Querida Emuna:

A veces pienso que mi esposo quiere a nuestros hijos más de lo que me quiere a mí. Cuando estamos todos juntos, a él le interesa más hablar con ellos y a menudo me siento como la tercera, cuarta o quinta rueda (tenemos tres hijos que ya son adultos jóvenes). Obviamente yo amo mucho a nuestros hijos, pero me siento un poco resentida y excluida. ¿Qué debo hacer?

Solitaria


Querida Solitaria:

A primera vista, este parece ser un problema que puede resolverse bastante fácil. Espero que así sea. En primer lugar, tienes que recordar que tus hijos son la creación y el reflejo de ustedes dos, y que al hablar con ellos y apreciarlos, tu esposo también te aprecia a ti. Él puede sentir que se conecta contigo al comunicarse con ellos.

Esto puede ser un poco abstracto e insatisfactorio, pero creo que probablemente sea la verdad y es un buen lugar para comenzar, porque te permite juzgar más favorablemente a tu esposo y a la situación en general.

Mencionas que tus hijos ya son adultos jóvenes. De esa información entiendo (quizás erróneamente) que ellos ya no viven en casa y que las oportunidades de interactuar con ellos no son tan frecuentes como solían ser. De hecho, incluso si siguen viviendo en casa, las oportunidades de interacción se vuelven más limitadas. Siguiendo esta línea de razonamiento, también entre ustedes dos hay muchas oportunidades de interacción porque tienen mucho tiempo privado. Por lo tanto, es posible que tu esposo sienta que puede hablar contigo en cualquier momento, pero no con ellos.

Esta es una posición razonable que debería ayudar a que entiendas lo que ocurre. No justifica que sea rudo ni que te ignore, pero prepara el camino para una conversación razonable sobre el tema.

Lo que me lleva a tu comunicación con tu esposo. Especialmente si ya viven los dos solos, sin los niños (¿estoy suponiendo demasiado?), el tema más importante es asegurar que entre ustedes haya una comunicación sana y abierta y que su relación florezca bajo estas circunstancias.

Necesitas encontrar la forma de decirle a tu esposo que hiere tus sentimientos, quizás (y probablemente) sin intención, y que tu apreciarías su atención y consideración continua, incluso cuando están con sus hijos (también si los encuentros generales no ocurren tan a menudo como les gustaría). No te quejes, no recrimines, no seas desagradable, no acuses. Sólo describe la situación y dale la oportunidad de actuar. Lo más probable es que él no tenga conciencia de la situación y que se sienta mal al descubrir que hirió tus sentimientos.

A partir de esta situación, ambos pueden aprender, crecer y establecer el patrón para el futuro al continuar navegando su "nido vacío". Pídele a Dios que te de sabiduría, fuerza y paciencia para que estos años de tu matrimonio sean tan satisfactorios como los previos (o todavía más).