Nunca podrás abrazarlos lo suficiente, escucharlos lo suficiente, y estar con ellos lo suficiente. No puedes jugar con ellos suficientes juegos de salón o sentarte a comer con ellos suficientes veces, porque la vida no ofrece garantías. Tienes que disfrutarlos mientras los tienes, porque en algún momento puede llegar a ser muy tarde.

Nuestra hija, Sara, falleció muy inesperadamente por causas médicas desconocidas. Ella era una estudiante estrella, una ávida violista y una científica floreciente. Literalmente, la teníamos un día y murió al día siguiente, en minutos sin siquiera darnos cuenta que algo estaba muy mal. Los médicos no han determinado la causa de su choque séptico, y probablemente no lo hagan. Seis meses más tarde ellos concluyeron que debió haber sido un virus, porque no encontraron ninguna toxina bacteriana. Pero, de dónde vino y por qué le hizo esto a ella tan rápidamente, es un misterio.

Su muerte golpeó fuerte a nuestra comunidad porque Sara era "la chica de al lado". Su único comportamiento riesgoso involucraba serenidad y pasteles de queso. Sara ni siquiera había empezado a salir con chicos. Hablaba fuertemente contra las drogas, el alcohol y el tabaco. Manejaba a la velocidad permitida y utilizaba cinturón de seguridad. Si Sara hubiese sido una chica arriesgada, quizás la gente hubiera podido racionalizar su muerte, pero ella no lo era, por lo que ellos no lo pudieron hacer. En cambio, Sara tocaba música clásica con su viola en su habitación y estudiaba tan seriamente que logró estar entre el 6% superior de las 400 personas de su clase. Ella estuvo ayudando en la escuela dominical el día anterior a su muerte, y asistió a su clase del colegio religioso esa noche, con el mismo entusiasmo chispeante que tenía cada día de su vida. Al día siguiente, Sara fue "arrancada" de la vida sin ninguna explicación.

Una amiga mía de 20 y tantos, cuyos padres viven lejos de ella calladamente me confesó: "Cuando le hablo a mi padres ahora, no les cuelgo hasta que les he dicho que los amo". A causa de la muerte de Sara, familias que no tenían planes de vacaciones, han viajado juntas. A causa de la muerte de Sara, familias están cenando juntas y están haciendo esfuerzos en conjunto para reunirse en las festividades y celebraciones. A causa de la muerte de Sara, la gente está enfrentando la realidad y considerando el pequeño hecho de que no hay garantías. Porque si una adolescente sana, popular y entusiasta puede morir por una razón no entendible, deja esa posibilidad abierta para todos nosotros.

Desde la muere de Sara he tenido la esperanza de un diagnóstico que pudiera convertir en una causa. A pesar de que sabemos que un diagnóstico no traerá a Sara de regreso, yo me he atormentado por no tenerlo. Nunca pensé que envidiaría a la madre de una joven asesinada por un chofer borracho o a la madre cuya hija muere por una enfermedad que se puede prevenir. Pero de alguna extraña forma, lo he hecho. Le dije esto a una amiga nueva que hice después de la muerte de Sara. Su hija fue a la misma escuela que Sara y falleció unos días antes de una sobredosis de metadona. Siendo profesora en la escuela de nuestro distrito, esta madre ha llevado el problema de las adicciones y el abuso de drogas a los colegios, a las noticias y a la comunidad. La muerte de su hija pudo ser prevenida y ella está tratando de prevenir a otras madres de perder a sus hijos. Cómo la envidio por poder hacer una diferencia para otros, en nombre de su hija.

Quizás la causa que siga en nombre de Sara es recordarle a la gente que el mañana no es una promesa; necesitamos calmar nuestro ritmo de vida y cuidar nuestras relaciones hoy.

Un nuevo contacto por correo electrónico que hice, después de la muerte de Sara, perdió a su hijo de 6 años en un extraño accidente con la mesa del comedor del colegio. Él cambió la tragedia de su hijo por una iniciativa de seguridad para las escuelas de Ohio que está ahora ante el poder legislativo y es afectivamente conocida como la Ley de Jared. Los padres de Jared están haciendo una diferencia para todos los niños de las escuelas básicas de Ohio.

Pero nosotros no sabemos qué mató a Sara, por lo que la causa a seguir no es tan obvia. ¿O sí lo es? Todo cuanto sé es que cuando Sara murió ella sabía cuanto la amábamos y nosotros sabíamos cuanto nos amaba ella. Por ello estoy agradecida. En el mundo apresurado en que vivimos hoy, no estoy tan segura de que todas las familias se sienten tan confiadas. Quizás la causa que siga en nombre de Sara sea recordarle a la gente que el mañana no es una promesa; necesitamos calmar nuestro ritmo de vida y cuidar nuestras relaciones hoy.

El mañana no es una promesa, por lo que tenemos que tomarnos el tiempo para estar con la gente que amamos, compartir sus pasiones y animar sus esfuerzos. Debemos apreciar y amar a nuestros hijos hoy, en sus juegos y conciertos, y en la casa en la mesa de la cocina. ¿Y a nuestros hijos arriesgados? Ellos necesitan ese amor y atención mucho más porque ellos corren mucho peligro. A pesar de que piensan que son invencibles, ellos también pueden ser arrancados de la vida en cualquier momento. Como padres, no podemos olvidar eso.

No puedo si quiera expresar el vacío que tenemos en nuestras vidas sin Sara. A pesar de que tratamos de mantener una vida tan normal como sea posible, nuestras vidas tienen una nueva normalidad desde que Sara murió. Nuestra nueva normalidad no incluye las risitas y las peleas entre hermanas, o la carrera al baño en las mañanas. Nuestra nueva normalidad no incluye la energía chispeante que Sara agregaba a nuestras vidas. Nuestra nueva normalidad no incluye su inocente credulidad y el tradicional fin de semana de padre e hija. En cambio, tenemos una valoración de nuestra antigua normalidad que nunca reconocimos mientras la teníamos.

Un mes antes de que ella muriera, Sara y yo nos sentamos a la mesa a trabajar en nuestro puzzle. Mientras arreglábamos las piezas conversamos. Le dije que había algo muy equivocado en este cuadro. Ella tenía 16 años y se llevaba bien con su madre. Le dije, "Sara, se supone que las adolescentes no se llevan bien con sus madres, se supone que tu deberías odiarme".

Mientras ella se alejaba de la sala, me miró de soslayo con una pícara sonrisa y me respondió, "No te preocupes mami, me quedan 3 años más". Si sólo hubiésemos tenido esos tres años.

Así mientras desciframos nuestra nueva vida normal, abrasamos a nuestra otra hija, Ana, mucho más. Jugamos juntas, cantamos desafinado juntas y tratamos de estar ahí una para la otra. Porque todos sabemos muy bien que el mañana no es una promesa, que necesitamos valorar y nutrir las relaciones hoy.

Para mayor información sobre Sara, visite: www.sarahkrause.com

Este artículo apareció originalmente en The New Standard