El siguiente artículo muestra cómo influyó el artículo “Heroes: A True Story”, publicado el año 2001 en el sitio Aish.com, en la vida de algunas personas. Puedes leer la versión en español de dicho artículo haciendo clic aquí.

Lo admito. Soy una desesperada fanática de Aish.com. Pónganme frente a un computador y después de leer mi correo electrónico, siempre revisaré "qué hay de nuevo" en Aish.com. A lo largo de los años, algunos autores se han convertido en mis favoritos, uno de los cuales es Sara Yoheved Rigler. Espero sus nuevos artículos con expectación: siempre son una buena lectura y una importante lección de vida.

Un artículo en particular me llegó muy profundo. Titulado "Héroes: Una Historia Real", este artículo contaba la vida de Ana, una estadounidense que vivía en Israel, quien había escapado de un matrimonio abusivo y estaba enfrentando múltiples desafíos: niños, finanzas, salud y por supuesto, problemas emocionales. Estando en una posición similar, tomé la moraleja de este artículo como un salvavidas. Cuando vences fuertes emociones negativas, la escena en los mundos superiores es más grandiosa que el clímax de un triunfo heroico al final de una película.

Sedienta por ánimo para luchar contra las probabilidades, intenté escuchar a mi propio escuadrón de “porristas celestiales” cada vez que luchaba y ganaba.

Varios años después, el artículo volvió a aparecer en la sección “Recomendado”, que es donde se vuelven a publicar algunos artículos que vale la pena volver a revisar. Ansiosamente volví a leerlo, y me puse sumamente alegre por aquel recordatorio sobre mi sistema de apoyo Divino. Se me ocurrió mostrárselo a mi jefe, quien manejaba una organización de beneficencia que ayudaba a gente con problemas similares a Ana, la protagonista del artículo. "Tú solamente conoces sus problemas financieros", declaré, poniendo el artículo en su escritorio, "tienes que ver los desafíos emocionales que ellos enfrentan para entender cuán vital es tu ayuda".

Él leyó el artículo y se conmovió. "Contáctame por teléfono con la autora".

La Sra. Rigler me conocía solamente un poco. Yo la había buscado en Israel para hacerle saber cuánto disfrutaba de sus artículos. Cuando la contacté, le dije que mi jefe quería ayudar a Ana. Ella se sorprendió. "Ni siquiera sabía que Aish.com había relanzado ese artículo. Acabo de cortar el teléfono con Ana. Ella está en una situación terrible. He llamado a todos los que conozco y me quedé sin personas a quienes pedirles ayuda. Y ahora, porque Aish.com relanzó el artículo y tú se lo mostraste a tu jefe, ¿él quiere ayudar? ¡Increíble!".

La historia continúa. Ana y yo hablamos y compartimos nuestro lazo en común. No contenta con tomar de otros, Ana preguntó si sabíamos de algún trabajo para ella. De alguna forma, mi jefe encontró un lugar para ella en la misma organización que acababa de ayudarla. Nos mantuvimos en contacto por un tiempo y luego, siendo ambas ocupadas madres solteras, nuestros caminos se separaron. Eventualmente escuché de la Sra. Rigler que Ana estaba mucho mejor.

Diez años después, volví a casarme; estoy viviendo en una nueva comunidad, y aún soy fan de la Sra. Rigler. Queriendo compartir sus sabias perspectivas de Torá con mis vecinas y amigas, me encargué de coordinar sus charlas en mi zona.

La Sra. Rigler venía a hablar justo después de Pesaj, y yo me puse a trabajar en promocionar su nuevo taller. Mientras tanto, Pesaj se acercaba rápidamente y mi hija, quien vive en Israel, planeaba venir a Estados Unidos este año con su esposo e hijos. Mi organizado lado de ama de casa entró inmediatamente en conflicto con mi lado de abuela. ¿Cómo podía hacer todo lo necesario para Pesaj y aún así tener suficiente tiempo para jugar con mis nietos, a quienes solamente puedo ver dos veces al año? Estaba decidida a encontrar una forma. Sesiones de cocina temprano por la mañana y tarde por la noche, un poco de ayuda extra con la limpieza y muchas listas de compras y menús computarizados lo hicieron posible. Después de dos semanas torbellino de banquetes de fiesta, salidas con los niños, parques y jugueterías, era tiempo de que ellos regresaran a Israel.

Las emociones son muchas cuando seis meses de amor maternal tienen que comprimirse en dos semanas, por lo que me sentía un poco triste e insegura. ¿Había hecho suficiente por mi hija? ¿Había sido suficientemente sensible con "su" forma de hacer las cosas? ¿Había actuado bien ante los ojos de Dios? Le escribí todo esto a mi hija la noche antes de su vuelo, sintiéndome con los ojos igual de llorosos que cuando la había enviado la primera vez a estudiar Torá. Esperé escuchar que había llegado bien, y le pregunté ansiosa por su respuesta.

Ella escribió, "Ima, voy a responder pronto tu carta, pero mientras tanto, tengo saludos muy especiales para ti enviados por mi compañera de asiento en el avión". No podía imaginarme quién era. Ella dijo que la mujer había sido muy amable con mis nietos, y hacia el final del vuelo, mi hija quería agradecerle. La mujer le dijo que ella estaba de viaje por el compromiso de su hijo y compartió algunos "najes" sobre sus otros dos hijos, mencionando su excepcional orgullo porque tuvo que criarlos sola.

Mi hija dijo: "Mi madre también fue una madre soltera, y nosotros éramos seis niños". Unos cuantos detalles más y algo en la voz de la mujer cambió. Ella preguntó más intensamente, "¿Tu madre trabajaba para un rabino?".

"Sí", contestó mi hija, "Rav Lehman".

Tu madre salvó mi vida.

La compañera de asiento se puso a llorar. "Tu madre salvó mi vida. Ella le contó al Rav sobre mí y ellos me ayudaron a conseguir un trabajo y a volver a levantarme". Era Ana.

Mi mente se llenó de recuerdos. Contuve el aliento mientras me daba cuenta de que este encuentro no había sido un accidente, sino que había sido la perfecta respuesta Divina a la nota para mi hija. Mi equipo de porristas realmente se había hecho notar. Podía escucharlas diciendo: "¿Tú crees que tienes que demostrar tu valor? Mandaremos a alguien justo al lado de tu hija en el avión que te recordará quién eres realmente y cuánto importan tus esfuerzos".

No existen las coincidencias. Ana no se sentó al lado de mi hija para ser amable con mis nietos. Se sentó junto a ella para recordarme que superar las emociones negativas, e incluso la autocompasión y la inseguridad, realmente mueven los mundos superiores.

Yo aprendí eso hace años de la historia de Ana y, no por coincidencia, fue ella misma quien se topó con mi hija para que yo pudiese aprender el mensaje nuevamente.