A lo largo de los años mi automóvil ha servido a varios propósitos. Ha sido una oficina, una cabina telefónica, un comedor y un salón de maquillaje y peinado. Incluso he sido conocida (embarazosamente) por pintarme las uñas en los semáforos. La semana pasada recibí una llamada de alerta que cambió todo esto – espero que para siempre.

Durante la semana más ocupada e intensa de mi año decidí detenerme en un supermercado para comprar algo de beber. Mientras me acercaba al mostrador a pagar, escuché un escándalo afuera y gente gritando, “¡¿De quién es ese automóvil?!”.

Salí corriendo y una amiga que estaba en el estacionamiento (¿casualmente?) me indicó que mirara hacia el otro lado de la calle. Allí estaba mi 4x4, en la esquina de enfrente en una intersección muy concurrida, con una parte del auto sobresaliendo en un ángulo raro y la otra parte del auto incrustada en una pared de ladrillo.

Con mi apuro para regresar a la oficina, en mi estado frenético y preocupado, no había puesto el freno. Como mi automóvil no era automático, rodó hasta el fondo del estacionamiento, saltó la mini barrera, se precipitó a través de ambas calles de la intersección y chocó contra la pared que actúa como un dispositivo de retención para el estacionamiento de un centro comercial en la esquina de enfrente.

Estuve allí temblando, mirando mi auto y no creyendo que éste voló por sus propios medios sobre una intersección enorme en medio de una hora punta. Mi amiga tomó mis llaves y fue a recuperar el auto, ya que yo estaba en estado de conmoción y era incapaz de moverme.

Al principio todos alrededor mío parecían muy enojados, pero una vez que asumí la responsabilidad, sus actitudes cambiaron. Cada uno comenzó a llamarme, relatándome cuán cerca estuvo de los peatones o de sus autos, y cuán afortunada y bendita era yo. Una mujer dijo que cuando ella vio que no había nadie manejando el auto, ella tocó la bocina de su auto para que la gente prestara atención. Un hombre mayor que estaba de pie delante de la pared saltó lejos justo cuando el auto chocó. Otro me dijo que pasó a menos de 30 centímetros de su auto.

¡Es un absoluto milagro que mi auto no causara un accidente, golpeara a cualquier auto, o, gracias a Dios, a cualquier peatón! Si el coche no hubiera girado un poco y en cambio hubiese seguido derecho, se habría estrellado contra la reja de un parque donde muchos niños jugaban. Y si aquella pared no hubiese estado allí, se habría estrellado directamente en una de las tiendas del centro comercial. Las terribles posibilidades son casi interminables y totalmente desconcertantes.

Volví a entrar al supermercado para pagar la bebida que ya había empezado a beber. El gerente me miró y me dijo, "¡Señora, no sé quién es su Dios, pero mejor que usted se vaya a su casa y le agradezca a Él!".

Tres días antes de que esto pasara, el rabino de mi sinagoga habló durante 20 minutos sobre nuestra carencia de conciencia de seguridad al conducir y al caminar. Él habló del hecho que hacemos demasiadas cosas mientras manejamos, y no prestamos atención a otros autos. La principal causa de muerte en los jóvenes entre 15 y 24 años es: Accidentes de tránsito. Y ese es el caso en todo el mundo.

Cuando él habló yo sabía que yo era una de las culpables, haciendo numerosos juegos de malabares mientras manejo mi auto, (siendo tan eficiente). Mi auto es un medio conveniente de transporte, pero también es una responsabilidad enorme. Nadie es un conductor suficientemente bueno como para estar tan ocupado mientras conduce, y sin embargo siempre he sido tan confiada. Estoy agradecida de que mi llamada de alerta me salió tan barata. Pagar el aumento del deducible de mi seguro será fácil en comparación a lo que podría haber sucedido.