Nunca falta. En todas las despedidas de soltera o en las sheva brajot, alguien menciona el consejo de su abuela de "no irse a acostar enojada". No estoy segura de por qué parece ser la perspectiva de las abuelas o si a nuestras abuelas les gustaba quedarse despiertas hasta tarde. Tampoco estoy segura de por qué actualmente personas felizmente casadas le dan crédito a este proverbio.

Por mi parte no me parece que esta sea la mejor estrategia para un matrimonio exitoso. En la noche problemas aparentemente triviales parecen tener más importancia. Las lágrimas, los gritos y las recriminaciones se intensifican. Y lograr una resolución es difícil. Todo se prolonga, agonizando entre idas y venidas hasta que en definitiva el cansancio pone fin al diálogo.

A la luz del día, muchos de los temas que parecían tan cruciales la noche anterior, que causaban tanta división y que eran tan importantes emocionalmente, parecen insignificantes. La brecha entre los esposos pareciera haberse acortado. La intensidad emocional aparentemente ha disminuido.

Todos compartimos esta experiencia porque existe una realidad emocional y espiritual en el día. De acuerdo al entendimiento judío, no es coincidencia que Pesaj ocurra en la primavera. Dios creó el mundo de tal manera que la renovación espiritual está ligada de forma inseparable al renacimiento espiritual de Su pueblo. E incluso más profundo, la oportunidad de libertad espiritual, que es la esencia de Pesaj, está más disponible durante ese tiempo. La realidad espiritual y la realidad física coinciden deliberadamente y funcionan alternadamente.

Así también con el día y la noche. No es sólo nuestra imaginación que nos hace asustarnos de la oscuridad. La oscuridad y nuestra "inclinación hacia el mal" están íntimamente ligadas. Nuestro lado "oscuro" tiene más poder durante la noche. Somos menos racionales, menos divinos, tenemos más miedo y somos más inestables.

En contraste, el amanecer trae esperanza y optimismo. Nuestra "inclinación hacia el bien" es la que domina. Estamos energizados y positivos. Esta no es únicamente una experiencia individual sino un reflejo de la realidad, una descripción de la creación.

Ve a dormir y observa el tema desde otra perspectiva, con la luz positiva y el ánimo del día.

Dado que nuestro mundo parece más desolado en la noche – física, espiritual y emocionalmente, tiene sentido que no sea el tiempo óptimo para resolver problemas maritales difíciles. Nos hundimos en un pantano de ansiedad, miedo y negativismo. El camino más sabio pareciera ser irse a dormir y observar el tema desde otra perspectiva, con la luz positiva y el ánimo del día.

Requiere autocontrol. Puede sentirse emocionalmente menos agradable. Puede no ser lo que nuestras abuelas decían (¿es cierto que la abuela de alguien lo dijo o es simplemente una atribución genérica?). Pero es la estrategia más prudente. Es el enfoque más maduro. Es el camino que está más sincronizado con el ritmo de la creación.

Sin importar cuán pesimista sea nuestra perspectiva en la noche, la luz del día siempre trae nueva esperanza y nuevas posibilidades. Es una bendición que Dios ha creado en este mundo. Debemos apreciar esta oportunidad y debemos utilizarla de forma apropiada.

No es que tengamos que acostarnos enojados. ¡Ciertamente sería mejor no estar del todo enojados! Pero si estamos enojados o en medio de un intenso desacuerdo, la alternativa más cuerda y sabia (a pesar de años escuchando ideas contrarias en las despedidas de solteras) sería posponer el tema hasta la mañana siguiente. Y dormir bien en la noche. Estoy segura de que este en un consejo que cualquier abuela daría.