Yo estaba en un almuerzo de Bar Mitzvá un caluroso día de Shabat, buscando desesperadamente por un lugar fresco para que mi marido y yo pudiéramos sentarnos. Al acercarme a una mesa aparentemente vacía me sorprendí cuando la niñera de alguien dijo, "No puede sentarse aquí, es para los bebés".

Eventualmente pudimos agregar algunas sillas y hacer espacio, pero eso por supuesto no es una gran historia.

Mientras avanzaba la comida los niños se volvieron más y más salvajes y su desesperada madre se agotaba cada vez más. Ellos gritaron, patearon, tiraron de la ropa de su madre, demandaron – e hicieron un gran desastre. ¿Dónde estaba esa niñera tan servicial ahora, me preguntaba?

Finalmente la madre acudió a mí en desesperación y me preguntó. "¿Tiene usted hijos? ¿Cómo tiene paciencia? Yo leo todos los libros, pero cuando llega el momento de ponerlos en practica, me olvido".

"Bueno", comencé, "para empezar, dejé a mis niños en casa".

Para esta madre de cuatro niños pequeños (¡con niñera!), el camino apropiado habría sido asistir al evento sin sus hijos. Ellos claramente no estaban obteniendo ningún beneficio de la experiencia (de seguro no era un maravilloso momento madre-hijo) mientras simultáneamente destruían toda oportunidad de que ella lo disfrutara.

Pero había una lección más profunda involucrada aquí, una que no tenía el coraje de decirle (quizás si la hubiera conocido mejor).

Si les enseñamos a nuestros hijos desde una edad temprana que el mundo gira alrededor de ellos, este es el resultado. Tan pronto como me dijeron que las sillas para niños de dos y tres años tenían precedencia por sobre las sillas para el Rabino y la Rebetzin, o para cualquier adulto, supe que ellos estaban en problemas.

Si los niños no aprenden tempranamente a mostrar respeto por los adultos, probablemente nunca lo harán. Y esta actitud se demostrará en primer lugar hacia sus madres.

Yo no sé por qué ella estaba tan sorprendida. Ellos se estaban comportando exactamente como ella les había enseñado a comportarse. Si ella interrumpe cada conversación entre adultos para hablar con sus hijos (¡¿puedo expresar cuán insoportable es que alguien comience una larga conversación con sus hijos mientras yo estoy al otro lado del teléfono?! ¿Acaso ellos no pueden esperar unos cuantos minutos?), si ella (o su niñera) saltan para traerles cualquier alimento que ellos señalan, si ellos lo comen con completa indiferencia causando un desorden, si los asientos de ellos tienen precedencia frente a las necesidades de alguien mas, entonces este es el resultado final. Así como el Dr. Frankestein, no deberíamos sorprendernos de haber creado un monstruo – o dos.

Pero, ¿cómo ocurre esto?

Puede ser que debido a que amamos tanto a nuestros hijos, nuestra respuesta instintiva es darles – sin preguntarnos si esta entrega es realmente buena para su carácter.

Puede que inicialmente decir "sí" parezca más fácil que decir "no". Hasta que vemos a donde lleva la falta de disciplina y nos damos cuenta que unos cuantos pequeños "no", nos hubieran ahorrado algunos grandes "no" más tarde.

Puede ser que estamos demasiado ocupados siendo amigos de nuestros hijos como para ser sus padres. Puede ser que no tenemos buenos modelos de conducta, que nosotros también somos malcriados y excesivamente consentidos, que al pensar que el mundo gira alrededor nuestro, el próximo paso lógico es pensar que gira alrededor de nuestros hijos.

¿Todas las anteriores? ¿Alguna combinación? ¡Mira como la infancia nos moldea! (¡incluso las pruebas de alternativas nos persiguen por siempre!)

Cualquiera sea la causa, el resultado es un desastre. El sentido de derecho puede dominar y distorsionar sus vidas por completo. Hay una frecuente mención en la sección económica de los periódicos acerca de una generación que fue criada con esta actitud, esta generación realmente está luchando en el lugar de trabajo. Se presentan frente a los posibles empleadores con expectativas y demandas en vez de suplicas y peticiones. Ni siquiera se dan cuenta de que tienen algo que aprender, de que su jefe tiene algo que enseñarles.

A pesar de que ya dejamos de lado el concepto Freudiano de culpar a la madre por todo, este problema existe hoy en día en relación a los padres en conjunto. Le hemos enseñado a nuestros hijos a tomar en vez de entregar, a desear en vez de apreciar, a sobrevalorarse a ellos mismos y a desvalorizar a sus padres y maestros.

Y no solamente en el lugar de trabajo. Todas las relaciones serán impactadas negativamente por esta actitud de "yo voy primero", (si es que existen relaciones del todo). Puede parecer trivial pero comienza con el supuesto de que el derecho de un niño de tres años sobre un asiento tiene precedencia sobre el de una persona de 50...