Escuchamos tanto sobre diversas adicciones -alcohol, drogas, apuestas, cigarrillo, sexo, comida, gastos, compras, internet- que la palabra “adicción” casi ha perdido su significado. ¿Acaso somos todos adictos?

La definición es simple. La distinción más grande entre el hombre y los animales no es que el hombre es más inteligente, sino que los animales son criaturas que no deciden su comportamiento. Ellos deben hacer lo que sea que sus cuerpos demanden. No pueden elegir lo que deberían hacer. El hombre tiene la habilidad de controlarse a sí mismo, de elegir su comportamiento, incluso en detrimento de sus necesidades físicas.

Perder la habilidad de elegir es perder la singularidad de ser un ser humano.

Si una persona pierde su habilidad de elegir y es dominada por necesidades que no puede controlar, entonces, es una persona adicta (una excepción a esto es el desorden obsesivo compulsivo, en donde la pérdida de control parece ser un desorden psiquiátrico). Perder la habilidad de elegir es perder la singularidad de ser un ser humano. Nos enorgullecemos por la libertad y vemos a la esclavitud como un mal porque deshumaniza a una persona. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando renunciamos a nuestra habilidad para elegir.

La adicción comienza siempre a escondidas. Nadie decide: “Voy a convertirme en un alcohólico”, o “Voy a convertirme en un apostador compulsivo”. Por razones que aún son desconocidas, algunas personas tienen una vulnerabilidad más alta que otras a la adicción. Algunas acciones aparentemente activan un “centro de placer” en el cerebro, que luego demanda la repetición de la acción. La persona que es vulnerable a la adicción puede que no reconozca lo que está ocurriendo, y esta negación persiste incluso cuando otras personas se lo señalan.

Debido a la incapacidad del adicto de reconocer el problema, es imperativo que aquellos que son cercanos a él –cónyuge, padres, hijos, hermanos— busquen la ayuda de un terapeuta competente para saber qué pasos puede seguir la familia para que el adicto acepte ayuda. La promesa sincera del adicto de abstenerse no puede ser creída. Sin la ayuda apropiada, el curso de una adicción es invariablemente progresivo, con resultados catastróficos para él mismo y para la familia.

Los adictos pueden tener problemas sicológicos, pero estos no pueden ser identificados efectivamente mientras la adicción es activa. El control de la adicción es raramente logrado exclusivamente a través de la psicoterapia. La participación en un grupo de apoyo compuesto por gente que ha superado exitosamente su adicción, como los “grupos de 12 pasos”, es vital. La psicoterapia es solamente un complemento valioso.

Prevención

En lo que respecta a adicciones, una pizca de prevención vale muchas toneladas de cura. ¿Qué puede hacerse para prevenir una adicción? En especial, ¿Qué podemos hacer para proteger a nuestros niños de caer en esta trampa mortal?

Sin importar de qué adicción se trate, el adicto está buscando algo que pueda proveer dos cosas: placer, y rápido. Si tuvieras una droga que da la más alta embriaguez pero que el efecto no ocurre sino hasta que han transcurrido 72 horas, ni siquiera podrías regalar la droga. El adicto busca un efecto inmediato.

Analicemos ahora cómo es la cultura moderna. Cuando yo era un niño en la década del 30, se pasaban muchas penurias. Antes de los antibióticos, la expectativa de vida era de 40 años, ¡ahora es 80! La comunicación era difícil. Tres días en tren para ir de Nueva York a Los Ángeles, hoy se hace en cinco horas. Cuatro semanas para llegar a Israel, hoy son 10 horas. El trabajo era físico y muchos lugares de trabajo eran miserables. Los lugares de trabajo de hoy en día, en comparación, son como un SPA. Cuando el calor era intenso, uno transpiraba, pero hoy apretas un botón y la casa se enfría rápidamente.

La televisión nos dice ininterrumpidamente lo que debemos hacer para obtener más placer en la vida. Nos hemos convertido en una de las sociedades más hedonistas de la historia. Esto comenzó en la década del sesenta con el lema: “Si se siente bien, ¡entonces hazlo!”.

El mundo judío no se queda atrás. En Pesaj comíamos solamente papas. Hoy en día puedes tener cualquier manjar, ¡hasta pizza de Pesaj! Desafortunadamente, el lema en el mundo judío es: “Si se siente bien y es casher, ¡entonces hazlo!”.

La tecnología ha eliminado nuestra tolerancia por la demora. Los SMS, el viaje en jet, autos que van de 0 a 100 kph en 6,3 segundos. Nadie está dispuesto a esperar por nada.

La búsqueda del placer y de la gratificación instantánea –eso es lo que caracteriza al mundo adulto. ¿En dónde va a conseguir eso un niño de 14 años? ¡Con una droga, por supuesto! Y la presión social es muy intensa.

¿Qué podemos hacer para combatir estos valores? No hay ninguna razón para evitar disfrutar de las cosas, pero debemos demostrarles a nuestros niños que hay cosas más importantes en la vida que la búsqueda del placer. La observancia de la Torá debe ir más allá de mantener la cashrut. Si queremos darle a nuestros hijos este mensaje, debemos vivir una vida con los rasgos de personalidad que la Torá destaca. El control del enojo, la consideración y el respeto por los demás, la dedicación de parte de nuestro tiempo y energía a actos de bondad, y todos los demás rasgos deseables que aparecen en los trabajos de musar, de desarrollo personal.

Los padres deben aprender a relacionarse con sus hijos de manera que ellos deseen obedecerles por amor y respeto, y no por su control.

Debemos transformar nuestro hogar en un castillo de shalom bait, armonía doméstica verdadera. Muchos de los jovenzuelos que consumen drogas provienen de un hogar en donde los padres pelean constantemente, cada uno insistiendo en lo que él/ella quieren del matrimonio. Los padres deben aprender a relacionarse con sus hijos de manera que ellos quieran obedecerles por amor y respeto, no por control.

Todas las adicciones son ruinosas. Una persona con buena autoestima sentirá que “no quiero hacer nada que se inmiscuya con mi autoestima. No quiero tomar o consumir drogas porque soy demasiado bueno para eso”. Los padres deben desarrollar su propia autoestima y deben buscar maneras de ayudar a sus hijos a desarrollar la de ellos.

No puedes mantener a los niños lejos del alcohol o de las drogas inculcándoles miedo. Ellos deben no querer beber o consumir drogas.

Sí, la marihuana es una droga peligrosa, y su peligro es aún mayor, porque no tiene las consecuencias dramáticas de la heroína o de la cocaína, pero envenena lentamente el cerebro y deteriora el carácter.

Estimulación

Basados en la evidencia del “centro de placer” en el cerebro, la diferencia entre la adicción física y la sicológica no es tan clara. El alcohol, las drogas, la comida y las apuestas, todas estimulan el “centro de placer”, y el comportamiento se convierte en una adicción física.

Internet ha engendrado una nueva adicción. Mientras que no hay una demarcación precisa sobre cuántas horas por semana son consideradas un abuso, un enfoque práctico es que si por pasar demasiado tiempo en internet descuidas tu alimentación, sueño y relaciones familiares saludables, entonces tienes un problema. En los niños, el uso excesivo de juegos electrónicos puede impactar seriamente su desempeño escolar.

Una adicción particularmente tóxica es la pornografía en internet. Los hombres y las mujeres se pueden dar cuenta de que es algo nocivo, pero no se pueden resistir ante el deseo. Las esposas han perdido el respeto por sus maridos, quienes demuestran más pasión por las imágenes de internet que por ellas. Una queja común en las esposas es: “Me siento traicionada”.

Cualquiera que sea la adicción, es inevitablemente progresiva, y generalmente no puede ser superada solamente con la fuerza de voluntad. Uno debe buscar terapeutas competentes en el tratamiento de adicciones.