Estamos esperando nuestro cuarto hijo… y aquí vamos otra vez. Mi esposo y yo estamos intentando encontrar el nombre apropiado para otra preciosa alma. El proceso está lleno de excitación, diversión, anticipación — y grandes expectativas por nuestro hijo que ni siquiera ha nacido. Es como el viejo chiste: "Estamos felices de anunciar el nacimiento de nuestro hijo, el Dr. Salomón Stern".

El hecho de que yo conozco el sexo del bebé (la paciencia no es una de mis virtudes), mientras que mi esposo eligió no saber, eso no facilita las cosas. Para no revelar el secreto, tengo que insistir con igual fuerza en mis elecciones para cada sexo (aunque ya sepa que la mitad de la batalla ni siquiera vale la pena pelearla). Gracias a Dios, mi esposo y yo no estamos tan lejos en nuestras elecciones. No estamos considerando nombres como Baltasar, Ahmed, Aurelio, Fátima o Google.

Evaluamos no solamente el sonido y el flujo de cada nombre, sino también su esencia.

Estamos escogiendo un nombre que esté conectado con nuestras raíces judías. Primero buscamos en todos nuestros parientes fallecidos cuyas vidas admiramos y cuya memoria queremos preservar. Esto no nos dio muchas opciones, dado que los nombres apropiados ya fueron usados para nuestros primeros tres hijos. Así que fuimos a AishLatino.com a expandir nuestras opciones. Vimos todos los nombres uno por uno, evaluando no solamente su sonido y flujo, sino también viendo la esencia de cada uno. Si es un personaje bíblico, ¿cuál fue su razón de ser, qué logró, y qué características lo distinguieron? Si el nombre es un objeto o un animal, ¿cuál es el significado profundo tras él?

Desde el primer aliento queremos imbuir a nuestros hijos con las cualidades que más valoramos – ya sea la sabiduría del Rey Salomón, el sacrificio de Rajel, la sincera plegaria de Jana, la humildad de Moshé, la conciliación de Aharón, o simplemente la paz misma – Shalom. Esperamos que un nombre como Arie ("león") le de coraje al corazón de nuestro hijo, o un nombre como Nejama traiga "consuelo" a nuestras vidas. Llamaríamos a nuestro hijo Reuven ("Vean, ¡un hijo!") para proclamar la alegría de tener un hijo, o a una hija Shaina ("hermosa") para expresar nuestro orgullo por su belleza interna y externa.

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El Proceso

Mientras mi bebé crece en mi interior he tenido el tiempo para reflexionar sobre cómo escogimos los nombres de nuestros primeros tres hijos. Cuando nos casamos, estábamos solamente en el comienzo de nuestro camino en el judaísmo. Ambos veníamos de familias bastante asimiladas (siendo yo hija de un matrimonio mixto), y queríamos encontrar un nombre para nuestro primer hijo que reflejara una fuerte conexión al judaísmo pero que sin embargo tuviera un sonido moderno. Mi bisabuelo era conocido en la familia de mi madre por haber practicado la tradición judía incluso durante el régimen soviético. Su nombre era Zelig. En esa época no podíamos considerar ponerle a nuestro hijo ese nombre, dado que alteraría a nuestras respectivas familias. Así que encontramos un equilibrio. Mi esposo, como hijo único, era un poco solitario; a la edad de 10 años se interesó en la pintura, y sus obras a menudo involucraban lobos. Así, combinamos mi patrimonio y la pasión de mi esposo y se nos ocurrió el nombre perfecto – Zev ("lobo" en hebreo).

Luego, tuvimos una hija. Ese nombre fue fácil. Mi esposo prácticamente fue criado por su adorada abuela mientras sus padres se establecían en los primeros años después de llegar a los Estados Unidos. Su nombre era Rivka. Él tenía otros tres ancestros llamados Jana y Janán. Y así nació nuestra preciosa hija Rivka Jana.

Ella insistió en que un nombre secular haría que la vida fuera más fácil en el mundo occidental.

No se olviden que una consideración al escoger un nombre es que los abuelos estén complacidos. Mi suegra estaba muy feliz de que llamamos a nuestra hija por su madre, aunque siguió insistiendo que también le diéramos un nombre secular para hacerle la vida más fácil en el mundo occidental. En cierto momento, ella se cansó de repetirlo y se dio por vencida.

Sin embargo, este nombre no fue del gusto de mis padres. Así que para intentar atenuar "el daño" de un "nombre demasiado judío", cuando vino nuestro tercer hijo fuimos con el nombre de mi abuelo, Mikhail. Pero para mantenerlo bíblico, ajustamos el nombre a Mijal, una de las esposas del Rey David. También nos encantaba el nombre Abigail ("alegría del padre"), quien también fue una esposa del Rey David. Y así llegó a la tierra nuestra tercera bendición, Abigail Mijal.

Con ella, realmente entendí la enseñanza Talmúdica (Brajot 7b) que nuestros nombres influencian quienes somos. Ella es comparable a ambas reinas – no solamente en belleza ¡sino también porque es muy fuerte y asertiva! La tradición judía dice que los padres son realmente bendecidos con profecía cuando nombran a sus bebés recién nacidos para que escojan un nombre que describa acertadamente la personalidad y destino en la vida que tendrán sus hijos.

La noticia de mi cuarto embarazo fue recibida con lágrimas, no precisamente de alegría, sino lágrimas de "¿Por qué estás arruinando tu vida?" y "¿Cuándo vas a vivir para ti misma?". El tiempo lo cura todo, y ahora mis padres más o menos se reconciliaron con el hecho de que estoy embarazada DE NUEVO. El siguiente desafío es el nombre.

Así que mientras esperamos ansiosamente al hijo número cuatro, rezamos que el nombre que escojamos sea adecuado a las altas esperanzas y expectativas que tenemos para nuestra nueva hija… eh, digo hijo… digo, no puedo contar todavía.