Probablemente te habrás dado cuenta de que hay mujeres en la universidad o en el trabajo cubiertas más de lo normal, usando por ejemplo, faldas largas o camisas con mangas que les cubren hasta los codos.

¿De qué se trata? ¿Es cuestión de moda? ¿Una cuestión religiosa? ¿O es una tendencia feminista posmodernista?

En cada cultura, la ropa es un requerimiento básico. Inclusive en las junglas ardientes de África, los habitantes visten un mínimo de ropa. Sin embargo, en ningún lado los animales se visten. ¿Por qué? ¿Qué tienen que ver los seres humanos con la ropa? ¿Por qué en todos los tiempos y culturas han estado juntos?

La verdad es que no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que los seres humanos no utilizaron ropa alguna, aunque fue por muy poco tiempo: Adán y Eva antes del pecado, paseaban por el Jardín del Edén desnudos:

"Y estaban los dos desnudos, el hombre y su esposa, mas no estaban avergonzados" (Génesis 2; 25).

Sin embargo, después del pecado tomó lugar un cambio en sus sentimientos en cuanto a la ropa (o sobre la falta de ella):

"Y sus ojos fueron descubiertos, y ellos vieron que estaban desnudos, y cosieron hojas de higos" (Génesis 3; 7).

¿Qué fue lo que causó el cambio de actitud sobre lo "natural"? ¿Qué causó la necesidad de cubrirse? La raíz de la respuesta está en el entendimiento del pecado de Adán y Eva.

De acuerdo a los comentaristas, como consecuencia de la acción de comer la fruta del árbol del conocimiento, la tendencia de hacer el mal fue internalizada dentro de la psiquis humana. Anteriormente, tenían que elegir intelectualmente lo que era bueno y malo, pero el mal estaba fuera del cuerpo. Era una cuestión filosófica, no un impulso interno o un deseo emocional.

Antes del pecado, el alma de una persona se expresaba por medio del cuerpo. El cuerpo y el alma estaban en armonía uno con el otro. Por ejemplo, cuando el alma quería rezarle a Dios, el cuerpo se levantaba temprano y rezaba. Cuando el alma quería estudiar y crecer de una manera más efectiva, el cuerpo se alimentaba de comidas sanas y se cuidaba a sí mismo para proveerse de lo necesario y llenarse así de energía.

Esquizofrenia Después del Pecado

Ahora, después del pecado, existe una dicotomía. Casi una esquizofrenia. El alma de la persona quiere rezar, pero su cuerpo se opone, se da la vuelta y apaga el despertador. El alma lucha por perfeccionarse, pero el cuerpo quiere comer pastel de chocolate, ver televisión ¡y recostarse en la playa!

El cuerpo ya no está al servicio del alma, ya no se apresura a hacer lo que se le pide. No sólo ya no es un reflejo del alma, sino que ahora trabajan en objetivos opuestos.

¿Qué tiene que ver todo esto con el recato, la vestimenta y el cubrirse?

Cuando Adán y Eva estaban en el Jardín del Edén, sus cuerpos eran un espejo de sus almas, no había necesidad alguna de cubrir esa inocente expresión de espiritualidad de la imagen de Dios dentro de un ser humano.

Sin embargo, una vez que el mal fue integrado al hombre, el cuerpo vino a representar algo opuesto al alma. Ver al cuerpo ahora puede distraer al observador de enfocarse en su ser interno, y en lugar de eso se enfocará sólo en lo físico, en lo externo y lo superficial.

Fue necesario desenfatizar lo físico para poder enfatizar lo espiritual, es decir cubrir al cuerpo para que el alma pueda brillar.

El Recato, el Hombre y la Santidad

¿Por qué parece ser que el recato se aplica más a las mujeres que a los hombres? ¿No es esta falta de armonía entre el cuerpo y el alma aplicable de la misma forma a hombres y a mujeres?

Sí, el recato se aplica a todos:

"(Dios) te dice: Ser humano, ¿qué se requiere de ti?: hacer justicia, amar la bondad y encaminarse con recato con tu Dios" (Mijá 6; 8).

"...Y con los modestos reposa la bondad" (Proverbios 11; 2).

En el judaísmo los actos más heroicos fueron hechos en privado, sin fanfarrias, publicidad o presunción, cualidades que representan lo opuesto a la esencia del recato.

Por ejemplo: la akedat Itzjak - la atadura de Itzjak realizada por su padre Abraham, o la pelea de Iaacov con el ángel, son eventos que aunque marcaron el momento máximo de la vida de los patriarcas - no ocurrieron en público.

Sin embargo, cuando el recato involucra la cuestión de la vestimenta y el hecho de cubrir el cuerpo, tiene muchas más ramificaciones para el género femenino, así como para los estudiosos de la Torá y para el Tabernáculo, el lugar donde reposaba Dios en el desierto:

"Los estudiosos de Torá deben tener un recato extra en su ropa y en su comportamiento" (Derej Eretz Zuta 7).

"Desde el día en que el Tabernáculo fue construido, Dios dijo: "El recato es apropiado" (Midrash Tanjumá, Bamidbar 3).

¿Qué tienen en común los estudiosos de Torá, el Tabernáculo y las mujeres?

Los estudiosos de Torá, son seres humanos que tienen garantizado un grado de admiración debido a su gran conocimiento de Torá, hasta el punto que representan la palabra de Dios en la tierra, o la santidad, y por ende se merecen ese respeto.

Sin embargo, si nos dejamos llevar por su carisma, buenas miradas, manera de hablar, no podremos discernir su santidad interna, estaríamos envueltos en un tipo de idolatría en donde nuestra reverencia estaría mal enfocada.

Por lo tanto, los estudiosos de la Torá tienen la obligación de ser mucho más recatados que el resto de las personas, para que de esa manera no nos distraigamos por su apariencia y presencia - pues si ella es muy llamativa, puede oscurecer su esencia verdadera.

Similarmente, el Tabernáculo representa el lugar de reposo de Dios en la tierra. Su edificación y sus elementos internos fueron hechos con los mejores materiales: oro, plata, cobre, piedras preciosas, etc. Si viéramos ese Templo como un mero edificio carente de contenido espiritual, estaríamos adorando a madera y piedras; distorsionando la realidad y el propósito por el cual el Tabernáculo fue construido.

Consecuentemente, todos los elementos del Mishkán requerían coberturas para desenfatizar el reluciente y elegante exterior, y así poder tener la oportunidad de ver lo espiritual por debajo de la superficie.

El Recato y las Mujeres

Y aquí es donde entran las mujeres.

De acuerdo al judaísmo, las mujeres, tienen una característica especial llamada en hebreo "biná", y la podríamos traducir como "un entendimiento profundo". En la Torá, las mujeres son ejemplificadas teniendo un mundo interno muy rico, poseyendo un poder único de influenciar el carácter de las personas, y teniendo una percepción y una visión que está más allá de la lógica, de los hechos externos y las superficialidades.

Si las mujeres fueran vistas externamente, carentes de un carácter interno y de espiritualidad, se les estaría quitando su fuerza y su regalo tan único. Existe el peligro de que ellas sean degradadas y convertidas en objetos.

De hecho, vemos que las culturas que admiran a las mujeres por sus características físicas, finalmente las degradan y se aprovechan de ellas.

En vista de esta posibilidad tan peligrosa - sumada a una gran tendencia dentro de los hombres en notar lo físico y externo, y ser estimulados visualmente - las mujeres harían bien en desenfatizar sus cuerpos en función de poder enfatizar lo que es su verdadera belleza, sus virtudes internas; sus almas.

"Todo el honor de la hija del Rey está adentro" (Salmos 45; 14).

Claro está que nada de esto implica que las mujeres no deban verse bonitas.

De hecho, una vez que lo físico no está distrayendo, y la santidad interna es notada, es una mitzvá glorificar el "recipiente" para santificar la mitzvá, la representación de la espiritualidad.

Así como el Tabernáculo era increíblemente atractivo y un estudioso de la Torá está obligado a darle a su apariencia física una prioridad mayor, también la mujer - un "recipiente" apropiado para un gran contenido - se ve engrandecida por una agradable apariencia externa. Sin embargo, debe ser una apariencia externa que refleje un contenido espiritual, no una cáscara vacía.

Muchas de las ideas de este artículo fueron extraídas de la clase: "El Concepto del Recato", del Rabino Zev Leff.