Estamos en guerra nuevamente. Me levanto en la mañana, recito "Modah Aní" agradeciéndole a Dios por un nuevo día de vida y me pregunto, ¿cuántos de nuestros soldados en Gaza no habrán recibido este mismo regalo esta mañana? ¿Habrá funerales el día de hoy? ¿Cuántas familias destruidas? ¿Cuántas camas en los hospitales se llenarán con nuestros valientes luchadores?

Cada judío está en la brigada de los rezos.

Constantemente quiero ver las noticias, escuchar los puntos de vista, como si eso sirviera de algo. Pero restrinjo mi adicción a las noticias y en cambio, hago algo que en realidad sí sirve. Voy a rezar.

Así como cada brigada del ejercito desempeña una labor específica en el campo de batalla, así mismo, cuando Israel está en guerra, cada judío del mundo tiene una labor específica, cada judío está en la brigada de los rezos. De esta manera, me dirijo al Hotel (Muro de los Lamentos) y vuelco mi corazón a Dios con mis propias palabras, rezando para que cada soldado israelí esté a salvo y para que cada judío en el sur de Israel que está en el rango de alcance de los misiles de Hamás también esté a salvo. Ruego con lágrimas en los ojos que ninguno de ellos muera o sea lastimado gravemente. Recuerdo el funeral de Dvir Emmanueloff de 22 años el domingo pasado en la noche y concluyo que es mejor llorar antes de los hechos, en el Muro de los Lamentos, que llorar después de los hechos, en los funerales de los soldados.

Creando Unidad

Llego a casa y leo las noticias. Hoy no fue un buen día. Un tanque israelí disparó contra una casa en donde nuestros propios soldados estaban refugiados, matando a 3 e hiriendo a 24. Desearía que existiera una manera de envolver a todos nuestros soldados en un escudo protector, así como un casco o un chaleco antibalas, pero que no dejara ninguna parte del cuerpo vulnerable. En el fondo, yo sé que puedo hacer algo para crear un escudo. Las palabras negativas son el explosivo que nos fragmenta en un millón de facciones y grupos, el solvente ácido que disuelve la unidad del pueblo judío. Como judía creyente, sé que las causas espirituales producen efectos físicos. Sentada aquí, frente a mi computadora, leyendo acerca de los soldados muertos y heridos, ya tuve suficiente. He decidido dejar de emitir comentarios críticos y prejuiciosos acerca de otros judíos – mi pequeña contribución a la batalla.

He decidido dejar de emitir comentarios críticos y prejuiciosos acerca de otros judíos – mi pequeña contribución a la batalla.

Me obligo a mí misma a salir de las noticias para empezar a trabajar. Soy como el cartero en un día de tormenta; hago mi trabajo, pero no puedo ignorar la lluvia que me abate constantemente.

El teléfono suena. Es Yad Ezra V'Shulamit, una organización de caridad que provee alimento para los pobres. "Ayer mandamos 20 toneladas de comida a la gente en los refugios blindados en el sur del país", me dijo la empleada por teléfono, pidiendo una donación.

"¿La gente está todo el día en los refugios blindados?", pregunté.

"No", respondió ella, "pero tienen solamente entre 15 y 30 segundos para refugiarse desde que suena la alarma anti-ataque. Eso significa que no pueden salir de compras".

Mientras le doy la información de mi tarjeta de crédito, decido verificar si está diciendo la verdad. "¿Y , de dónde eres?", pregunté.

"Soy de Netivot", respondió ella, una ciudad que está bajo el ataque de Hamás. "Pero mis padres viven en Jerusalem, así que ahora me quedo con ellos hasta que termine la guerra".

"¿Aún hay gente en Netivot?, pregunté, recordando como el norte se vació durante la segunda Guerra del Líbano en el año 2006.

"Sí", me dijo tristemente, "mucha gente no tiene donde ir".

Entonces, le digo que puede dar mi nombre y mi número de teléfono a alguien de Netivot que quiera venir a Jerusalem hasta que termine la guerra. Es lo menos que podemos hacer.

Esa misma tarde llamé por teléfono a mi amiga Judy Gold, que vive en Beer Sheva, una ciudad de 250.000 habitantes que ahora se encuentra dentro del rango de ataque de Hamás. Me sorprendí cuando respondió el teléfono de su casa. "¿No estás en un refugio blindado?", pregunté yo.

Ella me explicó que su casa de dos pisos tiene una pequeña habitación fortificada. Cuando la sirena suena, ella y sus hijos se refugian ahí. Sin embargo, el día después que comenzaron los ataques en Beer Sheva, tuvo que ir al centro de inmigrantes etíopes donde trabaja como asistente social. El centro no tiene ningún refugio blindado y por lo tanto está clausurado temporalmente, pero Judy necesitaba unos papeles que había dejado en su escritorio. Unos minutos después de salir de su casa, comenzó a sonar la sirena. Todo el mundo recibió instrucciones de detener los vehículos en caso de ataque y buscar refugio. Judy salió corriendo de su vehículo y corrió hasta una tienda comercial. Apenas alcanzó a entrar cuando escuchó el sonido de los misiles cayendo. "Fue bastante aterrador", dijo ella.

Visitando a los Soldados Heridos

Mi amiga Ruth me llamó para informarme que cinco soldados heridos habían sido transferidos al hospital Hadasah en Jerusalem. Ella preparo mandelbrot (galletas de almendra) y sándwiches de atún y fuimos a visitarlos.

En el estacionamiento del hospital nos encontramos con un grupo de paracaidistas que también traían alimentos y bebidas. Ellos habían venido a visitar a los heridos. Le pregunté al oficial del grupo, un hombre de aspecto cansado de unos 45 años, "¿Usted ha estado en Gaza?".

"Vengo de allá", me respondió él.

"Yo escribo para un sitio de Internet judío", le dije. "¿Cuál es su mensaje para los judíos del mundo?".

Él me miró fijo y me dijo deliberadamente: "Que recen por nosotros".

Nos dirigimos hacia la Unidad de Cuidados Intensivos en donde Gal Or (ben Aliza), de 26 años de edad, yace inconciente. En el pasillo nos encontramos con su esposa de hace tan sólo 10 meses. Ella sonríe alegremente. "Pobre, debe estar en shock", me susurra Ruth en el oído.

Le pregunto por el nombre de su marido en hebreo, prometiéndole publicarlo para que los judíos alrededor del mundo recen por él. "Ya tuvimos un milagro", dice su padre. "En las 24 horas que Gal Or ha estado aquí, su condición ha mejorado considerablemente. Ya no corre peligro vital. Está gravemente herido e inconciente, pero vivirá".

Después visitamos a los demás soldados. Natanel (ben Mazel Tov), con heridas leves, nos pidió transmitir el siguiente mensaje: "Gracias a todos por sus rezos. Todos los rezos sirven. Que Dios los bendiga". Luego nos pidió que rezáramos por su amigo Ben (ben Batya), que está en condición crítica después de haber perdido sus dos brazos y sus dos piernas.

Los soldados ciertamente valoran nuestros rezos.

Luego, al final de nuestro recorrido, encontramos una prueba viviente del poder de los rezos. Yaakov, un soldado de 20 años de edad que hizo Aliá desde Inglaterra yace en la cama. Él llegó a Israel hace 17 meses inspirado por el hecho de "vivir en el país de los judíos". Tan sólo dos meses después de su llegada, se unió al ejército para "proteger al pueblo judío".

Las esquirlas de la explosión atravesaron su garganta a sólo un centímetro de la arteria carótida.

La primera noche de la incursión terrestre en Gaza, durante un agresivo intercambio de fuego, un mortero explotó cerca de Yaakov lanzándolo por los aires. Él sintió líquido corriendo por su cuello. Había tantos soldados heridos que se acabaron las camillas de emergencia. Sin otra opción, cuatro soldados cargaron a Yaakov fuera del campo de batalla, lo llevaron hasta un tractor que lo sacó de Gaza y luego un helicóptero lo trasladó hasta el hospital. Los doctores estaban atónitos. Una esquirla de 3 centímetros de espesor había atravesado su garganta y había salido por el otro lado. La esquirla pasó a menos de un centímetro de la arteria carótida. También pasó muy cerca de su yugular y de su espina dorsal.

"Es un milagro que yo esté vivo", nos dijo Yaakov.

Observando la herida en su cuello le preguntamos, "¿A qué atribuyes este milagro?"

Muchas personas en Inglaterra que sabían que yo estaba en Gaza recitaron tehilim (salmos) por mí.

¡Una increíble victoria para la brigada de los rezos!