Me siento agotada intentando mejorar mi matrimonio. Hemos tenido buenos momentos y hemos hecho cosas grandiosas juntos – hemos criado niños maravillosos y realizamos nuestro sueño de mudarnos a Israel.

Pero también hemos tenido malos momentos. Mi esposo no cree en el concepto de que una pareja casada haga concesiones. Él cree que ambas mitades de la pareja deben hacer siempre lo que es "correcto". A veces él está abierto a escuchar mi opinión sobre lo que es "correcto", y ha cambiado de opinión para estar de acuerdo con mi forma de pensar. Pero en la gran mayoría de los casos, él se atiene a lo que piensa que es correcto, y dado que tiene una personalidad más fuerte, usualmente hacemos como él piensa.

Antes de casarnos, resolví ser flexible (sin decirle nada a él) y aceptar la mayoría de sus ideas – porque pensé que esa sería una buena forma de llevarse bien con un hombre de opiniones fuertes, y porque soy genuinamente flexible en la mayoría de los asuntos. No tengo problema con cosas triviales. Pero a veces aparece un problema con los niños que es importante para mí. Y dado que yo soy la que hace la mayoría de la crianza de los niños y los conozco mejor (él sale fuera del país a menudo por negocios), tengo confianza en mis métodos. Sin embargo él insiste en analizar la pregunta con "¿qué es lo correcto de hacer?".

Durante años hice todo lo que él me pedía. Y me tomó años darme cuenta que mientras más trataba de cumplir con sus peticiones, más irrespetuoso él se ponía conmigo.

Y pobre del que no actúe de "la forma correcta". Él puede ponerse irritable, impaciente, enojado y despectivo. En nuestros 22 años de matrimonio, él se puso físicamente agresivo conmigo tres veces (dos empujones y un puñetazo). No temo que me vaya a pegar nuevamente. Pero él explota cuando yo estoy en desacuerdo (incluso cortésmente, incluso calmadamente) y me grita cara a cara.

Todo esto me ha dejado en mal forma. Básicamente me he rendido, ya no hago un esfuerzo para no frustrarlo, porque yo estoy constantemente frustrada en varios asuntos importantes, y él ve esa frustración como si fuera exclusivamente mi problema.

Así que aquí estoy. Mis hijos mayores ya se fueron de casa, pero los demás aún están en casa. Los más pequeños necesitan ayuda y atención extra por problemas de desarrollo. Yo hago al menos lo mínimo por ellos y quisiera hacer más por ellos y por mí, pero donde tenía siempre otra idea para probar o algo de inspiración que me mantenía a flote, ahora hay un vacío.

Yo dependo financieramente de mi esposo porque he sido una dueña de casa durante años (aunque fui profesional durante varios años después de la universidad). Hemos estado intentando mejorar nuestro matrimonio por años, y ha habido avances, pero estoy estancada en la realidad de que no puedo hablar con él sin que me grite en la cara.

Yo he asistido a terapia en varias ocasiones en mi vida, sin embargo mi esposo detesta las ciencias sociales y nunca iría a terapia, él prefiere resolver sus problemas solo.

Él siente que ha estado haciendo la mayoría de los cambios, y que es mi turno de comenzar a hacer más de mi parte. Esa es la última cosa que me siento capaz de hacer ahora. Estoy agotada emocionalmente, y solamente quiero pasar tiempo vacío frente al computador. Ya he tenido suficiente.

Cualquier sabiduría de tu parte será muy, muy bienvenida.

Querida Lectora,

El primer pensamiento que me viene a la mente es que la definición de un matrimonio saludable es uno "armonioso". Él termino armonía es sacado de los arreglos musicales en donde los sonidos producidos por varios instrumentos no son idénticos, pero se combinan y resuenan bien uno con el otro. Similarmente, en un matrimonio, esposo y esposa pueden tener opiniones diferentes y diferentes formas de ver las situaciones, y aún así puede llegarse a un acuerdo. De hecho, diferentes perspectivas crean balance. Una persona puede tener una visión más relajada y la otra una orientación más intensa, y juntos pueden llegar al enfoque ideal de “mitad de camino”.

El factor crítico, sin embargo, es que tiene que haber un inherente entendimiento y un contrato implícito de acordar estar en desacuerdo de forma respetuosa. Marginar el pensamiento o el punto de vista del otro nunca es apropiado. La suposición, por supuesto, es que los temas en cuestión no son asuntos que representan desafíos de estatutos morales o de conducta ética – asesinato, robo, chismes o leyes de Torá no deben ponerse en discusión. Sin embargo, asuntos de cómo lidiar mejor con determinada situación efectivamente sí pueden someterse a discusión, y pueden haber variadas opciones.

Hacer "lo correcto" no le da permiso para tratarte desdeñosamente.

De acuerdo a tu versión, querida lectora, pareciera que tu esposo está adoptando una postura excesivamente autoritaria y autocrática. Incluso si "lo correcto" en lo que él insiste está basado en un sistema de valores objetivo, eso no le da permiso para tratarte desdeñosamente. Una discusión civil es siempre obligatoria. No es un asunto de estar bien o mal; la conversación debería tenerse con la disposición de intercambiar pensamientos.

Él abuso físico es absoluta y categóricamente inaceptable.

Respeto y atención son los ingredientes clave en una comunicación positiva. Tristemente, nosotros como cultura hemos perdido la habilidad de escuchar efectivamente. Escuchar efectivamente requiere completo enfoque y atención en lo que la otra persona está diciendo. Típicamente, estamos tan inmersos en nuestro propio pensamiento que incluso mientras el otro aún está diciendo lo que piensa, y está intentando articular su posición, nuestras mentes ya están ocupadas formulando nuestra propia respuesta. No estamos totalmente presentes. Despojarnos momentáneamente de nuestra parcialidad personal y escuchar realmente, es una habilidad que requiere práctica y esfuerzo, y necesitamos querer adquirirla realmente.

Entiendo a partir de tus comentarios que si tú te sintieras escuchada y respetada, la conclusión final no sería un tema tan importante para ti. Sin embargo cuando una y otra vez uno es tratado desdeñosamente, eso puede aplastar el espíritu y destruir la autoestima. Todos nosotros tenemos una mejor autoestima cuando sentimos que nuestros pensamientos son valiosos para otros.

Aunque te defines a ti misma como "flexible", claramente cargas con una gran cantidad de resentimiento por tus muchas concesiones. Un consejo sabio es que cuando surge cualquier problema, debemos evaluarlo en una escala de 1-5, y debemos insistir sólo en aquello que es de gran importancia para nosotros. Al parecer, querida lectora, tú has hecho eso y más, e incluso en áreas que deberían ser tu dominio – la casa, los niños, etc.

No Consentimiento

Prácticamente hablando, yo recomendaría lo siguiente:

(1) Siéntate con tu marido cuando no hayan asuntos pendientes o malos sentimientos, y ambos estén de buen humor y con buena disposición. Comparte tus sentimientos con él. En un contexto de todas las cualidades positivas que aprecias de él, dile que en el área de ser oída y escuchada él no ha hecho "lo correcto" contigo. Expresa tu dolor y frustración. Pídele de antemano que te deje hablar sin interrupción. Luego déjalo responder sin interrupciones. Habla calmadamente. Comienza tus frases con mensajes de "yo", no "tú" – por ejemplo, "Yo me siento así y así cuando tú…", no "Tú me haces sentir…"

Recuerda que el objetivo es que él te escuche profundamente y no solamente sacarte las cosas del pecho. El objetivo es intentar abrir líneas de comunicación y que sea seguro compartir sentimientos. En el caso de que sientas que una conversación cara a cara no funcionará, considera poner tus sentimientos por escrito.

(2) Reconoce, querida lectora, que las mujeres se acostumbran a formas sutiles de abuso con el paso del tiempo e inventan excusas para justificar al abusador – es decir, "Él es tan amoroso aparte de eso; tiene un sentido del humor tan genial", etc. Considera el ejemplo de la rana hervida. ¿Cómo es que se puede hervir una rana en agua? Esperaríamos que tan pronto como la rana sintiera el agua muy caliente o hirviendo saltara para afuera, y por lo tanto, hervirla sería imposible. La clave, sin embargo, es comenzar con agua tibia y de a poco aumentar la llama, de manera que sea imperceptible para la rana, hasta que es demasiado tarde y la rana se encuentra hervida.

En casos de abuso, declarados o sutiles, el esposo juega con las vulnerabilidades de la esposa. Como el cuadro no es completamente negro, la esposa lo tolera y a veces se convence de que ella merece el abuso. Antes de saberlo, ella está "hervida".

Eleonor Roosevelt comentó sabiamente, "Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento". Tu tarea, querida lectora, en este momento es no dar tu consentimiento.

Deja en claro que no estás dispuesta a sufrir más abuso.

Si no ocurre ningún cambio, habrás llegado al punto de necesitar identificar a un rabino, mentor u otra persona que tu marido respete. Ofrécele hablar con quien quiera. Sin embargo, si él se rehúsa a ir, quizás necesitarás hablar con esa persona directamente y compartir tus preocupaciones. Mencionarle esto a tu esposo puede darle el ímpetu que necesita para acompañarte, o al menos hacerlo conciente de que ahora habrán consecuencias. Será más claro para él que tú no estás dispuesta a sufrir ni siquiera el más sutil de los abusos.

(3) A pesar del hecho de que has tratado con terapia en el pasado, yo te aconsejaría fuertemente que encontraras a una buena persona objetiva con quien hablar, sin tener en cuenta si tu esposo decide unirse o no. Despojarte de tu dolor y frustración será terapéutico. Adicionalmente, la perspectiva ganada limpiará tu cabeza y tu corazón y te dará energía. La afirmación y validación de este proceso te sanará emocionalmente y te dejará mucho mejor equipada para manejar la pesada carga que tienes.

(4) Recuerda que solamente se necesita una persona en la relación para afectar la energía en el hogar. Un “yo” más confiado generará forzosamente una alteración en la respuesta de tu familia.

Finalmente, cuídate a ti misma física y espiritualmente. En vez de sentarte frente al computador, da una fresca caminata, o mejor aún, consigue una amiga que te acompañe para un consistente programa de ejercicios diario. Esto estimulará tu química corporal y alejará los pensamientos depresivos. Aprende nuevas cosas en la medida de lo posible. Te sentirás con más vida. Y como en todas las situaciones en las que somos confrontados o desafiados, reza por ayuda de Dios.

¡Que Dios te bendiga!