“Los Bebés Saben: Un Poco de Suciedad es Buena”, escribe Jane Brody en el periódico The New York Times (27/10/2009). Ella se refiere a lo literal. Realmente ayuda a fortalecer su sistema inmunológico (¡y quita una cierta presión a las madres agobiadas por sus amigas con fobia a los gérmenes!)

Pero yo pienso que también es cierto metafóricamente.

Un poco de suciedad es buena para los niños – para comer, para que se caigan sobre ella, incluso para que se la pongan en la cara. Moderadamente por supuesto.

La vida es complicada. Enfrentamos muchos desafíos. Y nuestra labor como padres es darles a nuestros hijos las herramientas que necesitan para que sean capaces de enfrentar los desafíos de la vida de forma sana y apropiada.

A pesar de que el instinto es proteger, no les hacemos ningún favor a nuestros hijos si los rescatamos de todos los conflictos y los aislamos de todo disgusto. De todas formas no podemos hacerlo – pero deberíamos deshacernos del fuerte deseo de hacerlo.

Esta de más decir, que no me refiero a que debamos exponer a nuestros hijos a peligros físicos o abuso emocional.

Me refiero a los altos y bajos de la vida “normal”. No siempre tendrán profesoras perfectas, profesoras que los querrán como nosotras y verán y apreciarán lo bueno de ellos como nosotras lo hacemos. Y mientras que no podemos permitir que un año se desperdicie y si bien siempre deberíamos apuntar hacia lo mejor, podemos de seguro apreciar las oportunidades de crecimiento disponibles para nuestros hijos quienes tienen profesoras menos que ideales. Hablar respetuosamente a una profesora que puede perder la paciencia con demasiada frecuencia o que puede criticarte a ti o a tu tarea muy despiadadamente es una lección de vida valiosa – que debe ser practicada con muchos futuros empleadores.

Aprender a arreglarse cuando no son el centro de atención es una habilidad crucial. Y, en cambio, aprender a arreglarse – en especial socialmente – cuando eres el centro de atención, cuando tienes la posición ambigua de ser el favorito de la profesora es también una habilidad crucial.

A menos que haya un serio riesgo de peligro físico o algún riesgo de daño emocional, no te metas.

Si dejamos que nuestros hijos se caigan en la plaza de juegos y no reaccionamos en forma exagerada, ellos aprenderán a levantarse y a intentarlo nuevamente. Si los mantenemos alejados del tobogán alto y de la trepadora, ellos nunca conocerán su verdadero potencial. Jugar cualquier deporte sin caerse probablemente significa que no lo has intentado con suficientes ganas. Esto se aplica también a todos nuestros logros. ¿No queremos que nuestros hijos hagan lo mejor que puedan?

Y nuestros hijos tendrán conflictos con sus hermanos y sus pares, bastante. Este es su laboratorio para trabajar las relaciones interpersonales. Cada vez que interferimos estamos atrofiando su habilidad de resolverlo por si mismos y quitándoles su confianza. Algunas familias tienen la regla de “sin sangre”. Si no hay sangre, déjalos solos. Yo creo que lo ampliaría un poco. Si no hay un riesgo serio de peligro físico o de daño emocional, no te metas. De otra forma, seremos árbitros toda nuestra vida y nuestros hijos nunca serán adultos completamente.

Crecemos a través de nuestras experiencias. Si bien nosotros de seguro queremos ejercitar algo de control sobre los parámetros de las experiencias de nuestros hijos, definitivamente deberíamos dejar que ellos coman un poco de tierra. Serán adultos más exitosos por eso.