Un nuevo estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Baylor dice que 'involucrarse en actividades compartidas' está en el primer lugar de la lista de ingredientes cruciales en una relación padre-hija. A diferencia de la relación madre-hija la cual se basa principalmente en el diálogo, padres e hijas se benefician al encontrar un pasatiempo o un deporte que puedan compartir.

La profesora de Wake Forest Linda Nelson ha escrito e investigado la relación padre-hija por más de 40 años. Su libro, Between Fathers and Daughters: Enriching and Rebuilding Your Adult Relationship (Entre padres e hijas: enriqueciendo y reconstruyendo su relación adulta) es una gran guía tanto para padres como para hijas. Además de animar a los padres e hijas a encontrar una actividad que puedan compartir, ella ha encontrado tres áreas en donde la relación padre-hija tiene un impacto más significativo que la relación madre-hija.

La primera área involucra lo académico, carrera y finalmente independencia. Mientras más fuerte sea la relación entre un padre y una hija, más probable es que ella tenga éxito en la escuela y en su profesión.

La segunda área es la elección de pareja; padres que refuerzan a sus hijas y les dan confianza les permiten a sus hijas escoger parejas que las apoyarán y las respetarán.

Y la tercera área en donde las hijas se benefician de una relación cercana con sus padres es la salud. Hijas que tienen una buena comunicación con sus papás tienen menos desafíos emocionales y se cuidan más a sí mismas que hijas que no son cercanas con sus padres.

Después de un divorcio, estas tres áreas se hacen incluso más cruciales a medida que la hija lucha por recuperar su sensación de seguridad luego de una ruptura familiar. Ferry Gaspard, autora del estudio Forever Dad: Shattering the Myth of the Self Centered Dad (Papá para siempre: destruyendo el mito del padre egocéntrico), entrevistó a varias mujeres y a sus padres quienes seguían siendo padres involucrados y competentes después de un divorcio. Las entrevistas destacaron las siguientes características de lo que Ferry ha llamado "Papás para siempre": ellos consideran la paternidad como un honor y un compromiso para toda la vida; ellos creen que juegan un rol crucial en la vida de sus hijas, ellos ponen las necesidades de sus hijas primero y disfrutan de pasar tiempo con sus hijas.

Cuando leí esta lista pensé en mi propio padre. Él definitivamente califica como un "papá para siempre". Antes, cuando la custodia compartida no era lo común, mi padre fue un padre soltero para mí —su hija de ocho años—, y mi hermano de nueve años. En ese entonces yo daba por sentado que mi padre nos recogería cada martes y jueves después de la escuela después de su propio agitado y estresante horario en su oficina de Manhattan. Él estaba allí. A tiempo. Sin falta. Él nos ayudaba con la tarea. Él nos enseñó cómo utilizar una computadora. Los domingos, él nos daba clases de tenis, hacía parrilladas y nos llevaba al cine.

Pero lo que más recuerdo son los espaguetis que preparaba mi padre. Papá no sabía cocinar mucho cuando él y mi madre se divorciaron, así que al principio salíamos mucho a comer. Pero a medida que nuestra carga de tarea aumentó y nuestra emoción por los restaurantes declinó, mi papá empezó a preparar espagueti. Yo sé que espagueti no es el platillo más difícil de preparar, pero este era el mejor espagueti que probé en mi vida, desde entonces y hasta hoy. La cantidad perfecta de salsa y mantequilla y sal. Todo preparado en los pocillos blancos con negro que papá había comprado él mismo, ahí, frente a nosotros, una comida empapada de devoción, completa con altos vasos de Coca-Cola en los individuales puestos cuidadosamente.

Gracias a ti no tengo miedo de correr, de escalar y de volar.

Comíamos ese espagueti cada martes y jueves por la noche, y no recuerdo nunca haberme cansado de él.

A medida que se acerca el Día del Padre este año, quiero agradecerte papá. Por las mañanas en que te levantaste una hora antes de tu tren hacia el trabajo para llevarnos a nuestra parada de autobús con sándwiches de mantequilla de maní y mermelada de uva. Por las horas que pasaste haciendo las tareas con nosotros y llevándonos a ver películas que probablemente tú no querías ver. Por haber sido entrenador de nuestros equipos deportivos y saber los nombres de nuestros maestros y amigos. Por enseñarnos a jugar tenis, a bucear, a andar en bicicleta y a esquiar en agua. Por llevarnos a pasear por todo el mundo: a las Islas Bermudas, Francia, España, Suiza, Hawai, Italia e Israel. A todos esos lugares en donde podrías haber ido solo pero escogiste llevarnos contigo.

Por enseñarme a conducir en tu nuevo Lexus sin pestañear. Por llevarme a la universidad y presentarte en cada fin de semana de padres. Por nunca estar demasiado ocupado para atender mis llamadas o escuchar mis problemas de adolescente. Por haberme llevado hacia la jupá junto a mamá y darme tu bendición en el día de mi boda. Por darle la bienvenida a mi esposo en tu vida como un hijo propio. Por enseñarles a tus nietos a leer, a manejar un bote, a cómo ver el mundo a través de los ojos de otra generación.

Y aquí va lo que también quiero que sepas. Gracias a ti tengo el valor de seguir mis sueños. Gracias a ti encontré la fuerza de construir mi propia familia. Gracias a ti no tengo miedo de correr, de escalar y de volar. Te admiro. Confío en ti. Aún necesito que me digas cómo mejorar mi revés y cómo avanzar en mi carrera. Necesito que me digas que soy hermosa. Que soy querida. Pero más que nada, a veces aún necesito tu espagueti. Incluso si la salsa es diferente y los pocillos ya se rompieron hace tiempo. Te necesito a ti. Te quiero. Eres y siempre has sido un "papá para siempre".