otro. Estadísticamente, la mayoría de las parejas con este diagnóstico conciben dentro de dos años, pero nosotros ya llevamos tres.

He realizado interminables búsquedas en Google con esperanza de encontrar una historia similar a la mía. Encontré un montón de foros y blogs de mujeres que sufren de infertilidad, algunas de ellas con finales felices y algunas no. Pero en su gran mayoría, nadie con quien me pueda identificar. Me sentí sola y estaba buscando desesperadamente una voz similar a la mía que me diera esperanza y fe. Muchas personas te dirán que conocen a alguien que está pasando por lo mismo o que pasó por lo mismo, pero ¿Dónde están? ¿Por qué no hablan y dan a conocer su historia?

Yo decidí ser esa voz. Sé cuán difícil puede ser este camino cuando lo recorres sola; sintiendo como si Dios te estuviera castigando, sintiendo como si todos estuviesen mirándote y preguntándose por qué estás esperando tanto. Escuchando comentarios como "No esperes demasiado para darle un hermano, si no ella será malcriada". Sé que no tienen intención de herir, pero hiere. Mucho.

Empecé este camino hace casi tres años, unos meses después de que mi hija cumpliera dos años; yo tenía 26 años en ese momento. Quedar embarazada de ella fue bastante fácil. Tuve un embarazo increíblemente fácil y un parto muy rápido. Pensé que no tomaría nada de tiempo quedar embaraza nuevamente.

Pasaron meses y las pruebas de embarazo seguían saliendo negativas. Sabía que debía ir al doctor, pero parte de mí no quería aceptar que algo podía estar mal. Después de ocho meses sin éxito fui a ver a mi doctor. Él hizo todo tipo de exámenes, tanto a mí como a mi esposo, y no encontró ningún problema, así que me mandó a un endocrinólogo reproductivo (ER). Pospuse la visita durante dos meses porque aún estaba rehusándome a aceptar que necesitaba asistencia médica para tener un hijo. Finalmente, a los diez meses, fui.

Como psicóloga en una prisión de mujeres, encontraba mujeres que eran adictas a las drogas y estaban embarazadas.

Tuve mi consulta inicial y el doctor parecía optimista de que unas cuantas series de Clomid (una droga de fertilidad) resolverían el problema. Tres series de la droga con dos inseminaciones intrauterinas después y aún no hay embarazo. Yo me desanimé y no los llamé de nuevo para el próximo ciclo.

Decidí que trataríamos por nuestra cuenta por un tiempo. Comencé a llevar registro de mi temperatura basal de cuerpo. Este método ayuda a predecir la ovulación basado en cambios de temperatura del cuerpo en reposo. Después de seis meses de registros aún no había embarazo.

Durante ese tiempo yo estaba en una montaña rusa emocional. Estaba trabajando como psicóloga en una facilidad correccional para mujeres. El trabajo era estresante por varias razones, pero en gran parte porque diariamente me encontraba con mujeres encarceladas que eran adictas a las drogas y estaban embarazadas. No podía entender la justicia en eso. Empecé a dormirme llorando todas las noches, despertándome en la mitad de la noche con ataques de pánico o simplemente llorando, llorando mientras conducía al trabajo, y llorando en silencio en mi oficina durante el trabajo. Pronto las lágrimas se transformaron en rabia. Estaba furiosa con toda persona con quien me encontraba. Estaba enojada con mis clientas. ¿Cómo podía Dios darles a ellas un hijo y no a mí? Eventualmente tuve que dejar el trabajo porque estaba teniendo un costo muy alto para mi salud mental y estaba muy resentida con Dios.

Yo estaba enojada con mis amigas que me dijeron que estaban esperando su segundo solamente después de unos cuantos meses. Yo estaba enojada con mi cuñada que me dijo que estaba esperando el cuarto, y luego mi otra cuñada hizo su anuncio de embarazo no mucho después. Estaba especialmente enojada con mi esposo. No tenía ninguna buena razón para la rabia más que el hecho de que hacía su dolor menos doloroso para mí, pero él también sufría con esto y culparlo a él no estaba cambiando la realidad de la situación. Yo aún no estaba embarazada.

Luego del nacimiento de mi sobrino, no pude controlarme. Tenía este constante sentimiento pesado en mi pecho y no podía sacar las lágrimas de mis ojos. El dolor era tan fuerte que no podía controlar cuándo y dónde dejarlo salir. Cada hito o simjá familiar estaba teñida con este dolor. Cada fiesta de cumpleaños de mi hija era amarga para mí. Sí, ella está creciendo gracias a Dios, pero ella aún está sola.

Cedí a la presión y regresé con el ER y comencé rondas de inyecciones de fertilidad. Mi esposo me ponía inyecciones cada noche. Me despertaba a las 6 AM para exámenes de sangre y ecografías todos los días, sufriendo de terrible hinchazón, ovarios inflamados, un aumento de peso de entre 3 y 5 kilos (¡por lo menos!), calambres y fatiga. Tres rondas después y aún ningún embarazo.

Ya dejé de arruinar mi vida y mi matrimonio con rabia, celos, y negatividad. Voy a recuperar mi vida.

Dejé de hacerme exámenes de embarazo hace meses. Doy caridad extra, separo jalá con bendición casi cada semana, enciendo velas extras de Shabat y rezo intensamente. También he ido donde muchos rabinos para bendiciones. Fui a Israel y recé en el Muro de los Lamentos e incluso fui a Benei Barak y perseguí a la Rebetzin Kanievsky (literalmente) con mi hija en mi cadera y me quebré en llanto mientras le rogaba por una bendición. Ella me abrazó y me dijo que rezara.

Dejé de jugar el juego de la culpa; dejé de estar enojada con Dios y sentir como que estoy siendo atormentada o condenada a un sufrimiento eterno. Ya dejé de arruinar mi vida y mi matrimonio con mi rabia, celos y negatividad. No tengo más energía para eso. Dejé de llorar cada noche (ahora solamente lloro una o dos veces al mes). Dejé de estar avergonzada de mi condición. Dejé de sentirme sola y aislada. Dejé de evitar esas preguntas de "¿Y cuándo van a tener otro?".

Quiero recuperar mi vida. Quiero disfrutar los dos hermosos regalos que Dios ya me ha entregado en bandeja de plata y ha dicho "Aquí tienes, ¡que tengas una vida increíble!". Los regalos a los que no les he prestado atención durante los últimos tres años porque he estado demasiado ocupada estando deprimida. Ellos son mi dulce, amoroso, sensible y brillante esposo y mi hermosa, increíble y asombrosa hija.

Comencé a retomar mi vida hace ocho meses y aunque aún duele cada mes cuando veo que no he sido bendecida con otro hijo, aún puedo tener la esperanza y rezar mientras disfruto las bendiciones que ya tengo. Sé que Dios tiene un plan y que hay una razón para la situación en la que estoy en este momento. Incluso aunque no la entiendo, estoy aprendiendo a aceptarla. Dios siempre me ha sacado del apuro antes; no hay razón para que yo empiece a creer lo contrario ahora.

Comparte el dolor de otras personas y no des nada por sentado.

Por el momento, he aprendido muchas lecciones, la más importante es compartir el dolor de otras personas. Antes cuando las cosas eran geniales yo escuchaba que alguien estaba enfermo y me sentía mal por un breve instante, pero luego continuaba con mi vida. Todo era tan perfecto, que nunca pensé en realidad en el dolor y la tristeza de otras personas. Ahora rezo por otros antes de rezar por mí. Me duele cuando escucho que otros sienten dolor. También me recuerdo a mí misma de contar mis bendiciones diariamente y no dar nada por sentado. Más que nada, he aprendido a estar agradecida por la buena salud, porque estoy aprendiendo de la forma difícil que está completamente fuera de nuestras manos.

Finalmente, para aquellas de ustedes que no sufren de esta condición, por favor sean sensibles con sus familiares y amigas. Preguntar o hacer comentarios puede ser completamente inocente, pero muy doloroso para ellas. Recen para que Dios las bendiga con hijos sanos en el momento apropiado.

Por favor recen por mí y sepan que si están en esta situación, no están solas. Puedes agregar tu nombre en la sección de comentarios más abajo para que podamos rezar por ti y con esperanza compartir buenas noticias pronto.