Queridas lágrimas,

Ustedes tienen un montón de razones divinas para estar tan presentes en mi vida. Dios me ha dado muchos regalos dolorosos, regalos que traen con ellos bendición y sufrimiento, crecimiento y dolor.

La presencia de ustedes ya no me asusta más. Están presentes en todos los aspectos de mi rutina diaria. A veces inesperadas, a menudo tan sólo detrás de las cortinas, nunca demasiado lejos.

Incluso cuando hago cosas mundanas como abrir el buzón del correo o ir a la imprenta, ustedes dejan su huella.

A medida que abro lentamente mis regalos de Dios, me pregunto dónde poner estas cosas que duelen tanto. ¿Qué repisa es lo suficientemente fuerte como para soportar todo el dolor? Qué armario es lo suficientemente grande como para almacenar regalos de tal envergadura? ¿Qué caja está suficientemente escondida como para poder olvidar de vez en cuando qué hay adentro? ¿Qué cajón es lo suficientemente bajo como para que yo no tenga que levantar todo este peso?

Y ustedes, lágrimas, fluyen a través de todos estos regalos. Pero hay momentos en los que ustedes están tan adentro, que simplemente no puedo derramarlas. Están encerradas, esperando en silencio. Sé que siguen siendo una parte de mi vida, pero no aparecen. No puedo llegar a ustedes y no estoy segura de qué prefiero. ¿El constante flujo de lágrimas casi imposibles de controlar? ¿O la fría apariencia externa producto de la tormenta interior, la dura realidad emitiendo instrucciones de seguir adelante, a pesar de que las lágrimas no fluyen?

No lo sé. Y no puedo elegir. A veces ustedes llegan, a veces no lo hacen. He aprendido a vivir de ambas maneras.

Pero díganme lágrimas, ¿puedo confiar en ustedes para mantenerme cerca de Dios? ¿Para recordar que, efectivamente, todos los regalos son de Él? Ustedes vienen de allá arriba y luego fluyen hacia abajo, por lo tanto les pido, ¿pueden recordarme que todo viene de allá arriba?

¿Pueden ustedes mantener mi conexión con Dios? Mientras ruedan hacia abajo por mis mejillas, ¿pueden llevarse un poco de mi dolor?

Me doy cuenta de que sin ustedes, yo no sería yo, no podría convertirme en quien yo puedo ser.

Ustedes pueden reflejar cualquier cosa. En la oscuridad, ustedes son oscuras. Pero donde hay luz, reflejan un arcoíris de colores. ¿Puede un rayo de esperanza realmente hacerlas titilar? ¿Puede una racha de confianza hacerlas brillar? ¿Puede una chispa de amor hacerlas destellar? ¿Puede un destello de una sonrisa hacerlas brillar? ¿Puede una gota de gratitud hacerlas centellar?

Estimadas lágrimas, versátiles así como sólo ustedes pueden ser, desde algún lugar en el pasado o justo aquí en el presente, a medida que se abren paso hacia mi vida, y luego se van otra vez, por favor asegúrense de que el rastro que dejan vaya todo el camino de regreso hasta Dios, para que cuando yo las mire, pueda seguir sus huellas y así recordar de dónde vengo y hacia dónde voy. Y pueda recordar también que todo es orquestado por el Gran Jardinero que algunas veces me riega con lágrimas, para que yo pueda crecer...