No todos los trabajos son de 9 a 6. Pero todos necesitan una descripción del trabajo a realizar. Nadie contrata a un nuevo empleado sin explicarle sus metas y expectativas. Nadie contrata a un nuevo empleado sin asegurarse de que cumple con los requisitos.

Entonces, ¿Qué pasa si tu meta es ser una gran mujer judía? ¿Qué pasa si lo que te gustaría es ser la mejor esposa, madre, hija y amiga que puedas ser? ¿Quién define la descripción del trabajo? ¿Quién analiza tu currículum? ¿Quién determina si tienes las habilidades apropiadas?

El empleador último. El verdadero jefe. Dios nos dice que es lo que Él espera de nosotras. Él nos da una idea de los que podemos alcanzar y Él nos provee las herramientas para lograr nuestros objetivos. Incluso Él nos paga. No creo que el agente más rudo de Hollywood pueda negociar un mejor trato.

Al estudiar las vidas de nuestras matriarcas, aprendemos sobre nosotras mismas.

Ahora estás confundida. No recuerdas haber recibido un panfleto describiendo tus responsabilidades. Tampoco vez ningún folleto brillante. Ni siquiera un email. Sin embargo, Dios nos dio lineamientos. Sólo debemos trabajar un poco para encontrarlos.

Tenemos que abrir la Torá y estudiar la vida de las matriarcas. Al leer sobre las madres del pueblo judío, aprendemos sobre nosotras mismas. Descubrimos quiénes somos y quienes podemos ser. Se clarifica nuestro propósito y profundizamos sobre nuestro potencial y sobre nuestras herramientas prácticas. Observamos sus fortalezas – y sus debilidades – y aprendemos cómo construir sobre ellas.

Nunca exhausta ni cínica

Empecemos con Sara. Irónicamente, la parashá de la Torá que mejor ilustra su vida empieza con su muerte. “La vida de Sara fue de 100 años, 20 años y 7 años; los años de la vida de Sara” (Génesis 23:1).

No tienes que ser un especialista en español para reconocer esto como un lenguaje torpe. La Torá es concisa. No hay palabras extrañas. No hay permiso para la poesía. Dios no contrató a un mal editor. Entonces este modo extraño de expresión tiene que estar enseñándonos algo.

Sara mantuvo plena confianza a través de todos los desafíos que tuvo que enfrentar en su camino.

La tradición judía sugiere que Sara tenía la inocencia y pureza de una niña de 7 años de edad. No ingenuidad sino una profunda creencia en Dios y en la humanidad que permaneció inmaculada a lo largo de toda su vida. Su fe era pura y simple. Era parte intrínseca de su ser. No era sólo entendimiento intelectual, sino una realidad emocional. Y ella mantuvo esa plena confianza a través de todos los desafíos que tuvo que enfrentar en su camino – la muerte de su padre en el horno de Nimrod, dejar su tierra, la hambruna en la tierra de Israel, haber sido capturada por el Faraón y luego por Avimelej, la esterilidad, las burlas de Hagar y el casi sacrificio de su hijo Isaac.

¡Mi fe sufre desbalances cuando mi máquina de lavar ropa se estropea!

A través de todas sus pruebas, Sara nunca se rindió. Su creencia en su misión nunca flaqueó. A los 20 años de edad, ella creyó que podría marcar una diferencia en las vidas de otros y en el estado espiritual del mundo. Y lo creyó toda su vida. Nunca estuvo exhausta ni fue cínica. A los 20 tú creías que tenías el mundo a tus pies, que serías exitosa en cualquier cosa que desearas alcanzar. Cuando comienza el matrimonio, la familia y las presiones financieras, aprendemos a “adaptar nuestras expectativas” (un eufemismo fino para rendirse).

Sin embargo, Sara siguió peleando. Siguió tratando. Siguió creyendo y ayudando a otros, a pesar de los desafíos, los reveces y los rechazos. (¡Y tú piensas que es difícil hacer llamadas telefónicas de cortesía!)

Toda su vida Sara tuvo el profundo entendimiento y la sabiduría que usualmente sólo se adquiere a través de la experiencia. Tenía una percepción altamente afinada sobre las personas y el mundo, en parte debido a su intuición femenina y en parte a su alma sensible. Y ella utilizó esa sabiduría para enseñar a las mujeres sobre valores, sentido y sobre tener una relación con Dios. (¡Y tú piensas que las mujeres sólo hablan esas cosas con Oprah!)

Finalmente, el comentarista prominente, Rashi, dice que todos sus años fueron iguales. Todos sus días fueron iguales. Ella utilizó su tiempo al máximo, para lograr sus metas (¡y nunca compró una revista en la fila de la caja del supermercado!)

Ansias por bondad

Este es el comienzo de nuestra definición del "trabajo". Hemos heredado los genes espirituales de Sara por lo que tenemos una ventaja inicial y somos altamente calificadas para el puesto. Tal vez estamos sobre-calificadas dado que también heredamos los genes espirituales de Rebeca (tanto como los de Rajel y Lea).

Rebeca brilló en la cualidad de Jesed, de bondad. Cuando ofreció agua al cansado sirviente de Abraham y a sus camellos, estaba yendo más allá de lo que era su deber. No era una responsabilidad (“Es lo correcto. ¿Qué puedo hacer?”); era una alegría. Corrió a hacerlo de todo corazón. Si alguna vez has estado involucrado en trabajo comunitario, conoces la diferencia entre un “sí” a regañadientes (me agarraste) y uno alegre y servicial.

Rebeca quería estar constantemente inmersa en actos de bondad.

Y más allá de eso, aprendemos de Rebeca que ella cargó el balde de agua en sus hombros. Tal vez esa era la forma más fácil de transportarlo. Pero la tradición judía sugiere un motivo más profundo. Rebeca quería promocionar su deseo de ayudar. Ella estaba buscando oportunidades de hacer cosas por otros. Ella quería estar constantemente inmersa en actos de bondad. Ella lo ansiaba, entonces proclamó su disponibilidad. (¡Ella siempre contestaba las llamadas telefónicas!)

Y le ofreció agua a los camellos. Nosotras no estamos acostumbradas a saciar la sed de 10 camellos, pero puedo asegurar que ellos requieren mucha agua, lo cual involucra muchos viajes al pozo. ¿Cómo pudo una mujer joven como Rebeca siquiera ofrecerlo? ¿De dónde sacaría la fuerza y el aguante? Ella no se detuvo a hacer esas preguntas. Ella simplemente vio la necesidad y se apresuró a ayudar. Sin analizar la factibilidad o la posibilidad de hacerlo. Sólo un acto de bondad para hacer. Rebeca sabía que “si hay voluntad hay una forma de hacerlo” o en términos más judíos, “si empiezas la tarea, Dios te ayuda a completarla”. Ella perseveró con su fuerza y con su determinación y su deseo de ayudar a otros. Y nosotras también podemos.

Empecemos por aprender más sobre nuestra Torá y nuestra herencia – para así poder profundizar nuestro entendimiento de estos conceptos fundamentales. ¿Qué te parece 5 minutos al día?

Elijamos amigos y comunidades que compartan nuestras metas y valores, eso nos hace elevarnos en vez de hacernos caer. Pregúntate: ¿Hay alguna amistad que pueda buscar o profundizar hoy?

Sigamos perseverando hacia adelante, cada día, una hora a la vez, mientras trabajamos nuestro carácter. ¿Qué característica puedo trabajar hoy?

Expandamos nuestro involucramiento en Jesed. Comienza por sonreírle a tus vecinos. (¡Mejor aún, empieza por sonreírle a tu marido!) Trata de ayudar a lo menos a una persona al día.

Decidamos no rendirnos. Nuestras familias nos necesitan. Nuestras comunidades nos necesitan. El pueblo judío nos necesita. Debemos inspirar y levantar a otros. Sara nos enseñó que es posible. Rebeca lo tomó y vivió con eso. Ellas nos dieron una herencia. No la desperdiciemos.