Querida Emuna:

Antes que anda quiero decirte que gracias a Dios tengo un buen matrimonio. Yo valoro y admiro a mi esposo y él siento lo mismo por mí. Tenemos cinco hijos adorables (no perfectos, ¡pero nadie lo es!). Tres ya no viven en la casa. Tenemos 55 años de juventud y anticipamos por delante muchos más años de trabajo productivo. Disfrutamos pasar tiempo juntos, pero también valoramos nuestro tiempo por separado. Yo necesito cierta privacidad en el hogar y él necesita su espacio afuera de la casa. Siempre bromeamos sobre los desafíos que enfrentaremos cuando nos jubilemos, cómo él va a estar todo el tiempo dando vueltas a mi alrededor, demandando constantemente mi atención. Básicamente nos comprometimos a que nunca nos jubilaremos.

Pero entonces llegó el COVID-19, y aunque mi esposo no se jubiló, estamos experimentando un poco esa experiencia. Estamos todo el día juntos en la casa. Los dos seguimos trabajando, pero todo el tiempo él da vueltas a mi alrededor, demanda mi atención (casi) constante, invade mi espacio y mi privacidad. Me siento un poco sofocada. Como dije, tengo un buen matrimonio y no quiero dañarlo, pero estoy empezando a sentirme un poco frustrada y resentida. ¡Necesito ayuda!

Firma: "Demasiado joven para jubilarme"


Querida "Demasiado joven":

Te entiendo muy bien. Con mis amigas compartimos la misma broma. Yo creo que, en general, los matrimonios son más vibrantes y sanos cuando la pareja pasa tiempo separada (no me refiero a largos viajes), cuando cada miembro de la pareja tiene intereses y experiencias separado del otro y luego pueden llevar eso a su relación. Si alguien no va a ninguna parte, no hace nada o no ve a nadie, la relación puede comenzar a deteriorarse.

Este es uno de los grandes desafíos de nuestra situación actual. Si no podemos ver a nadie más, si no podemos ir a ninguna parte, si no podemos hacer nada, ¿cómo podemos no sólo evitar sentir resentimiento sino mantener viva la relación?

Como en todo lo relativo a las relaciones, no hay una respuesta mágica. Sin lugar a dudas es una época muy difícil. Comencemos por hacernos un descuento a nosotros mismos y a nuestra pareja. Estas son circunstancias totalmente inesperadas y nos arrojaron a ella sin ninguna preparación ni entrenamiento. Estamos operando por completo fuera de nuestra zona de confort y de todo lo que conocíamos.

En un nivel emocional, pienso que es bueno cambiar el encuadre de la situación: disfruta que tu esposo pasa tiempo contigo en vez de sentir resentimiento. No todos los esposos lo hacen y deberías sentirte agradecida, detenerte y decir una pequeña plegaria de agradecimiento a Dios.

Hablando en forma práctica, necesitas establecer ciertos límites, tal vez un cronograma. En vez de estar constantemente disponible, determinen momentos en los que ambos estarán trabajando y momentos en los que pueden "jugar". Esto aliviará la tensión y creo que será un alivio para ambos.

Encuentren algunas actividades que puedan hacer juntos, incluso es posible que sean cosas que los hagan salir de la casa (con mi esposo estuvimos explorando pequeños pueblos históricos en Nueva Jersey. Simplemente viajar hasta allí y caminar un poco. No hace falta dinero, tener contacto con otras personas y ni siquiera que el clima sea agradable).

Además, ante la falta de estímulos fuera de la casa, tienen que crear estímulos internos. Encuentren libros y artículos para leer en los que puedan compartir ideas y descubrir cosas nuevas. Estudien juntos Torá, crecerán como personas y como pareja.

Sí, es una época difícil, pero también hay oportunidades. Una de las quejas más comunes en los matrimonios es que las parejas no pasan suficiente tiempo juntas. De una forma completamente inesperada, Dios respondió a esa plegaria. Aprovéchala.