Querida Emuna,

Amo a mi esposo y tenemos una relación fabulosa, pero a veces él se enoja mucho conmigo y me maldice. Él incluso ha intentado algunas veces ponerme las manos encima, pero siempre nos arreglamos y todo vuelve a estar bien nuevamente. Esto me estresa mucho porque ocurre muy a menudo. Mi estrés comienza a interferir con mi trabajo. A veces lloro todo el día; así de profunda es mi molestia. Pero lo amo y estoy dispuesta a resolver las cosas. Yo soy un poco dramática pero he estado intentando no responder para no continuar discutiendo. Sin embargo él aún se enoja… necesito un consejo por favor.

- Herida y Estresada

Querida Herida,

Dado que describes una situación complicada fuera de mi dominio de pericia, consulté con mi amiga Shirley Lebovics, Asistente Social Certificada, quien tiene años de experiencia lidiando con situaciones como la tuya. Esta es su respuesta:

    Como lo mencionas, estás en una relación muy estresante, la cual está comprensiblemente reportándote un costo emocional muy alto. Aunque seguramente tu esposo tiene cosas maravillosas que te atrajeron a él, y ellas refuerzan tu amor hacia él, tu matrimonio está compuesto de trato irrespetuoso, dígase maldecir, gritar y la amenaza o uso de agresión física. Comportamientos como este exigen atención profesional, particularmente porque, típicamente, situaciones como esta empeoran a menos que se aplique ayuda significativa. Es mejor que veas a alguien a solas, para que puedas ser honesta con los detalles de tu vida hogareña. Intenta hablar con alguien que esté especialmente entrenado en lidiar con este tipo de situaciones, quizás tu rabino local o alguna asistente social. Te brindarán apoyo y atención, y te guiarán para responder ante los arrebatos de tu esposo y para cuidarte a ti misma.

    Quizás quieras aprovecharte de alguno de estos dos libros, que puede ser que capturen tu experiencia. "The Shame Borne in Silence" por Dr. Abraham Twerski y "The Verbally Abusive Relationship" por Patricia Evans.

Espero que esto ayude (¡gracias Shirley!)

- Emuna

Querida Emuna,

Mi problema es lograr que todos se sienten a la mesa a la misma hora. Es una operación tan grande – preparar la cena y poner la mesa y luego limpiar – eso sin mencionar las peleas/tonterías de la cena misma. ¡Oh y lograr que todos lleguen a la mesa cuando la cena está servida! Tengo que gritarles para que vengan; ellos dejan todo tirado, etc.… y sin mencionar el hecho de que ¡apenas puedo sentarme un minuto debido a todas las demandas durante la cena!

Realmente me gustaría que todos cenáramos juntos pero parece tan difícil. La única vez en que comemos todos juntos es Shabat, durante la semana yo preparo comida y le doy a cada niño individualmente o de a dos a la vez.

¿Debería intentar que todos cenemos juntos o aceptar la situación como es ahora? Mis hijos son pequeños (de 8, 6, 5 y 2 años). ¿Qué piensas tú?

- Trabajando como Esclava

Querida Trabajando como Esclava,

Yo no estoy en tu casa enfrentando tus desafíos pero soy una fuerte creyente en la “hora de la cena familiar”. Es una oportunidad para que los niños se descompriman, para que información o noticias importantes se transmitan y para que la familia genere lazos. ¿Eso significa que siempre será placentero? Desde luego que no. ¿Eso significa que no habrá esfuerzo? Un gran no para eso también.

Tienes que ponerte un poco más dura. ¿Qué significa que tienes que gritarles para que vengan? Si esta es su única oportunidad para comer y no vas a servirles a pedido, ellos vendrán.

¿Estás constantemente parándote y sentándote? Pon toda la comida en la mesa y eso es todo. Como me gusta decirle a mi familia, “Esto no es un restaurante”. Si a un niño en verdad no le gusta la cena, hay una opción y solamente una opción: cereal con leche. Y así como esto no es un restaurante, yo no soy una cocinera rápida y tampoco debieras serlo tú. Tus hijos son sin duda suficientemente grandes como para ayudar a poner y a limpiar la mesa. Puedes sacarte eso de la cabeza y es buena educación para ellos también.

Con la estructura apropiada te darás cuenta no solamente de que puedes obtener todos los beneficios de que todos coman juntos, sino que al final, ¡es en realidad más fácil!

- Emuna.

Querida Emuna,

¿Cómo podemos enseñarles a los niños a ser agradecidos por lo que otros hacen por ellos? ¿Cómo los transformamos de receptores en dadores?

- Otra Madre Agotada.

Querida Madre Agotada,

Haces una pregunta que pienso que todo padre pregunta - ¡y nunca deja de preguntar! La Torá está llena de lecciones sobre gratitud – desde la historia de Caín y Abel que destaca la falta de apreciación de Caín a la constante construcción de altares para agradecer a Dios y la incapacidad de Moisés de pegarle al rio Nilo porque lo escondió cuando era niño.

Si la gratitud fuese fácil, no necesitaríamos que nos la enseñaran una y otra, y otra vez. Además de eso, particularmente en relación a los padres, la relación es tan dispareja. Los padres hacen mucho, ellos aman tanto; el nivel de dependencia y la “deuda” amenazan con abrumar al niño y ellos podrían alejarse.

Sin duda es mejor no esperar o demandar gratitud sino, como con todo lo demás, modelarlo en todas las ocasiones. ¿No quieres que sean receptores? No dejes que te escuchen discutir cuantas veces tuviste a los Steinberg en tu casa para cenar y como ellos no te han invitado ni una sola vez. O quejándote con resentimiento sobre los mendigos pidiendo tzedaká. O comparando el tamaño del regalo que recibiste con el tamaño del regalo que diste. O (mi debilidad personal) ¡hablando sobre cuantas veces tú condujiste las rondas de auto en comparación con otros padres!

Déjalos verte expresando gratitud – a tus padres por todo lo que te han dado, a tus amigos por invitarte a sus casas o por ayudarte o simplemente por ser tus amigos, al cartero por traer el correo, al mesero por traer la comida, al niño que tiene la tarea de limpiar la mesa. Mientras mas demostramos nuestra apreciación por lo que recibimos de otros, más nuestros hijos aprenderán gratitud. Y por supuesto, mientras más expresamos una sensación de derecho, y resentimiento cuando no se cumplen nuestras expectativas, más ellos aprenderán eso también.

Además, debemos dar sin quejas. Debemos mostrar alegría y placer en dar. Si nuestros hijos ven el dar como una experiencia positiva, ellos querrán ser parte de ello. Si lo ven como una experiencia incómoda, demandante y agotadora, ellos se alejarán. Depende de nosotros.

Finalmente, pienso que todo aquel que adopta la idea de dar testificará que finalmente resulta ser un acto muy egoísta - ¡en realidad recibes más de lo que das! Si abres tu casa y tu corazón a otros, no solamente tus hijos no sufrirán, sino que experimentarán un mundo expandido de preocupación. La alabanza, la atención y la gratitud (!) que reciben de los receptores de la bondad de su familia es quizás la mayor lección de todas.

- Emuna