Querida Emuna:

Tengo cuatro hijos: dos adolescentes, uno de 4 años y otro de 2. Obviamente los amo a todos con locura, pero hay varios desafíos asociados con el hecho de tener lo que casi parecen dos familias. Los adolescentes no sólo se sienten frustrados porque muchas de nuestras actividades de domingo y vacaciones están dirigidas a los niños más pequeños, sino que también estoy segura de que se dan cuenta que los niños pequeños siempre reciben más atención de los parientes y amigos que vienen de visita. ¡Ambos están en una etapa particularmente adorable! No quiero que los mayores se sientan dejados de lado, pero también necesito cuidar a los más pequeños. No estoy segura cómo manejar esto. ¿Tienes algún consejo?

Madre de cuatro


Querida Madre de cuatro (¡o cualquier otro número!):

Tienes un desafío singular, y no hay una forma sencilla de resolverlo. Como mencionas, incluso si planificaras aventuras más “adultas” para los adolescentes, ¿qué harías con los pequeños? No pueden ir a andar en moto acuática, sentarse tranquilos durante una película ni andar en bicicleta por el borde de la playa… Entiendo el dilema.

Aunque de vez en cuando puede ser apropiado conseguir una niñera y salir sólo con los mayores, esa no es una solución regular. Realmente no puedes hacer nada respecto a que, enfrentémoslo, los niños pequeños son más adorables que los adolescentes. Entonces, ¿qué puede hacer una madre cariñosa (y divida)?

Lo que siempre hacemos: lo mejor que está a nuestro alcance. Ya has recorrido casi todo el camino porque tienes consciencia del desafío. Entiendes que tienes que hacer algo con esta situación. A veces, para algunos niños, eso puede ser suficiente. Ellos pueden sentirse satisfechos con tu comprensión, tu apreciación, tu reconocimiento de su situación, incluso si no puedes proveer exactamente lo que ellos desean. Si bien es cierto que los días están realmente ocupados cuidando a los niños pequeños, quizás puedes pasar más tiempo con los mayores por la noche. Aunque los adolescentes carecen de la gracia y la ternura de sus hermanos menores, ellos tienen algo diferente: la habilidad de mantener conversaciones inteligentes y significativas. Eso es algo importante que debemos aprovechar. Con ellos puedes jugar juegos más sofisticados, puedes abordar temas más profundos y puedes profundizar tu conexión a través de esas conversaciones.

Pienso que sería bueno encontrar formas de pasar tiempo a solas con ellos y es importante buscar oportunidades para elogiarlos por sus contribuciones a la familia y a la conversación, reconocer sus talentos y habilidades únicos. Pero, en definitiva, también creo que es importante reconocer que esta familia, con su configuración particular, es la familia que Dios les dio. Esta es la situación y la dinámica que Él le dio a estos niños en particular. Por lo tanto, debe ser la mejor forma para que crezcan y se acerquen a Él.

En vez de sentirnos mal por nuestros hijos, tenemos que reconocer que esta circunstancia fue hecha a su medida, para permitirles desarrollar su potencial espiritual y conectarse con su Creador. Ni tú ni ellos necesitan lamentarse por las circunstancias de sus vidas. Todos deben estar agradecidos por ellas.