Querida Emuna,

El hecho de que tu nombre es “Emuna”, fe en hebreo, debe significar que tienes una fuerte conexión con la palabra. Yo he estado luchando durante MUCHO tiempo con mi creencia y confianza en Dios. Me cuesta mucho entender “¿por qué cosas malas le ocurren a gente buena?”. He tenido que lidiar con varias circunstancias de vida difíciles (no peor que muchas otras, supongo), pero todavía me aferro al hecho de que Dios maneja este mundo (dado que Él lo creó), de que sabe qué es lo mejor para mi, de que nosotros solamente vemos una fracción de la película, etc. Así que mi pregunta es, ¿Cómo sé que Dios está conforme conmigo o que no lo está? En otras palabras, siento que estoy haciendo todo lo correcto para servirlo y a pesar de eso siguen llegando dificultades que supuestamente puedo superar, sin embargo, a veces me siento totalmente desamparada. ¿Puedes ayudarme?

-- Mujer Luchando.

Querida Mujer Luchando,

No estoy segura de si mi nombre es una ayuda o un estorbo en este tema. Todos tenemos el mismo potencial para tener fe y para confiar profundamente en Dios. Es nuestra herencia espiritual de nuestro patriarca Abraham. Sin embargo, “tener el potencial” y “acceder a ese potencial” son, por supuesto, cosas distintas. A veces cometemos el error de pensar que hay solamente una cosa más que debemos hacer y entonces habremos obtenido emuná. Pero la emuná es un desafío de toda la vida y una elección constante. Debo elegirla a las 3:01 y luego nuevamente a las 3:02 y si tengo suerte quizás no de nuevo hasta las 3:05. Es la buena voluntad y la determinación de continuar haciendo la misma elección lo que forja nuestra confianza y nuestra relación con Dios.

Como tú lo mencionas, todos tenemos circunstancias de vida difíciles; nadie tiene una existencia sin preocupaciones, no importa lo que digan las apariencias externas. Probablemente has escuchado la famosa parábola en la que se le dice a un grupo de personas que pongan sus problemas en una bolsa en medio de un círculo y luego que escojan que bolsa quieren. Todos, por supuesto, escogen su propia bolsa. En cierto nivel, reconocemos que la situación en la que estamos está hecha a medida para nosotros y nos ofrece las mejores oportunidades de crecimiento y de cercanía a Dios.

Aunque entiendo tu dolor y confusión, no pienso que tu pregunta sea la pregunta apropiada. Si estás sirviendo a Dios con toda tu capacidad, entonces puedes estar segura de que Él está, por así decirlo, satisfecho contigo. El hecho de que continúes enfrentando desafíos no invalida eso. Como le gusta destacar a mi marido, Dios no es una máquina expendedora de gaseosas. No metemos los rezos o las mitzvot, apretamos un botón y recibimos lo que queremos.

En primer lugar, lo que pensamos que queremos puede no ser siempre bueno para nosotros, por lo tanto, Dios puede no estar de acuerdo con nuestros pedidos. Segundo, nuestros deseos, rezos y mitzvot son solamente una pieza del rompecabezas en las estimaciones de Dios. Él tiene que tomar en cuenta las implicancias de cada acción en relación a todas las personas involucradas – la familia, la comunidad, el pueblo judío… etc. la providencia Divina es un fenómeno complejo y no puede ser analizado o descrito a través de ecuaciones matemáticas simples.

En cuanto a sentirse desamparada, hay un lado positivo y uno negativo. Por un lado, tenemos que hacer nuestro esfuerzo. Tenemos que tomar decisiones. Por otro lado, tenemos que reconocer que el resultado NO está en nuestras manos; está completa y totalmente en las manos de Dios. Y esa sensación de “no tener el poder” es buena para nosotros. Nos da perspectiva y debiera en última instancia permitir que nos relajemos. No depende de nosotros; depende de nuestro sabio y omnipotente Padre en el Cielo, que solamente quiere y hace lo que es mejor para nosotros.

-- Emuna.

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Querida Emuna,

Vivo en un edificio, y una noche, mientras pasaba frente a la puerta de una familia que recién se mudó, escuché chillidos y gritos terribles. El padre estaba reprendiendo a su hija de 10 años, maldiciéndola de una manera que me dio escalofríos. Esto no era un típico padre que perdió la paciencia; esto daba miedo. No escuché ninguna evidencia de violencia física, pero estoy preocupada. ¿Debería llamar al servicio de protección de menores? ¿O acaso estoy sacando conclusiones apresuradas y no estoy actuando amigablemente?

-- Vecina preocupada.

Querida Vecina Preocupada,

El no saber donde vives hace que la respuesta sea más difícil. En Los Ángeles por ejemplo, la comunidad judía tiene representantes que se han convertido en expertos en esta área y también han establecido relaciones con los departamentos gubernamentales apropiados. La ventaja de esto es que ellos son el primer paso de referencia; el caso no cae inmediatamente en las manos de un burócrata anónimo.

Incluso si no hay ningún sistema oficial disponible, yo recomendaría hablar con un líder comunitario – el rabino de tu comunidad, el director de la escuela, alguien en una posición de autoridad que probablemente ha tratado con situaciones similares en el pasado, etc. – para pedirle su consejo, o incluso mejor, para pasarle el caso y pedirle que tome responsabilidad en el asunto.

No queremos cerrar nuestros ojos ante ningún tipo de abuso, sin embargo, debemos ser cuidadosos de no interferir de manera poco adecuada o incluso, Dios no lo permita, destructiva. No sabemos qué acciones pondrían a los niños en un riesgo mayor, o cuándo el gobierno podría remover a los niños de la casa, sin importar el costo psicológico o espiritual que esto conlleva.

Esta es definitivamente una situación que requiere de profesionales, e incluso ellos necesitan proceder con cautela. Ellos deberían ser tu primera línea de consulta; los servicios de protección de menores son para cuando todas las otras opciones han sido agotadas.

-- Emuna.