Querida Emuna,

Tengo 21 años y aún no puedo perdonar a quienes me intimidaron en la escuela – quienes de paso, además, fueron mis cinco mejores amigas. Ellas aún me culpan por haber recurrido a un adulto cuando una amiga en común se convirtió en alcohólica y drogadicta cuando teníamos 14 años. Las cosas solamente empeoraron cuando la arrestaron y luego intentó suicidarse. Después de que se retiró de nuestra escuela y cortó todo contacto con nosotras, estas cinco chicas – mis únicas amigas durante años en nuestra pequeña y cerrada comunidad – me reprendieron, hablaron a mis espaldas y en mi cara, y me humillaron y despreciaron públicamente en frente de toda la escuela. Más aún, me enteré que estas mismas ex amigas habían estado molestándome desde hacía años.

Durante los cuatro años siguientes, estuve completamente sola.

Desde entonces, todas hemos crecido y avanzado; todas estamos casadas, en la universidad, y viviendo en varios lugares de Estados Unidos e Israel. He trabajado en mí misma durante siete años, ahora último con la ayuda de mi amable y compasivo esposo, mejorando lentamente mi observancia de las mitzvot interpersonales – incluyendo el perdón. Por esta razón, incluso he mantenido un ligero contacto con cada una de estas ex amigas (quienes en realidad se sintieron insultadas de que yo cortara contacto con ellas). En el pasado confronté a cada una de ellas por su conducta, y ninguna de ellas se hizo responsable por el increíble daño que le causaron a mi autoestima. Dos de ellas incluso insisten en que me lo merecía.

Mientras tanto, han esperado que yo me presente a sus simjes (ocasiones festivas); he visto bodas en las que todas hicieron turnos para ser damas de honor; y aún soy amiga de ellas en Facebook (no tengo idea porqué).

Cada Iom Kipur intento encontrar espacio en mi corazón para perdonarlas. Cada año, pero simplemente no puedo. Ellas son personas maravillosas… para todos los demás. Las odio sinceramente, y me odio a mí misma por eso y por desear revancha.

No quiero odiarlas más – especialmente después de todo lo que he pasado. ¿Qué puedo hacer? ¿Debiera enfrentarlas acerca de esto o simplemente sacarlas de mi vida?

Gracias.

-- Demasiado amarga para tener 21.

Querida Llena de Amargura,

Sé cuán difícil es dejar pasar este tipo de dolor personal. Reconozco el impulso por hacer lo mismo, buscar revancha, y elogio tu deseo de dejar atrás este estado incómodo y destructivo. Quiero sugerirte dos ideas que podrían ayudarte a “dejarlo ir”. Una es más filosófica, la otra es más práctica.

Aunque es incómodo de escuchar y de reconocer, no podemos ignorar el hecho de que todo lo que nos ocurre proviene directamente de Dios. Mientras que eso no excusa la crueldad de tus amigas, y mientras que ellas tendrán que hacer su propia justificación por su conducta, si sugiere que, por alguna, quizás incomprensible razón, tu tenías que vivir esta experiencia. Dios sabía que tú podrías aprender y crecer a partir de ella. Así, en vez de culpar a tus antiguas amigas y albergar pensamientos negativos de revancha, es más apropiado dedicar tus energías a la introspección y al auto-crecimiento.

La respuesta más práctica es que no es bueno aferrarte a la amargura. Te estás haciendo daño a ti, no a ellas, y les estás dando poder continuo sobre ti. La única manera de romper su agarre en tu psique es perdonar. Esto es necesario para que puedas avanzar y tener una vida más sana. Tú estás perdonando la mala y desconsiderada conducta en primera instancia como una bondad hacia ti misma, no por el beneficio de ellas, aunque finalmente la meta es ciertamente un amor mayor por los demás judíos.

Intenta un ejercicio estilo meditación: respira profundo y suelta. Imagínate soltando el dolor, el rencor, la amargura. Concéntrate en cuánto te gustaría ser perdonada por los errores tontos que cometiste en el pasado. Recuerda que Dios nos trata de la misma forma en que tratamos a los demás. La vida es demasiado preciada para permitir que nuestros días estén innecesariamente nublados con dolor. Concéntrate en lo bueno que tienes y en cuán irrelevantes son ahora esas dolorosas incidencias.

Como dije, esto es lo mejor para ti. Serás una persona más liviana, más feliz cuando dejes de aferrarte al dolor. El perdón es la opción de no darle más poder a la fuente de tu dolor, no perder más energía en eso, tomar control de tu propia vida. El perdón requiere que dejes de culpar y que reconozcas que tú eres la única responsable por tus sentimientos (¡esta es una lección que muchas personas necesitan aprender!). Finalmente, pídele a Dios que te de la fuerza que necesitas para perdonar realmente y continuar con tu vida.

- Emuna

Querida Emuna,

Otra pregunta de madre. Tengo problemas para conseguir que mi hijo de 13 años se siente a la mesa. Él se sienta normalmente en Shabat para las bendiciones, pero luego él quiere irse al salón o leer en su habitación. Hemos intentado de todo, pero ha sido en vano.

¡Quedándome sin ideas!

Querida Sin Ideas,

Puedo en realidad escuchar a todos los otros padres en desacuerdo conmigo pero no creo en intentar obligar a los adolescentes a participar en experiencias familiares. Pienso que es bueno que él aun quiera tu bendición y ciertamente, si quiere comer, tiene que hacerlo en la mesa (¡tú no conduces un servicio de comida para llevar!). Pero de otra manera, yo no insistiría mucho. He descubierto algunas cosas durante los largos y dolorosos días de educar adolescentes (yo pensé que se habían terminado; ¡No entiendo cómo terminé con otros cuatro adolescentes en mi casa!). Una es que mientras más presionas a un adolescente, más presionan ellos de vuelta – y se alejan. No es una batalla que puedes ganar. Por otro lado, si no le das demasiada importancia, él probablemente volverá solo a la mesa. Incluso si no regresa inmediatamente a participar en la vida familiar, cuando se levante la nube de la adolescencia, lo hará. Mientras mantengas el ambiente del hogar calido, amoroso y sin juzgar. Por supuesto que toda esta paciencia y compostura es más fácil decirla que hacerla. Pídele a Dios por Su ayuda.

-- Emuna

Querida Emuna,

Mi hija de seis años es la cuarta hija en una familia con cuatro hermanos. Desde que era una niña pequeña era obstinada y terca, mucho más que un niño normal. Las cosas se están poniendo progresivamente peor. Me resulta muy difícil lidiar con ella cuando se pone obstinada. Ella sin rodeos rechaza peticiones como venir a darse un baño. Ella me grita "no" cuando le digo qué hacer. En la mañana ella puede llegar a correr gritando, sin vestirse, cuando todos estamos presionados por el tiempo para llegar a la escuela.

Ella ha alejado a algunas buenas amigas por su conducta mandona y otras madres se niegan a recibirla para jugar en sus casas por sus comentarios ofensivos o por decidir irse y caminar a casa en la mitad de estar jugando en el parque.

Desgraciadamente he tenido que recurrir ocasionalmente a darle una bofetada solamente para lograr calmarla y hacer lo que hay que hacer. Y aunque estoy en contra de cualquier tipo de teoría de golpe, siento que mi paciencia se ha agotado y estoy exasperada. A veces siento que ella es tan sólo una niña salvaje. No quiero sentirme de estar forma hacia ella porque la quiero mucho.

Por supuesto que ella es dulce y amorosa, da abrazos y besos y puede jugar lindo. Le está yendo bien en la escuela.

No quiero que esta actitud negativa mía sea una característica de su infancia; siento que solamente creará distancia entre nosotras a medida que ella crezca. Hemos hecho muchas tablas de estrellas y de recompensas por buena conducta, pero ellas no pueden cubrir cada eventualidad y ella normalmente hace lo que tiene que hacer para conseguir su estrella y luego hace otra cosa terrible que no estaba incluida en la tabla de estrellas. Algunos me han aconsejado que se le pasará cuando crezca, pero estoy preocupada de que su conducta solamente se arraigará más a medida que pasen los años.

-- Buscando consejo y fuerza.

Querida Buscadora de Consejo y Fuerza,

Lo primero que creo que tienes que hacer es relajarte. Todos tenemos luchas con nuestros hijos – algunos más que otros – y rara vez tienen consecuencias duraderas.

Tú dices que ocasionalmente abofeteas a tu hija. Aunque ciertamente no defiendo esto como una técnica de educación saludable, tienes que ser menos dura contigo. Todos cometen errores en educación, y esto, casi nunca causa daño permanente. Te recomiendo mucho que leas el libro de Sarah Shapiro, Living with My Children (en inglés), una descripción honesta de sus propias luchas.

Es también cierto que los niños pasan por fases. Si lees los libros sobre el desarrollo de los niños publicados por el Instituto Gessel en Harvard, encontrarás que ellos sugieren que la mayoría de los niños experimentan fases de unos 6 meses de duración de equilibrio (en donde son nuestros pequeños angelitos) y desequilibrio (donde son nuestros pequeños terrores). Ayuda reconocer este importante y normal proceso de desarrollo.

Me alienta el hecho de que a tu hija le esté yendo bien en la escuela. Eso sugiere que no es una profunda disfunción de personalidad. Yo comenzaría buscando formas de pasar tiempo con ella y darle atención positiva. Esperemos que mientras puedas crear más de esas oportunidades, menos ella sienta la necesidad de hacer problemas. Pero no es una garantía.

Tu mejor herramienta es el rezo. Vierte tus esperanzas y sueños al Creador. Yo sé que caerán en un corazón receptivo.

Una advertencia al consejo anterior: pienso que es crucial tener una política de tolerancia cero hacia la jutzpá (falta de respeto). Mientras más joven empieces, mejor. Si ella te grita o es grosera contigo en cualquier otra forma, yo sería muy clara de que, "Así no se le habla a mami" y darle un tiempo fuera (o cualquiera sea la consecuencia en tu casa). Debes ser consistente con esto – incluso en público. No hay NINGUNA edad en la que la jutzpá sea tierna y si la ignoras cuando tus hijos son pequeños, será una pesadilla, Dios no lo quiera, cuando sean mayores.

-- Emuna