"Mami, eres gorda".

Mi hija de seis años me lo dijo en el tono neutro que sólo los niños pueden usar. Sin juzgar, simplemente observando lo que vio.

Y tiene razón, excepto por una cosa.

Yo no soy gorda, sino que tengo un par de kilos de sobrepeso, y más que otras personas de nuestra familia.

Como coach de alimentación y defensora del respeto al cuerpo, tomé conciencia de la omnipresencia del ideal de la delgadez que impregna nuestra vida.

La obsesión cultural con la imagen y el talle está por todas partes, así como sus destructivas ramificaciones. Mujeres y jovencitas sufren de baja autoestima; la fijación con el peso provocó un dramático incremento de trastornos alimentarios, muchos de los cuales no son visibles al público.

Estar sano se confunde con verse sano, y esta distorsión nos marea respecto a lo que debemos hacer cuando, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, nuestro cuerpo se niega a adaptarse a la imagen "correcta".

Mientras más aprendí sobre la ciencia de la salud y el talle, más comprendí cómo este falso paradigma nos provoca sufrimiento físico, psicológico y espiritual.

Quiero educar a mi hija en este mundo con un nuevo diálogo, uno que refleje ideales auténticos y le brinde las herramientas para poder pensar críticamente sobre los mensajes que la rodean.

No le respondí a mi hija con ninguna de las respuestas habituales:

  • No le decimos “gorda” a la gente con sobrepeso.
  • Eso no es agradable; es feo decirle eso a alguien.
  • Nunca le digas eso a nadie, puede hacer que la otra persona se sienta mal.

La gordura es sólo una descripción física, como ser alto, bajo, tener el cabello rubio o las pestañas largas. La palabra no debe ser un sinónimo de perezoso, indigno, inaceptable, fracasado y mucho más.

Sí, yo tengo un par de kilos de más, pero eso no es lo que soy. También tengo uñas, pero no soy mis uñas.

En mi camino para llegar a respetar el cuerpo, transformé mi entendimiento de cómo me defino a mí misma, a mi cuerpo y a mi valor.

En vez de añorar mi cuerpo tal como era antes de la maternidad, acepto este nuevo cuerpo que milagrosamente creció y dio vida a tres niños sanos. Esto significa que en vez de tratar obsesivamente de cambiarlo y volver a lo que era, lo trato con valor y respeto por lo que es ahora. Lo alimento de forma nutritiva y lo llevo al gimnasio, y lo dejo descansar cuando está exhausto porque él alberga a mi alma, y para cumplir mis roles de madre, esposa, ser humano y amiga, necesito sentirme energizada y fuerte.

Esto significa aceptar que los cuerpos cambian debido a la genética, las hormonas y diversos factores controlables y no controlables. Esto significa estar agradecida porque mis brazos pueden acunar a mi bebé hasta que se duerme y mis piernas pueden correr con mi hijo en el parque. Esto significa expresar gratitud cada día al Creador del mundo por tener un cuerpo sano y en funcionamiento. Esto significa que mi foco está en lo que mi cuerpo puede HACER, y no en cómo SE VE.

Todo esto significa que yo desafío a los medios de comunicación que nos inundan con artículos para "recupera tu cuerpo tres meses después del parto" y productos para "desintoxicar mi hígado y bajar 10 kilos". Significa que a propósito ignoro las conversaciones sobre la dieta que surgen en cada comida de Shabat y no juzgo el valor de las personas de acuerdo a su talle. Significa que me niego a elogiar a los demás cuando bajan de peso porque en ellos hay cosas mucho más importantes que su apariencia, y porque muchas veces la pérdida de peso se debe a enfermedades mentales, inanición u otras circunstancias negativas de la vida.

Esto significa que cuando mis hijos se quejan porque me voy al gimnasio y los dejo con una babysitter, no les digo que es porque tengo que estar flaca; les digo que voy al gimnasio para tener energía y ser una buena madre.

Y significa que en vez de sentirme insultada cuando mi hija me dijo gorda, le respondí:

"Sí, mami tiene un par de kilos de sobrepeso en su cuerpo. Todos los cuerpos tienen grasa, algunos tienen más y otros menos. Los cuerpos también tienen músculos, piel y huesos. ¿Sabes algo? Todos los cuerpos son diferentes, tal como tú tienes el cabello castaño y tu hermano es pelirrojo. Y todos los cuerpos son maravillosos y se los debe cuidar y respetar.

¿Sabías que en general son nuestros genes los que deciden qué forma tendrán nuestros cuerpos? Así como tus primos tienen genes que los hacen ser altos.

Mira todo lo que pueden hacer nuestros maravillosos cuerpos… Yo me siento muy agradecida de tener un cuerpo sano.

Lo más importante sobre las personas no es cómo nos vemos, sino cuán bondadosos y generosos somos.

Y algo más: ¿recuerdas cuando en la escuela Sara te dijo que tienes pecas y te sentiste muy triste? No es agradable hablar sobre ninguna parte del cuerpo de las personas, porque eso puede dañar sus sentimientos".

Tengo la esperanza de que mi hija llegue a entender que, si bien tiene un cuerpo para usar, respetar y nutrir, su cuerpo no la define a ella ni su valor en este mundo.

Lo que realmente somos en el mundo no tiene ninguna relación con la forma en que nos vemos, pero sí depende por completo de cómo el mundo se ve diferente porque nosotros estamos en él.