Mi hijo de 13 años, Daniel, se ha disparado recientemente fuera de las tallas de zapatos de niños y ahora tiene pies del tamaño de una pequeña isla caribeña. Esa es una de las cosas graciosas acerca de los niños: sus cuerpos en crecimiento puede engañarte para esperar una conducta madura, pero sus psiques y emociones todavía tienen tamaño infantil. Sí, las apariencias engañan.

Ya no es un niño, aún no es un hombre. Ahí es donde se está balanceando mi hijo mayor. En realidad "encorvado" es quizás un término más exacto para describir su postura mientras estudia minuciosamente la sección deportiva del diario, memorizando más estadísticas y estudiando nuevas formaciones de la temporada deportiva.

Es una época de contradicciones, saltando de niño a adolescente. Él está creciendo más rápido que el bambú, así que probablemente tendré que mirar hacia arriba para gritarle de aquí al otro martes. Y aún, incluso con todo esto, ocupando esos zapatos enormes, él todavía me llama Mami. No durará por mucho tiempo más, así que es música para mis oídos.

Es una época de contradicciones para mí también. Esta semana, dejé de mala gana que Daniel tomara un autobús público solo por primera vez. A pesar de que mi hijo investigó la ruta, tenía más que suficiente dinero para sus viajes, y me llamó por teléfono apenas llegó a la casa de su amigo, mi estomago nervioso me dijo durante su ausencia que uno de nosotros aún no estaba preparado para esto.

La afinidad de nuestro hijo por hibernar en su habitación a puerta cerrada representa un desafío.

Daniel también demanda mayor privacidad, sin embargo yo también quiero mantenerlo más controlado que nunca. Los adolescentes se convencen de que ellos saben de todo – un atemorizante pensamiento mientras adquieren independencia. Yo pienso que Daniel puede realmente preguntarse como su papá y yo vamos por la vida, sabiendo lo poco que sabemos. Y debido a que los adolescentes repentinamente se sienten tan inteligentes, la influencia parental a menudo decae dramáticamente. Esto hace de la afinidad de nuestro hijo por hibernar en su habitación a puerta cerrada un desafío.

¿Qué tipo de música escucha él ahí adentro? ¿De qué está hablando con sus amigos? ¿Están hablando de chicas?, y ¿cómo están hablando de ellas? Estas son preocupaciones nuevas, pero como dice el viejo dicho: niños pequeños, problemas pequeños; niños grandes, problemas grandes. Resisto la tentación de pararme con mi oreja en la puerta, pero casi me da un escalofrío al recordar algunas de mis propias travesuras adolescentes que podrían haber provocado un ataque en mis padres si hubieran sabido de ellas.

Para obtener tranquilidad mental, algunas veces inspecciono la habitación de Daniel para encontrar pistas de su vida. Afortunadamente, las cosas más alarmantes que he encontrado son las torpes evidencias de sus incursiones a la despensa por la tarde, y algunos jeans que están pasados para una cita con la lavadora. Los fragmentos de música que escucho, o al menos lo que logro distinguir, también suenan bastante mansos, incluso si en mi opinión la banda está cometiendo un crimen contra la música. Y no he desenterrado ninguna versión adolescente de un pequeño libro negro, con números de teléfono garabateados junto a nombres de chicas como Dakota.

Sin duda alguna, uno de mis trabajos más difíciles es intentar proteger a mi hijo no sólo físicamente, sino espiritualmente. Tenemos una actual y crónica discusión acerca de la negación de mi esposo y mía de permitirle ver películas clasificadas con contenido que puede ser inapropiado para niños menores de 13 años o con clasificaciones más estrictas, una limitación que lo enfurece. Él aún no puede entender que lo que vemos y escuchamos nos influencia, para bien o para mal.

Ustedes saben, si yo realmente, realmente quisiera verlas, podría, desafió Daniel.

Lo sé, contesté yo. Pero, todavía cocino comida saludable por el bien de tu cuerpo, y mientras aún tenga influencia, quiero que las ideas a las que estés expuesto tengan algún mérito, o que por lo menos no sean completa basura. No tiene que gustarte, pero tienes que aceptarlo.

Cuando le aseguro que los adultos también viven con frustrantes restricciones, a él le parece un frío consuelo.

Vivir con un adolescente también me recuerda la clásica línea de Dickens, Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos. Mientras que yo a veces estoy melancólica por el pequeño niño que ya no es más pequeño, es emocionante ver su crecimiento físico, emocional e intelectual. Y cuanto me beneficio de su floreciente independencia. Puedo enviarlo al negocio de la esquina a comprar leche y fruta, y él ha demostrado su valor como niñera de último minuto. Podemos hablar acerca de temas maduros con un grado de sofisticación, e incluso estamos intercambiando libros. Hace algunas semanas, cuando mi madre falleció de cáncer, Daniel, de tan sólo 13 años, fue portador del féretro de su abuela. Ese fue el primer día en que comencé a verlo como un hombre joven.

Pero cuando Daniel me desafía acerca de una u otra regla de la casa, me desgasto rápidamente, sintiéndome a menudo como una defensora con un fiscal hostil persiguiéndome. Y no es solamente el tema de las películas lo que causa la fricción. Daniel es un fanático deportivo que sabe los salarios y las fechas de libertad condicional de una interminable lista de jugadores. Si dependiera de él, viviría mirando el canal de televisión deportivo ESPN todo el tiempo. Para su desgracia, yo limito estrictamente cuan a menudo puede ver el canal, y le dejo saber que desapruebo fuertemente a algunos de los iconos deportivos actuales de los cuales él lee tan vorazmente, cuya conducta dentro y fuera de la cancha es grosera o peor. Espero sonar más conversacional que sermoneando, pero soy optimista de que mientras él esté abierto a debatir conmigo, algo debe estar absorbiendo.

Ser madre de un adolescente joven puede sin embargo, proporcionar un buen entretenimiento. Durante el año pasado, Daniel descubrió, por si mismo, y a pesar de que yo le reiterara el punto diariamente durante años, la importancia de la higiene personal. ¡Es un verdadero hito de la crianza de hijos! Aunque no es competencia para ninguna niña adolescente, la rutina de baño de Daniel por la mañana incluye aplicar gel a su pelo con serio propósito, intentando conseguir que la pequeña curva de pelo en la frente quede bien. El otro día me sorprendí de ver unos suaves y oscuros cabellos sobre su labio. Sonrío para mi misma cuando tengo esto en cuenta. Que él esté haciéndose más grande me recuerda que yo también me estoy haciendo más grande, e intentando mucho que no se note. Vanidad, ¡tu nombre es Mamá!

Le agradezco a Dios que mi esposo es un padre maravilloso para nuestros cuatro hijos. Jeff es a menudo más paciente con Daniel que yo, probablemente porque son tan parecidos, y Jeff entiende sus debilidades tanto como su hombría mucho mejor de lo que yo puedo hacerlo. Sin intentar ser invasivos, Jeff y yo intentamos mantener la puerta de la habitación de Daniel abierta, literal y figurativamente. Jeff y Daniel juegan a las atajadas, organizan una sesión falsa de kárate y lucha libre. Cosas de las relaciones de hombres y una entrada para la conversación. Mis invitaciones a estar conectados son más tranquilas, tales como un juego de Scrabble, un ofrecimiento de ver una película, o preguntar acerca de uno de sus equipos favoritos.

Antes de decir buenas noches, le doy a Daniel un gran abrazo, un ritual importante que de alguna manera quedó de lado por demasiado tiempo.

Esto funciona cada vez. Los ojos de Daniel brillan de placer mientras me cuenta alguna actualización: ¿Sabía yo que su jugador favorito fue recientemente transferido con un contrato de 8 millones de dólares? ¿O que los Lakers tienen una oportunidad de ganar las finales? Aceptémoslo, el niño sabe que yo apenas puedo notar la diferencia entre un arco y un arquero, así que me halaga que quiera contarme.

Antes de decir buenas noches, le doy a Daniel un gran abrazo, un importante ritual que de alguna manera quedó de lado por demasiado tiempo. Déjenme decirles, un abrazo marca una diferencia significativa. Los abrazos y momentos de amor nunca han sido más importantes, en parte como antídotos a aquellas discusiones que se transforman en conflictos.

Mientras echo una mirada hacia el futuro, soy optimista de que nuestra relación sobrevivirá los momentos difíciles de los años adolescentes. Hace aproximadamente un mes atrás, regresé de un decepcionante día de promocionar un libro. Mientras gruñía por haber renunciado a un domingo con mi familia por este fracaso, Daniel dijo, está bien Mamá. Si tan sólo hablas con cinco personas nuevas cada día, eso es considerado como hacer buenas conexiones.

Ciertamente aprecié el consejo acerca de las conexiones, pero mucho más que eso me emocionó la inversión de roles de hijo consolando a padre. Es una nueva postura para Daniel. Él ya está más sintonizado con mis ánimos ahora, y rápidamente me pregunta si algo anda mal si es que siente que algo ocurre, mientras que los tres hijos menores permanecen más o menos ajenos.

Nuestra familia recientemente celebró el Bar Mitzvá de Daniel – el rito judío de pasaje que le da su estatus de hombre en su comunidad religiosa. Además de recolectar sus regalos, Daniel está ahora acumulando su propio historial espiritual por el cual solamente él es responsable.

El otro día, recordé la noche en que Daniel tenía solamente unas semanas de vida, y Jeff lo estaba cargando en su hombro en nuestro pequeño apartamento. Daniel comenzó a llorar, y cuando miré, me di cuenta de que su pequeño pie se había quedado atascado en el bolsillo de la camisa de Jeff. Esos pequeños piecitos están ahora dando pasos agigantados hacia la hombría. Yo tengo el privilegio de ayudar en el proceso.