Hace aproximadamente siete años yo estaba en el servicio matutino de Shabat en un templo donde después del servicio, tenían grupos de discusión acerca de varios temas. Elegí un grupo de discusión titulado, "Buscando Sentido en el Trabajo". Recuerdo que me senté en un círculo con aproximadamente una docena de hombres y mujeres de variadas edades y nos preguntaron a qué nos dedicábamos. La persona que comenzó era un hombre de aproximadamente ochenta años que declaró haber sido uno de los arquitectos de la "Bomba de Hidrógeno". Él dijo que tenía problemas para dormir hasta el día de hoy, sabiendo que en parte, él era responsable de haber creado un arma capaz de la destrucción apocalíptica. La única cosa que lo tranquilizaba era la idea de que tal vez, el hecho de haber creado tal arma, había sido un factor disuasivo para no utilizarla jamás.

Después – y prometo que esto es verdad – siguió un hombre de unos cincuenta años que trabajaba para un contratista de defensa que ayudó a desarrollar un sistema de misiles aereos para armas nucleares. Los dos señores tenían mucho de que hablar. Pesadillas y racionalizaciones acerca de cómo sus empleos finalmente condujeron a la paz. Nuestro pequeño círculo fue muy comprensivo con estos dos hombres, ofreciéndoles literal y figuradamente golpecitos en la espalda por haber compartido su dolor.

Entonces era mi turno. "Hola, mi nombre es Jeff Astrof y me dedico a escribir comedias de televisión".

Fui abucheado. ¡Increíble! ¡Había dos hombres que eran potencialmente responsables del Armagedón y a mí me abuchean por escribir comedias!

Yo no recuerdo cómo continuó el resto de la discusión; supongo que les dije que había encontrado algún sentido en mi trabajo haciendo reír a la gente, lo cual es absolutamente cierto. De hecho, un miembro de esa misma congregación una vez me dijo que un episodio de "Friends" que yo había escrito había hecho que una buena amiga de ella se riera mientras se sometía a quimioterapia. Yo supongo que el tipo que inventó la "Bomba de Hidrógeno" nunca consiguió esto.

Desde entonces, mi esposa y yo hemos tenido dos hijos sanos (gracias a Dios), nos hemos transformado en judíos observantes y estamos muy involucrados en nuestra comunidad Ortodoxa. Yo todavía soy escritor de comedias.

Ahora, hay muchas personas que encuentran que ser un judío observante es incompatible con escribir comedias. En primer lugar está el desafío que representa cuidar Shabat; muchas filmaciones se graban los viernes por la noche y hay un sentimiento fuerte de compañerismo que se rompe cuando le dices a tus colegas escritores judíos no-observantes, que tienes que marcharte a las tres de la tarde un viernes mientras que ellos se quedan hasta medianoche, o que necesitarás la mayor parte de septiembre y octubre libre para celebraciones de las cuales ellos nunca han escuchado. Todavía me es difícil pedir libre Shemini Atzeret. Pero, gracias a Dios otra vez, he sido bendecido con compañeros de trabajo que han estado de acuerdo con esto, sobre todo los no-judíos. Hay otros desafíos que incluyen estar constantemente en un ambiente que puede ser vulgar o chismoso. Intento no participar en eso (aunque hay algunas historias que...) ¡pero no!, simplemente me retiro.

Yo fui recientemente encarado en base a la aparente paradoja de ser un comerciante de entretenimiento secular mientras que me abstenía de comer taref. Fui entrevistado por una revista religiosa que escribía un artículo sobre una clase de Torá que otros "tipos de Hollywood" y yo tomábamos. Habían pasado 20 minutos cuándo el entrevistador dejó caer la pregunta del millón de dólares, "¿Cuándo piensa usted que su Yiddishkeit lo obligará a dejar de ser un escritor de comedias de televisión?

Quiero ser un ejemplo de cómo imbuir sentido en el trabajo.

Inmediatamente me sentí de vuelta en aquel círculo de personas que pensaron que mi trabajo era más destructivo que las armas nucleares. ¡Yo sólo escribo comedias, no vendo pornografía puerta a puerta!, pensé. Hice una pausa y luego contesté algo como, "¡Ni Dios lo quiera!, espero que nunca. Es mi trabajo. Y en vez de que mi trabajo me defina, yo definiré mi trabajo. Quiero ser un ejemplo de cómo imbuir sentido en el trabajo". En retrospectiva, quizás no utilicé la palabra "imbuir", pero si no lo hice, quisiera haberlo hecho.

Un rabino y amigo mío, el Rabino David Aaron, de Isralight, cuenta la historia de un guionista que, antes de sentarse a escribir un guión, le pide a Dios "que lo use" como un vehículo. Me inspiró tanto aquella historia que comencé a decir un rezo cada mañana antes de ir a trabajar: "Dios, por favor hazme gracioso hoy. Por favor hazme inteligente y creativo. Por favor hazme un buen líder y un buen seguidor. Y por favor hazme no hacer nada malo para el pueblo judío".

La mayor parte del tiempo funciona. En ese nivel, imbuyo mi trabajo con espiritualidad - allí, realmente imbuyo - y le doy sentido a una broma o a una historia atribuyéndola al Creador. Del mismo modo que pronuncio una bendición sobre mi desayuno, así mismo, añado un poquito de santidad a las palabras que millones de personas escucharán. Esto no quiere decir que cada broma que escribo es la mejor tentativa de humor para Dios; créanme, he lanzado algunas torpezas que definitivamente no vinieron desde Arriba. Pero por lo menos me ayuda a tener una cierta perspectiva con respecto a mi trabajo.

No pretendo que mi trabajo sea tan importante como un Rabino de la congregación, o un erudito en Torá, o alguien que dirige una instalación de tratamiento médico. De hecho, si usted le pidiera a una persona al azar en la calle hacer una lista de los 100 empleos más importantes en el mundo, que comiencen con la letra "e", escritor de comedia televisiva probablemente no estaría en el ranking. Pero es lo que sé hacer. Yo estaba recientemente en un seminario de padres de NCSY y uno de los Rabinos allí dijo, "Si usted quiere saber cuál es su objetivo en la vida, su objetivo es lo que usted hace bien".

Lo que yo hago bien es contar historias en 22 minutos. Puedo elegir incorporarle santidad a eso, o no. Yo elijo hacerlo. Porque cuando involucro a Dios, esto automáticamente hace que mi trabajo sea más importante. Comiendo casher, marchándome temprano el viernes y llevando una gorra de béisbol para cubrir mi cabeza cada día mientras escribo bromas tontas estoy haciendo el trabajo de Dios. Y nada es más significativo que eso.

(Quiero agradecer a Dios por haberme ayudado a escribir este artículo. Cualquier error tipográfico es mío).